Lunes, 25 de junio de 2018

Leyes inicuas

La iniquidad es lo opuesto a la equidad; y la equidad es el carácter fundamental de las leyes; es decir, que las leyes tienen que ser equitativas, justas, iguales para todos y todos son y deben ser considerados iguales ante la ley. Dicho con otras palabras, las leyes deben dirigirse al bien común y no al particular de alguno o algunos, de algún grupo o de algún partido. Así son las cosas, de tal manera que nuestro jurista Francisco de Vitoria, iniciador de la Escuela de Salamanca y fundador del Derecho Internacional moderno, basado en el romano Derecho de Gentes, dice en su tratado De lege  que “si una ley no es para el bien común no es ley y por consiguiente no hay que obedecerla”. A su vez, y por aquel mismo tiempo, nuestro humanista Juan Luis Vives en su tratado de La concordia y la discordia del género humano dice de las leyes: “no son raramente inicuas, es decir dadas y aceptadas por hombres inicuos y por aquellos que al aprobarlas son llevados más por la pasión del ánimo que por el juicio recto”. Siempre ha habido leyes inicuas; la diferencia está en que en tiempos y regímenes antiguos y pasados y también en muchos actuales las promulgaba el poder constituido y acumulado en una o muy pocas personas y ahora, desde que el poder está en el pueblo, que ejerce por medio de sus representantes, se inició una época de relativismo en el que el bien y el mal son relativos, dependiendo de los criterios con que se rmire, una cosa es buena para unos y mala para otros, la razón es que se eliminó la “ley natural”, admitida universalmente hasta entonces, impresa en el ser humano, que no es otra cosa que la conciencia del bien y del mal. Por eso hoy se dan con frecuencia leyes inicuas, sancionadas y aprobadas en los parlamentos de los países democráticos, muchas veces por un grupo contra otro, de tal manera que los parlamentos pueden legislar y aprobar leyes inicuas, por mayoría, es decir por el grupo más fuerte, en este caso el más numeroso, lo cual no quiere decir que por que sean más tengan la razón y la verdad. Y así la democracia, en cuanto régimen político puede considerarse como un mal menor, porque a veces aprueba y se rige por leyes que pueden ir contra los mismos derechos humanos, que dice defender, a veces incluso contra el derecho fundamental de la vida humana de algunos, cuando dicen que defienden los derechos humanos de otros. Es esta una reflexión, amigo lector, que puede ayudarte a observar lo que está pasando en nuestro mundo de hoy.