Lunes, 28 de mayo de 2018

El despilfarro de las embajadas de Castilla y León

Los actos conmemorativos del 35 cumpleaños de Castilla y León han hecho pasar prácticamente desapercibido un escándalo que tiene que ver con las embajadas que la Junta de Castilla y León tenía en el extranjero, en las que la periodista Laura Cornejo ha destapado un importante despilfarro en gastos como limusinas o comidas de miles de euros.

Y es que, aunque los medios solo hayan puesto el dedo acusador sobre las embajadas de Cataluña en el extranjero, la Junta de Castilla y León también poseía las suyas, resultando bastante absurdas en ambos casos si tenemos en cuenta que ya existen las embajadas de España.

Por otro lado, llama la atención que algunas de las embajadas de Castilla y León incluso las haya intentado ocultar el propio ejecutivo autonómico, como ocurrió con la embajada de la Junta en Panamá, en la cual presuntamente Javier Herrera, el hermano del presidente de la Junta, Juan Vicente Herrera, habría creado una sociedad panameña con el hijo del dueño de la constructora burgalesa Arranz Acinas.

Ahora, sin embargo, a raíz de la investigación del caso ‘Perla Negra’, han salido a la luz los fastuosos gastos de la embajada de la Junta en Bruselas, entre los que se incluyen el alquiler de una limusina con chófer para trasladar desde el aeropuerto al director general de Industria y Competitividad, Carlos Martín Tobalina (y que costó 430,36 euros), o comidas de hasta 4.000 euros.

Ciertamente, el alquiler de vehículos se dio en varias ocasiones por parte de la Junta, habiendo facturas más caras que la de la limusina, como la del 17 de noviembre de 2007, cuando se alquiló otro coche con conductor para la visita del entonces consejero de Educación, Juan José Mateos, así como la consejera de Cultura, María José Salgueiro (actual delegada del Gobierno en Castilla y León), y cuyo montante se elevó hasta los 850,12 euros. Curiosamente, ese mismo día también se cargó una factura de 39,90 euros en taxis.

Ciertamente, esa visita de consejeros le salió cara a las arcas públicas, ya que en las mismas se cargó en el mismo día una factura de 193 euros por la comida en el restaurante ‘Dal Padrino’, las cervezas que tomaron en el bar ‘La Chaloupe d’Or’ los consejeros, donde gastaron 27,30 euros por cinco cervezas, así como la cena posterior en el restaurante ‘Aux Armes de Bruxelles’ que costó 359,30 euros, en la cual se llegaron a tomar dos botellas de vino de 31,50 euros cada una.

Llama la atención que el consejero de Educación de Castilla y León entonces, Juan José Mateos, despilfarraba el dinero público esos días en Bruselas, mientras en su discurso en el Consejo de Educación y Cultura en que participaba esos días hablaba de que se tuviesen en cuenta “las condiciones económicas”, de cara a justificar que no hubiese una mayor inversión en becas educativas. Parece que, dependiendo de para qué, sí había dinero.

Pero si se trata de hablar de gastos en comidas, el rey era Juan Vicente Herrera, cuyo ‘almuerzo de trabajo’ en ‘L’Estrille du vieux Bruselles’ el 9 de octubre de ese mismo año ascendió a 353,75 euros. Asimismo, también se cargó a las arcas públicas una factura de 614,44 euros en ‘La buena vida, referente en vinos de España’, por un total de 36 botellas de vino. Pero la palma de la visita de Herrera a la embajada de la Junta se dio con la contratación del catering de ‘L’Autre Concept’, una comida del presidente de la Junta con empresarios y funcionarios que costó 4.097,67 euros pagados con dinero público.

Por su parte, quien fuera consejero de Economía, Tomás Villanueva, también cargó como ‘almuerzo de trabajo’ un albarán fechado el 20 de diciembre de 2006, en que se pagaron un total de 12 botellas de vino de Cigales y otras 6 de Rueda, habiendo cargado al erario público, además de esta factura, otra en el mismo día de 650,38 euros en menús.

Por otro lado, dado que la lista de gastos es larga, cabe centrarse en lo que concierne al propio edificio de la embajada de Castilla y León en Bruselas. En este sentido, solo el alquiler del palacete en que se ubicaba la sede juntera suponía 15.000 euros al mes, a los que se sumaban los gastos de limpieza y del mantenimiento del jardín que poseía el palacete, que elevaban en mil euros más el coste mensual.

Llama la atención, no obstante, la decisión de trasladar la sede de la Junta en Bruselas a dicho palacio (cuyos arrendadores, por cierto, eran los constructores del edificio vallisoletano ‘La Perla Negra’ de la Consejería de Economía de la Junta), ya que supuso aumentar ampliamente los gastos con respecto a la sede previa.

A este respecto, hay cuestiones muy extrañas en los arrendamientos de las embajadas de la Junta, cuyos alquileres llegaron a triplicarse de un año para otro, pagándose unos precios por el alquiler mucho más elevados que el coste de mercado, lo que hace sospechar que alguien pudiese haberse llevado ‘mordidas’ de dichos pagos.

En todo caso, la embajada de la Junta en Bruselas trajo cola, hasta el punto de tener que pagar 11.000 euros de indemnización por ocho sillas y dos mesas, que la Junta regaló al desalojar el palacete y que formaban parte del mobiliario de la casa, siendo muebles de diseño realizados por el diseñador francés Philippe Stark. A esto se añadiría una indemnización de 30.988,93 euros, en concepto de gastos para reparar los daños sufridos por el edificio en el periodo de uso de la Junta.

Asimismo, los arrendatarios le solicitaron a la Junta 1’6 millones de euros de indemnización por haber abandonado el palacete antes de finalizar el contrato de quince años firmado (que vencía en diciembre de 2021, habiéndolo desalojado la Junta en noviembre de 2012), en el cual la Junta se comprometía a pagar todo ese periodo aunque lo desalojase antes, si bien aún no se sabe si la Junta llegó a pagar o no esta indemnización, ya que el ejecutivo de Herrera no ha aclarado este tema ni ha presentado factura alguna en este sentido.

Y es que el gasto de las embajadas de la Junta ha sido muy elevado, teniendo en cuenta que llegó a tener 17 embajadas repartidas por el mundo, y cuyos gastos nunca ha llegado a explicar el ejecutivo autonómico, si bien la Junta tuvo que renunciar a sus embajadas cuando el Ministerio de Asuntos Exteriores pidió a las autonomías que se instalasen en dependencias de las embajadas o del ICEX.

En todo caso, aún quedaría mucha tela que cortar, como explicar por qué la embajada juntera en Miami se dejó en manos de un empresario amigo de Aznar, a quien teóricamente se le pagaba para promocionar los productos de la autonomía, a razón de 150.000 euros anuales, para cuyo pago salían de las arcas de la Junta 200.000 euros que se le daban a la Cámara de Comercio de Valladolid, que se quedaba 50.000 euros para gastos de gestión y destinaba los otros 150.000 euros a José Luis Esteve, el mencionado amigo de Aznar.

Aún queda mucho por aclarar respecto a la aventura de la Junta en lo que a embajadas se refiere, y en estos tiempos en que tanto gustan de usar unos y otros la palabra ‘transparencia’, no estaría de más que la Junta saliese al paso para explicar todos y cada uno de los gastos que llevó a cabo en sus embajadas en el extranjero que, por supuesto, pagamos entre todos vía impuestos.