Viernes, 20 de julio de 2018

Frases para una sabiduría

Desde los inicios de nuestra cultura, nos acompañan los libros, de tipo sentencioso y moral, que tratan de orientarnos en el arte, nada fácil, de conducirnos por la vida con mesura y con equilibrio, con honestidad, desde luego, también con prudencia y con discreción. Se trata de obras que tienen un carácter de moralidades y en las que, en algún caso, en el pasado, tampoco está ausente el componente religioso.

Desde las meditaciones del emperador romano Marco Aurelio, que tiene como precedentes a determinados moralistas griegos, hasta los aforismos y sentencias del último autor que las escribe, hay toda una larga trayectoria de obras que contienen frases para ese arte de la sabiduría del saber vivir, del saber conducirse en la vida.

Se trata de obras que son, utilizando símiles náuticos (ya que la vida es, entre otras cosas, una travesía por un mar proceloso, llena de dificultades, por las continuas tormentas y borrascas de todo tipo que hemos de sortear), verdaderos artes de marear, de saber interpretar esa cartografía del existir y de llegar a esa meta que en tantas ocasiones se nos escapa, por lo enigmática e incalculable que resulta. Pero el sentido de tal arte de marear acaso no sea tanto llegar hasta determinado fin, sino el de conducirse dentro de esa humanización equilibrada y sobria, que supone todo un arte de sabiduría.

De cuántos moralistas podríamos hablar; cuántos podríamos traer a colación. Un hermoso, y en el pasado influyente, tratado ascético para conducirse en la vida fue el de la ‘Imitación de Cristo’, de Tomás de Kempis, del que han circulado, también entre nosotros, ediciones my populares. Joseph Conrad hace este elogio de Kempis: “ascético autor, que tan hondamente conocía la vida”.

Pero de cuántos otros podríamos hablar: de los moralistas franceses clásicos, de nuestro Baltasar Gracián (otro moralista de envergadura)… hasta llegar, hoy, si queremos, a esos hermosos y sabios ‘Tratados de armonía’ de Antonio Colinas, por no indicar sino algunas direcciones.

Porque hay otros autores, y otros libros, sobre todo contemporáneos, que de lo que nos hablan es de lo desasosegante que es vivir, de la difícil tarea que resulta conducirse por la vida. Recordemos, en este sentido, a Fernando Pessoa y su decisivo ‘Libro del desasosiego’.

Estos pasados días de la Semana Santa, leía la ‘Crónica personal’, de Joseph Conrad y, al hilo de la lectura, me iban surgiendo frases de una sabiduría de vivir, que no tenía más remedio que irlas apuntando en esas libretas de notas y de apuntes que habitualmente utilizo, para fijar todo aquello que más me importa.

Acaso, no esté mal ir desgranando, como cierre de esta prosa, algunas de esas frases que iluminaban estos pasados días vacacionales de tanto ruido y tanto exceso, porque tales frases me llevaban a territorios de silencio, de meditación, de serenidad, que es donde nos lleva siempre la literatura, cuando es verdadera.

“Es preferible que la humanidad sea impresionable antes que reflexiva. Nada que sea verdaderamente grande en el sentido en que lo es lo humano … procede de la reflexión”.

“La mayor parte de las verdades que tienen vigencia en este mundo son humildes”.

“El mundo terrenal descansa sobre unas pocas ideas, por lo común muy sencillas; tan sencillas que han de ser tan antiguas como las colinas”.

Queden ahí. Callemos, leámoslas en silencio y reflexionemos. Carguemos pilas, para seguir viviendo.