Martes, 24 de abril de 2018

Terrorismo, la tiranía continúa

           Francia ha rendido un homenaje al gendarme que se ofreció a cambiarse por los rehenes y fue asesinado en el último atentado del Estado Islámico, que costó la vida a otros tres ciudadanos en la localidad de Trèbes. Cataluña es escenario esporádicamente de acciones de guerrilla urbana. Estas situaciones, aparentemente distanciadas, tienen algo en común: las herramientas del terror. Por muy fuerte y sano que nazca y se desarrolle, cualquier organismo vivo experimenta a lo largo de su existencia alguna clase de mutación negativa, lo que en términos humanos conocemos como enfermedad y deterioro. Y lo mismo que nos ocurre a los individuos les ocurre a los entes colectivos grandes o pequeños. La sociedad occidental, que ha atravesado crisis leves y situaciones catastróficas desde siempre, se encuentra convaleciente desde hace décadas de un ciclo patológico que incluye el terrorismo, la subversión antisistema y la degradación de los valores. La corrupción que padecemos ahora mismo es uno de los síntomas más llamativos. El terrorismo armado del tiro en la nuca y la bomba, de la destrucción desde la ocultación y el anonimato, representó la culminación de las dos formas históricamente más dañinas de cobardía criminal (coacción violenta, privación de libertad, tortura y genocidio): la estalinista y la nazi. Parece que en Occidente esas tiranías se han superado, pero no es así. De hecho, nunca han desaparecido, sólo sufrieron derrotas que las obligaron a encogerse a la espera de rebrotar. Lo que ha cambiado ha sido la mano de obra: los actuales ejecutores del crimen –los antisistema y los yihadistas– son individuos separados en apariencia por un abismo cultural y político, pero si se profundiza en los motivos que airean para justificarse, comparten la raíz: destruir nuestro sistema de valores. Les diferencia el grado y la intensidad perniciosa de sus acciones, pero comparten el caldo de cultivo y el objetivo. Los individuos que queman mobiliario urbano, promueven algaradas destructivas, se autoinmolan cargados de explosivos o ponen bombas proceden en su mayor parte de guetos existentes en nuestra sociedad occidental y se relacionan con el trapicheo de estupefacientes. El terrorismo etarra y el yihadista coinciden en que van precedidos de campañas de agitación, propaganda y adoctrinamiento, ya sea esgrimiendo razones de Estado, de partido, de raza o de indignación popular, campañas en las que siempre cuentan con colaboradores idiotas y crédulos. En la naturaleza humana –en unos individuos más que en otros– existe una predisposición al odio, la codicia y el abuso de poder, pero hacen falta factores exógenos para que estas maldades se conviertan en epidemia. Lo mismo que los microbios, las bacterias y los virus propagadores de enfermedades infecciosas, los agentes del deterioro social no surgen por generación espontánea. Tienen un foco de origen. Agitación callejera, huelgas salvajes y terrorismo son parientes cercanos. 

     En un artículo titulado "Raíz y meta del terrorismo", publicado en Bilbao en septiembre de 1972, dije que el terrorismo es uno de los agentes patógenos inoculados junto con la subversión y la degradación moral para debilitar a Occidente, y atribuí su provocación de entonces a una campaña del maoísmo comunista: "si se quiere comprender el verdadero sentido del terrorismo, desde una perspectiva completa, es preciso no considerarlo como un fenómeno aislado, sino un elemento más de la trilogía subversión, degradación moral (drogas y sexo) y terrorismo. [...] Occidente está viviendo el ocaso de un ciclo histórico. Para acelerar la caída, una seudoideología que en principio llega de Oriente, el maoísmo, inocula en su cuerpo ya enfermo nuevos elementos patógenos, como el terrorismo".

       Treinta años más tarde (en 2002) el director del Redwood Institute, el doctor Joseph D. Douglass Jr., uno de los principales investigadores sobre el tráfico de estupefacientes, publicaba afirmaciones como estas: "Resulta duro para la población aceptar que el crimen organizado, el tráfico de drogas y el terrorismo son operaciones estatales rusas (y chinas), y lo es sobre todo por la larga historia de silencio hacia los crímenes del comunismo por parte de los líderes de opinión políticos, mediáticos y académicos. [...] Los orígenes de los actuales terrorismo, tráfico de drogas y crimen organizado fueron diseñados por el antiguo alto dirigente comunista checo General Major Jan Sejna. Él era jefe del equipo del Ministro de Defensa y estuvo dentro de la planificación y ejecución del plan por parte de varios servicios de inteligencia comunistas, en especial la Unión Soviética y sus satélites de Europa del Este".

        Hay quien niega que exista vinculación entre la actual agitación callejera como las algaradas de Lavapiés y el terrorismo "convencional" urdido por el comunismo y el nacionalsocialismo, pero comparten un mismo origen. Lo sugiere una de las citas que encabezan la tesis doctoral del líder de Podemos, el comunista Pablo Iglesias: Seattle, Praga, Génova, el 11-S, el movimiento mundial contra la guerra de Irak, el 11M, la posterior toma de las calles... ¿Hay algún hilo rojo que los une, que resuena en todos ellos? Pues bien, como nuestra sociedad civilizada y ultragarantista no está preparada para hacer frente a la violencia "del pueblo", termina cediendo so pretexto de respetar la libertad de expresión y los derechos de las minorías. Es fácil consuelo político convertir la necesidad en virtud; lo malo es que a continuación se suele convertir el error en norma y se puede terminar trasformando la injusticia en ley, la ley que han impuesto precisamente los regímenes de tiranía absoluta. De cualquier modo, el sistema que están pudriendo y zarandeando es el único que garantiza cierta libertad incluso a las víctimas de la crisis. Porque los iluminados que predican recetas antisistema nos llevarían a caer en regímenes que no sólo no solucionan los problemas sino que los agravan y, encima, silencian criminalmente a quienes denuncian la corrupción. La democracia humanista occidental ha salido viva de situaciones más difíciles que las actuales, pero nunca sin amputaciones dolorosas y otras secuelas más o menos graves.

* Drogas, Rusia y Terrorismo (Joseph D. Douglass Jr., dir. Redwood Institute    (http://www.thefinalphase.com/DouglassDrugsRussia&a...) NewsMax.com. 8-III-2002.

* Tesis de Pablo Iglesias: Espai en Blanc (2004:129) http://eprints.ucm.es/8458/1/T30518.pdf.