Lunes, 21 de mayo de 2018

Un escenario desconocido en Puebla de la Calzada

El grupo ‘Lazarillo de Tormes’ recorre tierras extremeñas con la obra de Denis Rafter dedicada a Teresa de Jesús

La representación tuvo lugar en la iglesia de La Encarnación

Completo fin de semana para el grupo teatral ‘Lazarillo de Tormes’ por tierras extremeñas, donde ha llevado su obra Teresa, la jardinera de la luz a dos conocidos pueblos de la provincia de Badajoz. Tras un nuevo éxito cosechado en la tarde del día anterior en la localidad de Montijo, fue su localidad vecina, Puebla de la Calzada, la que a primeras horas de la tarde de este domingo 11 de marzo recibiera este tan especial montaje dentro de los muros de su iglesia parroquial de la Encarnación. Pueblo éste que comparte con la cercana Montijo tantos vestigios históricos, así como marco natural vertebrado en torno al Guadiana, y que lo hizo también con la sorpresa y admiración que este trabajo en torno a su vez a la figura de Teresa de Jesús sigue suscitando en todos los que la conocen.

Si hay algo que caracteriza a Puebla de la Calzada es su gran movimiento cultural, una de cuyas aristas más punteras es su Certamen de teatro ‘Vegas Bajas’, que ya tiene un bien merecido renombre y consolidación a nivel regional y nacional. La proximidad a Mérida no sólo ha dejado en esta antigua villa el paso del pueblo romano que también lleva implícito en el nombre, sino además el eco que las maravillosas representaciones teatrales de las que siempre disfrutó Mérida en su inigualable teatro, han hecho mella en esta localidad. Numerosas puestas en escena han pasado por el de este pueblo, y de muy variado cariz. Pero lo que Teresa, la jardinera de la luz ofrece se sale de todos los moldes conocidos por cualquier aficionado a este mundo de la escena. Y lo primero que sorprende es su escenario: el altar de la iglesia de cualquier pueblo, hecho éste que no le niega a nadie la posibilidad de presenciar esta obra, ya que toda localidad, por pequeña que sea, puede ofrecer este recinto a este fin aunque resulte a primera vista extraño.

Sin embargo no es así, pues aunque el pueblo romano dejara espléndidas construcciones para este tipo de espectáculos, donde todavía parece percibirse las energías de la gente que allí acudió, hubo un momento en nuestro país, que desaparecida la civilización romana, sufrió un receso teatral, que se recuperó siglos más tarde y precisamente en recintos religiosos. Bien sabemos sin embargo, que éstos tampoco adolecen de falta de sinergia humana entre sus muros, pues todo lo bueno y malo de muchas personas a lo largo de los siglos ha quedado impregnado en sus muros. Episodios todos ellos que competen a lo más esencial de sus vidas. Y si hay algo que Teresa, la jardinera de la luz transmite es no sólo la religiosidad de la que proceden sus protagonistas, sino la historia que nos cuentan de una mujer en su contexto histórico, social, político, además de una marcada personalidad que ha transcendido los márgenes del tiempo y espacio para convertirse en universal.

Diálogos llenos de chispa, fuerza e ironía en muchos casos, escritos y palabras de la carmelita, así como un breve pero pormenorizado viaje por sus caminos y vida, sin dejar de lado el factor sorpresa en la evolución de esta puesta en escena, hacen de Teresa, la jardinera de la luz un peculiar trabajo capaz de sorprender a un público tan avezado en lides escénicas como lo es el de Puebla de la Calzada. Las puertas de su parroquia de la Encarnación se abrieron para convertirse una vez más en el escenario de la iglesia del convento de Alba de Tormes, en el que Teresa pasa sus últimas jornadas terrenales. Si alguien en La Puebla conocía ya este montaje, volvió sin duda a sentirlo como algo nuevo, único. Los que por primera vez se encontraron ante él, no dudaron en manifestar su abierta admiración, ya que al igual que su sencilla iglesia, remozada y bien cuidada a lo largo de los años, guarda en su interior huellas de un pasado medieval en la pila bautismal gótica, el eclecticismo y riqueza de la figura de Teresa no desmereció la escena en la que una vez más ‘Lazarillo de Tormes’ nos trasladó al siglo XVI, siglo al que perteneciera un valioso retablo de esta iglesia que aunque desaparecido como Teresa, ha dejado en la memoria histórica y artística un recuerdo imborrable en los Anales. La simpatía, emoción y ternura, a la vez que sorpresa que suscita Teresa, la jardinera de la luz, armonizó con la bella representación que de La Encarnación se hace en el altar mayor que presidió el montaje: una María adolescente, embarazada como cualquier otra mujer del Hijo Dios que amara Teresa, y leyendo apaciblemente un libro en la serenidad de la espera. Otra manera de ver la vida, de ver a la mujer, de abrir nuevos caminos a la luz.

www.lajardineradelaluz.com

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