Domingo, 24 de junio de 2018

Dios nos ama

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El pintor Peruchini se estaba muriendo y dijo a su mujer, quien insistía en que se confesara: “déjame en paz, mujer, que quiero saber, tengo la curiosidad de saber, qué ocurre si me muero sin confesar. Yo he sido de profesión pintor, y Dios tiene como profesión perdonar, y espero que él sea tan bueno en su profesión como he sido yo en la mía”. Dios es, sin duda, infinitamente más grande y generoso en bondad y misericordia que cualquier ser humano.

            Dios  ama a cada uno: “Con  amor  eterno  te  he  amado,  por  eso  te  trato  con  lealtad ” (Jr 31,3). Efectivamente, el amor del Señor a su pueblo es más tierno y más   fuerte que  el  de  una  madre a su hijo (Is 49,15), cada persona está grabada en la palma de sus manos (Is 49,16) y  es preciosa a los ojos de Dios (Is 43,3), y en todas las cosas interviene Dios para los que le aman (Rm 8,28-39). Tanto ha sido el amor que Dios nos tiene que no envió su Hijo al mundo para condenarlo, sino para que el mundo fuese salvo por él (Jn 3,17).

            En Jesús  “apareció la benignidad y la humanidad de Dios nuestro salvador” (Tt 2, 11), en él Dios toma rostro humano, el Dios de la esperanza nos da para siempre seguridad (Jn 1, 18). El nos revela el verdadero rostro del Dios cristiano, un Dios de amor y misericordia. Toda la vida de Jesús está orientada a anunciar de que Dios es liberador, que busca a la persona perdida (Lc 15,4-7), que se preocupa de los últimos (Mt 20,1-16), que sabe acoger y perdonar (Mt 22,1-14).

            “Dios es Amor”(Jn 4,8-16), es la afirmación que repite san Juan hasta la saciedad. 

            Al decir que Dios es amor, afirmamos lo más esencial y poco más se puede añadir al hablar de Dios. Es bueno, no obstante, acercarnos a la experiencia de los Padres y de los teólogos, ya que Dios no es una realidad abstracta, sino experiencia de vida. “Quien no ha visto a Dios no puede hablar de él, decía Evagrio”.  A Dios nadie lo ha visto jamás, pero sí lo conocemos o lo vemos con los ojos de la fe y del amor.

Si Dios amó de forma tan concreta y eficaz a Israel, no ha demostrado menos amor a su nuevo pueblo, la  Iglesia  ( 2Ts 2,16). Dios amó al  mundo hasta tal punto  que le dio a su único Hijo, el cual salva a la humanidad mediante la Iglesia ( Jn 3,16s), recogiendo en la unidad a los hijos dispersos de Dios, es decir, dando vida al nuevo pueblo de Dios con su muerte redentora (Jn 11,51s).

            Dios es puro amor, bondad suprema y gracia plena. Dios no culpa al ser humano, al contrario lo perdona siempre y no se acuerda de los pecados e iniquidades que ha cometido (Hb 10,17). Dios es amor, rico en misericordia. Misericordia implica gratuidad, y él, como misericordia, nos ofrece gratuita y abundantemente su gracia. Dios no castiga, por medio de su Hijo asume nuestras culpas y carga con nuestras faltas.

            Dios es amor y tanto ama al mundo que envió su Hijo no para condenarlo sino para salvarlo.