Sábado, 26 de mayo de 2018

El Cristo de la Liberación traslada un respetuoso silencio a la noche

La lluvia llegó cuando desfilaban por la calle Cervantes, por lo que se decidió acortar el recorrido, para proteger la impresionante talla de Vicente Cid Pérez

Talla de realizada por Vicente Cid Pérez en 1988, que impresiona por su realismo, en la procesión de este Sábado Santo. Foto de Alberto Martín

La nueva rampa para salvar los escalones del Colegio Fonseca facilitó las maniobras de los 30 hermanos que, en unas simples parihuelas de madera, portaban a hombros al Santísimo Cristo de la Liberación.

Una preciosa talla de realizada por Vicente Cid Pérez en 1988, que impresiona por su realismo. De hecho, a su paso, se imponía un respetuoso silencio, propio del dolor por la reciente muerte del hijo de Dios.

Este año, el recorrido nocturno por el casco histórico de Salamanca fue especial para  la Hermandad del Cristo del Amor y de la Paz (Sección del Santísimo Cristo de la Liberación), que organiza esta procesión, puesto que la cofradía no pudo realizar su desfile del Jueves Santo por la lluvia.

Acompañados por tambores y un coro gregoriano, la comitiva tuvo que reducir el recorrido previsto, puesto que empezó a llover cuando iban por la calle Cervantes. Por eso, se decidió reducir el itinerario, regresando a Fonseca por las calles Libreros y Compañía.

El realismo de un cuerpo torturado

La imagen del Cristo fue realizada en 1988 por el imaginero cacereño residente en Salamanca Vicente Cid Pérez. Está realizada en una pasta de resina con alabastro policromada y presenta todo el realismo de un cuerpo humano recién torturado: agujeros de los clavos, pies y manos hinchados y heridas profundas en las rodillas.

Desfilaba por primera vez el Sábado Santo 25 de marzo de 1989. Esta imagen de Cristo Yacente presenta al Señor tumbado, con la cabeza inclinada hacia la derecha, con gesto moribundo y de extremo dolor y con la mano derecha abierta, en actitud de apertura y perdón a todos los hombres antes de su muerte.

Fotos de Alberto Martín