Viernes, 22 de junio de 2018

El camino a seguir

El tenis, con la ilustre Billie Jean King a la cabeza, se ha convertido, junto al golf, en un ejemplo para la profesionalización y equiparación de las mujeres deportistas
Billie Jean King en 1967. Fotografía The New York Times

En abril de 1989, las más de trescientas trabajadoras especialistas de Jaeger Ibérica, empresa filial de Fiat en Barcelona, se pusieron en huelga. El motivo: lograr la equiparación salarial con sus cien compañeros varones, los cuales percibían 9.000 pesetas mensuales más a pesar de realizar el mismo cometido. Un mes después, tras cinco años de denuncias previas en los tribunales, las obreras consiguieron su objetivo. Alcanzaron un acuerdo con la patronal y obtuvieron a su vez los correspondientes atrasos. No fue fácil, pues la dirección de Jaeger había expedientado a numerosas trabajadoras a causa de la huelga y alguna de ellas llegó a tener pie y medio fuera de la fábrica. Por todo ese sacrificio recibieron el Premio Ágora, concedido por su lucha sostenida para conseguir la equiparación salarial con sus compañeros varones.

En el tenis, sucedió algo parecido. Un grupo de valientes mujeres estadounidenses, para solventar las grandes diferencias salariales con los hombres —cobraban doce veces menos—, decidieron crear en los años setenta la Asociación Femenina de Tenis, conocida hoy por las siglas anglosajonas WTA.

Billie-Jean King, la número uno con doce grandes a su espalda, merecía el mismo respeto que sus colegas masculinos. Por eso, aprovechando las voces que comenzaban a clamar igualdad de género en la sociedad, amarró el timón para liderar un nuevo circuito femenino independiente de los torneos organizados por la anquilosada asociación masculina. Las nueve mujeres que tomaron esa decisión, al igual que las trabajadoras de Jaeger, corrieron el riesgo de perder todos sus privilegios —clasificación, remuneración, participación en torneos mundiales…—, para conseguir algo que les correspondía por justicia. Apoyadas por la fundadora de la revista World Tennis, participaron en el primer certamen femenino profesional después de firmar un simbólico contrato de un dólar. Un año después de esa arriesgada iniciativa se creó un circuito exclusivo para mujeres con 19 campeonatos, consiguiendo una publicidad y una repercusión sin parangón. De hecho, se pudieron repartir más de trescientos mil dólares en premios. Algo impensable pocos meses antes, lo que posibilitó la creación de la Asociación de Mujeres Tenistas Profesionales, el elemento que les permitió brillar con luz propia para conseguir que el abierto de Estados Unidos, uno de los grandes, igualara los premios en metálico de ambos sexos. En 1974 la WTA obtuvo su primer contrato televisivo, y eso permitió un espectacular crecimiento y la total profesionalización de las mujeres. Desde entonces, esa organización rige el calendario y designa las sedes oficiales del circuito mundial de las tenistas. Asegurándose con ello que las hembras no estén infravaloradas. De hecho, a día de hoy, ganan el mismo montante que los hombres en los torneos importantes —el vencedor entre 1,5 y 2,3 millones de dólares—, habiendo conseguido que su circuito reparta cifras astronómicas entre las jugadoras. Hablamos de cientos de millones de dólares distribuidos en sus cincuenta torneos —los 21 premier y los 29 international—.

¿Y cómo lo han conseguido? Fácil. Creando su calendario, más relajado y con más tiempo de preparación; buscando sus contratos publicitarios, con jugosos beneficios que repercuten en el propio circuito femenino —garantizando un mínimo para cada jugadora—; y ajustando la competición, permitiendo así que las tenistas que más juegan escalen puestos gracias al sistema de puntuación. En este punto es esencial anotar que ellas, las top, solo tienen obligación de asistir a cuatro torneos —Indian Wells, Miami, Madrid y Beijing—, mientras que los hombres lo tienen que hacer en nueve —todos los Master 1000, lo que reduce sensiblemente el nivel de la competición por el cansancio acumulado—.

El golf, había sentado precedentes mucho antes. En 1950, un grupo de mujeres fundaron la LPGA —Asociación de Mujeres Profesionales del Golf—, convirtiéndose así en la primera organización profesional deportiva femenina de los Estados Unidos. Tampoco les ha ido mal separándose de la organización masculina, pues su gira mundial, con treinta y cuatro torneos propios, promedia un reparto anual de casi sesenta millones de dólares para sus jugadoras. Cifras inalcanzables, me temo, si estuvieran al amparo de su antigua asociación. La mejor jugadora del año 2017 logró más de dos millones de dólares en premios. La mitad consiguieron las jugadoras que se clasificaron hasta el puesto veinte del ranking. Y algo menos las españolas, situadas por debajo de esa clasificación. Carlota Ciganda, puesto 24, logró más de setecientos mil dólares; Azahara Muñoz, casi trescientos mil; Beatriz Recari, casi doscientos mil; y Belén Mozo, al borde de los cien mil dólares.

Esa independencia de la organización masculina se ha continuado en Europa, donde destaca el Ladies European Tour. Y aunque en el circuito del viejo continente las cifras económicas no son tan altas como en el americano, ni se igualan con las de los hombres, al menos los números son cada vez más parejos. En esta gira, Carlota y Azahara lograron más de cien mil euros cada una tras escalar hasta las primeras posiciones. Por eso mismo, el golf practicado por mujeres en España lleva tiempo con una idea similar.

Desde 2016, tomando el relevo del exitoso Banesto Tour —antiguo circuito exclusivo para mujeres—, se ha puesto en marcha el Santander Tour con el objetivo de impulsar el circuito femenino de golf. Con ese patrocinio, las jugadoras españolas podrán competir en siete pruebas para lograr importantes premios. De esa manera, con apoyos económicos, las jugadoras de golf podrán dar el salto al profesionalismo sin tener que irse a competir a Estados Unidos. Situación que, por falta de iniciativas privadas y/o federativas, está sucediendo en otras disciplinas deportivas.

Por motivos como estos, el tenis y el golf están derribando muros sexistas y están mostrándonos el camino a seguir. Hace no muchos años eran deportes profesionales exclusivos del hombre; pero ahora, en 2018, con iniciativas como la del Comité Femenino de la Asociación de Profesionales de Golf, las mujeres españolas saldrán a competir en igualdad de condiciones que los hombres: con los niveles del Circuito Europeo Femenino y obteniendo la misma cuantía que los varones.

Y ese mismo ejemplo, lo tenemos en casa con una entidad completamente femenina. Y si no, pregúntense porqué el Perfumerías Avenida es un exitoso club de baloncesto. Yo lo explicaré en otro artículo, pero tomen nota de lo siguiente: inversión publicitaria, soporte institucional, fomento de la cantera sin intereses comerciales, falta de agravios con una hipotética sección masculina, y enorme apoyo de la afición a las jugadoras.