Sábado, 23 de junio de 2018
Alba de Tormes al día

El embalse de Santa Teresa, un oasis en la tierra de Alba

Tras la sequía sufrida durante los últimos meses, el pantano se encuentra al 78 % de su capacidad, con 390 hectómetros cúbicos de agua
El embalse recupera su esplendor tras las últimas sequías. Fotos: Roberto Jiménez

El camino de llegada apenas puede desvelar la majestuosidad del lugar. Una carretera estrecha y curva descubre un paraíso de naturaleza, agreste y viva. El Tormes, apenas ha descendido de la sierra de Gredos, se abre paso en una zona llana y despejada, dejándose ver de forma maravillosa entre municipios que tuvieron vida y que quieren recuperar su idiosincrasia, como Salvatierra de Tormes.

La llegada al pantano de Santa Teresa hace que la vista se deslumbre. Por su tamaño –puede acumular 496 millones de metros cúbicos- es el segundo más grande de todos los que el Estado español ha construido en la cuenca del río Duero, sólo superado por el de Riaño. Un recoleto mar interior, donde apenas se oye el ruido del Tormes golpeando contra el muro de la presa, mientras las aves revolotean sobre el agua.

Aunque no dispone en la actualidad de un centro de avistamiento, Santa Teresa aparece en los cuadernos de la naturaleza como un punto de encuentro de aves migratorias y lugar donde se pueden observar las grullas. El propio Ministerio de Medio Ambiente lo señala como una de las 63 zonas que son ocupadas por la grulla común en la península Ibérica. En Castilla y León aparecen cinco lugares donde inverna esta especie, como son Villafáfila, el río Zapardiel, el Oso, Tudela de Duero y el embalse de Santa Teresa.

Lugar de enseño para los amantes de la pesca

Sus 1.853 kilómetros cuadrados y sus orillas, con una longitud de costa de 100 kilómetros, constituyen un lugar de ensueño y devoción para los deportistas de la caña y el sedal: bogas, carpas y barbos hacen las delicias de los cientos de pescadores que lo frecuentan. Aunque los expertos aseguran que se puede utilizar cualquier estilo para pescar en las aguas del río Tormes, también recomiendan el sedal pesado, conocido como “cola de rata”. En todo caso, la principal característica es la paz que se descubre en cada rincón de este espacio.

La visión arquitectónica del pantano tiene también su importancia. Se construyó en la década de los años 60 para regular el cauce del Tormes y se hizo con un muro de contención de 900 metros. A 35 kilómetros de Salamanca en dirección sur y a 850 metros sobre el nivel del mar, está rodeado de encinas y monte bajo, además de áreas de cultivo y zonas de pastizales. La apertura de la autovía de la Plata Sevilla-Gijón ha acercado significativamente el enclave a las principales poblaciones.

Las propias instalaciones de la presa, propiedad de la Confederación Hidrográfica del Duero, son dignas de una visita, previa autorización del organismo de cuenca. Uno de los trabajadores más históricos, el encargado de las instalaciones, ha construido en la zona de las viviendas una maqueta en la pizarra que muestra el funcionamiento de la presa. Pero, además, cientos de metros de galerías bajo el Tormes muestran el paso de los años, el avance de la técnica y guardan una parte de la historia de España, sumada a un sinfín de curiosidades de todos los ilustres personajes que por aquí han pasado.

Remanso de paz

Santa Teresa es un remanso de paz, de sosiego, de vida, de naturaleza en una parte de Castilla, abierta. Es un mundo que forma parte de la tierra, una tierra que conforma un mundo. Es la belleza en estado puro. Kilómetros de costa, kilómetros de caminos que abren la posibilidad a rutas a pie o en bicicleta que permiten descubrir una parte de la provincia de Salamanca desconocida.

En concreto, hay una ruta de 68 kilómetros que posibilita conocer los ecosistemas de los márgenes del Tormes. Desde el muro de la presa hay que dirigirse al oeste, pasando el antiguo club náutico, y coger una desviación a la izquierda, para internarse en una zona de pastizales y secano. Por aquí se pueden ver poblaciones como Montejo de Salvatierra, Salvatierra de Tormes, Aldeavieja, La Tala, Armenteros, Galinduste, además de parajes como el Barranco de Maluquía.

Otra forma de conocer la zona es a través de los deportes náuticos. El municipio de Pelayos vive por y para el embalse. Tras años de emigración, que en muchos casos se debió a las expropiaciones para realizar el pantano, la localidad apenas supera los 110 habitantes, que pretenden que el Tormes les dé la riqueza que el propio río se llevó.

Así, ya está en marcha un club de regatas, a lo que hay que sumar los cientos de particulares que con embarcaciones medias navegan en estos remansos. Quien surca las aguas del Tormes define al lugar como de un gran encanto y con grandes posibilidades de futuro. Los expertos consideran que el viento adecuado es del suroeste, aunque tiende a ser racheado. Aguas adentro, las zonas más propensas a la navegación son Aldeavieja, Salvatierra, en una zona conocida como Salvaconejos, Pelayos y Montejo.

Pero Santa Teresa ofrece algo más que disfrutar en sus aguas contenidas. También aporta municipios con encanto. El más representativo es la histórica villa de Salvatierra de Tormes, que durante la Edad Media fue un señorío vinculado a la realeza; después pasó a manos de los condes de Carrión, para formar parte de la casa de Alba en el siglo XV hasta el siglo XIX. En 1963, la Confederación Hidrográfica del Duero expropió el municipio para construir el embalse de Santa Teresa, produciendo su casi total abandono. En la actualidad comienza a recuperar su esplendor gracias a la cesión de algunas viviendas por la Confederación y a la labor de recuperación que se está llevando a cabo.

Cuando se llega a Salvatierra llaman la atención los restos del castillo, llamado de la Mora Encantada, y una antigua muralla del siglo XIII. En el territorio circundante destacan la torre de Cespedosa de Tormes y el castillo de Galinduste.

Donde la tierra de Alba se proyecta en la lejana sierra, el embalse de Santa Teresa detiene el paisaje para regalo del visitante.

Justino Sánchón