Domingo, 24 de junio de 2018

Arte

Este mirador provinciano siempre ha pensado que el arte y la belleza van unidos y caminan de la mano. No es que toda la belleza esté en el arte, hay mucha belleza en la naturaleza y el arte es imitación o imaginación de todo lo bello que de alguna manara está en la naturaleza y es recreado en la obra de arte. Pero para que haya arte tiene que haber belleza. Desde hace algún tiempo, en esta época posmoderna, lo mismo que ocurre en otras facetas de la vida, hechos, acontecimientos sociales y políticos, pensamientos, sentimientos e ideas del hombre de hoy, se está introduciendo la confusión también en este mundo del arte y la belleza, se nos está metiendo gato por liebre, volviendo al román  paladino. Claro está que en el arte hay un elemento, una visión subjetiva, que depende del que lo mira, que puede encontrar belleza en un objeto de una exposición donde otro espectador no ve más que una ocurrencia, o sencillamente queda arrobado por un sentimiento sublime que le produce  aquello que está enmarcado o no, o simplemente tirado en el suelo, y donde otro no ve más que  fealdad, por ejemplo, un cadáver muy feo. Y podernos preguntarnos ¿por qué lo han (ex)puesto allí, en la sala de exposiciones? Pues obviamente porque las cosas que se exponen en la sala de exposiciones se venden por dinero. Y eso es lo que pretende el “artista”: ganar dinero con sus obras de arte, y también otros muchos que no han creado la obra, incluso los que no han creado una obra de arte en su vida sino otra cosa que pueda camuflarse como arte, por ejemplo montajes que levanten polémica por motivos ajenos a la belleza, o precisamente porque son opuestos a la belleza. Uno dicen que vale y otros que no vale y la polémica está servida y se extiende como al mancha de aceite y llega por los medios de comunicación hasta los analfabetos funcionales que no entienden de arte. Y entonces algún listillo y que además tiene dinero y quiere tener una cosa rara en su casa va y la compra, a lo mejor para impresionar a los amigos. Y así el “artista” sigue haciendo cosas raras, que llaman la atención y levantan polémica y va cogiendo fama y por eso cada vez se exponen y se venden más “cosas raras”.