Lunes, 25 de junio de 2018

Con los pies en suelo

El pasado sábado, día 3, cuando paseaba por la calle Toro, tuve ocasión de contemplar un hecho, más que nada, pintoresco. Algo que en principio parecía una excursión urbana y cicloturista, resultó ser una manifestación autorizada – iba precedida por la Policía Municipal--.Un grupo de personas montadas en bicicleta, casi la mitad niños, provistas de silbato y globo morado –supongo que sería el color del partido convocante— y exclamando acompasadamente ¡huelga general!. Como no eran más de dos o tres docenas, la verdad es que se les oía muy poco. Hasta aquí, todo normal porque todo el mundo tiene derecho a manifestarse de forma pacífica y en la inteligencia de los convocantes está la facultad de suprimir la manifestación cuando el número de asistentes ronde el ridículo. Lo que ya no parece tan normal es acudir al concurso de unos niños para adornar un acto cuyo contenido dudo mucho que pudieran comprender.

Es triste el fenómeno que se está desarrollando en esta sociedad un tanto desquiciada. Se ha puesto de moda emplear a menores de edad en acciones para las que no pueden ni deben estar capacitados. Vemos que emplean niños como escudo humano los terroristas de Oriente Medio; también colocaron niños los independentistas catalanes entre ellos y los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, y ahora sirven para que algunos partidos políticos los conviertan en fuerzas críticas contra la labor de los gobiernos. Algo muy grave le está sucediendo a esta sociedad para llegar hasta situación tan inhumana. Se ve que estamos asistiendo a una perversión de la escala de valores. Cualquier cosa puede valer si con ella se contribuye a “echar al gobierno”. Ese es el fin. Tener o no tener soluciones alternativas reales y lógicas, eso es lo de menos. Cuando llega el descontento de los partidos que están en la oposición, hay dos caminos para acabar con el gobierno: las elecciones generales y la moción de confianza. En ambos casos se pretende llegar a otra mayoría alternativa que esté en condiciones de ofrecer un panorama mejor.

Cuando aún está caliente el resultado de la consulta llevada a cabo en Alemania entre los militantes socialistas del SPD, hemos podido comprobar que dos tercios de los votantes se han declarado partidarios de su coalición con los conservadores de la CDU. Van a formar parte del nuevo gobierno ¡¡ y nadie se ha insultado !! Aquí no es imaginable –al menos hasta hoy—, ni siquiera entre partidos con ciertas analogías. Y todo porque prevalece el ansia de poder sobre el interés general. Todo hace indicar que, ante un nuevo proceso electoral, en España no sería difícil encontrar coaliciones con mayoría suficiente como para formar gobierno; pero la mayor parte de los políticos buscan votos y no conciencias. En esta continua lucha por el poder, cada luchador está más pendiente de encontrar el punto flaco del adversario que de aportar una solución que mejore los resultados ajenos,

En estas estábamos cuando se ha invertido la pirámide de población y ahora toca ocuparse de las pensiones. Nueve millones de pensionistas son muchos millones de votos de un colectivo mensualmente alimentado por el gobierno de turno. Si se trata de congraciarse con ellos, nada mejor que prometer el oro y el moro. Todos estamos convencidos de que, caso de ser posible, ningún partido osaría regatear mejoras a los pensionistas. ¡Con lo fácil que sería subir, por ejemplo,  un 30 % las pensiones más bajas y un 10 % las mayores¡ Tiraría piedras sobre el propio tejado y en España; que yo sepa, habrá políticos más o menos eficaces, pero tontos de baba, ninguno. Claro que, después de comprobar la magnitud de la deuda que amasó alguno, habrá que comenzara dudar de su cordura.

Nadie ata galgos con longaniza, y ya está bien de pensar que al votante se le puede engañar siempre. De lo que tenemos ganas los españoles de a pie es de ver a nuestros parlamentarios arrimando el hombro de forma civilizada, sin insultos pero con razones. Es muy posible que existan medidas capaces de mejorar la situación actual, pero lo cierto es que, hasta ahora, hemos escuchado muy pocas. De igual forma que en los debates televisivos el espectador suele equivocarse muy poco cuando decide quién le ha convencido más, en las Cortes también se nota. Hay lectores, más o menos pasables, y oradores “a pelo”. Unos y otros dejan muy claro cuándo conocen el tema que están tratando y cuándo están divagando.

Señores políticos, ha llegado la hora de poner los pies en el suelo, que, por desgracia, no faltan problemas lo suficientemente serios como para que se empleen a fondo. Piensen que, por encima de su legitima busca del poder, siempre está el interés de todos os españoles, incluidos los que no les votan. Olviden rencillas y malos modos para dedicarse a mejorar nuestro bienestar; que para eso les pagamos; y muy bien por cierto.