Jueves, 21 de junio de 2018

Fulgor de las mujeres

Una de las transformaciones más profundas, aunque lentas, de nuestras sociedades vendrá –de hecho, ya está viniendo– por la vía de las mujeres. Esa mitad de la población, secularmente en todas las civilizaciones y culturas –también en la nuestra– postergadas, relegadas y en una posición de sumisión que hoy ya, a la altura de la historia, es inadmisible, se empleen las justificaciones que se quieran, y hay muchas que se utilizan.

Este pasado 8 de marzo –aunque ya era muy visible– se ha manifestado en el espacio social y civil de nuestras ciudades esa ‘marea’ de las mujeres, indicando muchas cosas: que son la mitad de la población, que son sujetos de dignidad, que, por ello, tienen los mismos derechos, exactamente los mismos, que los hombres, algo que se ha de hacer real tanto en los espacios privados de las familias, como en los públicos de las empresas e instituciones de todo tipo.

Será un cambio muy lento. Pero el movimiento de las mujeres –con todos los matices que se quiera– parece, es imparable. Viene de muy atrás y camina muy adelante, pese a las infinitas resistencias que genera, una de ellas, perversa y que se ha de erradicar, la del machismo y sus violencias.

La presencia de la conciencia femenina, feminista, con todo lo que lleva consigo, está ahí para quedarse. Y ello es bueno para todos. Porque traerá una rehumanización de la sociedad, o debería traerla. Porque no se tratará meramente de sustituir mujeres por hombres y continuar con los mismos vicios (autoritarismos, exclusiones, etc.), sino de aportar nuevas escalas de valores y de comportamientos, que habrán de estar basados en la dignidad, en el respeto, en la atención a lo otro y a los otros.

Por ello será larga y se encontrará con muchas dificultades y obstáculos la andadura de los movimientos feministas (hay que hablar en plural, pues nada es conveniente que sea de dirección única). Pero es una sensibilidad que está ahí para quedarse. Y que tendría que traer –en todo el mundo– el cambio más profundo de la historia.

De ahí que también tenga tal perspectiva una gran responsabilidad, para desarrollarse en el sentido de ese cambio rehumanizador que indicamos. Y, aunque de momento, la mayoría de los hombres miran para otra parte, esa distracción, a estas alturas de la historia y del mundo, ya es imposible de sostener.

Estos días se ha hecho, se está haciendo visible ese fulgor de las mujeres tan necesario para todos, para esa transformación social que erradique machismos, violencias y otros tipos de perversiones humanas y sociales. Bienvenido sea.