Viernes, 20 de julio de 2018

Iria y su caza rayos de sol

 

Iria Blanca y Negra es una gatita muy curiosa,   se levanta siempre muy temprano, hoy sale decidida a atrapar en lo alto de la montaña todos los rayos del sol y disfrutarlos solita. Hasta que…

La ardilla Liya que brinca entre árbol y árbol le grita desde lo alto de un pino.

— ¿A dónde vas, Iria?

 

— ¡Remiauuuuu! que susto me has dado Liya. Voy a coger con mi malla de hilos verdes, todos los rayos del sol.

—No seas egoísta, bella Irita —  dice la ardilla Liya— Deja algunos para que me iluminen el camino,  pueda encontrar  comida y  poder correr de árbol en árbol.

 

— ¡Está bieeen!, amiga ardilla — contesta Iria — no te preocupes. Tendrás tus rayitos de  sol.

Sigue caminando Irita, pensando en los rayos del sol que cogería y compartiría con Liya, cuando el inmenso castaño Ñaño pregunta.

 

— ¿Por qué vas tan pensativa hermosa gatita?

 

—Voy hasta lo más alto de la montaña, a  apresar con mi malla verde todos los rayos del sol y compartir algunos que prometí a mi amiga, la ardilla Liya.

El árbol Ñano baja las hojas que comienzan a ponerse lloronas y tristes, tímidamente  comenta:

— También yo te pido por favor que compartas conmigo un poco de sol, con sus rayos seguiré creciendo, y muchos pajaritos podrán hacer sus nidos en mis ramas y no sufrir calor en verano

 

— Claro que sí, amigo Ñaño, no estés apenado. Guardaré unos rayos de sol para ti.

Iria—muy inquieta porque el sol está a punto de volver a nacer— comienza a caminar más y más rápido; ya casi es la hora en que el Sol se levanta, quiere estar muy cerca y poder atrapar los primeros rayos  que son los de mayor luz y más bellos.

 Atraviesa un corral para llegar antes, cuando el  gallo Kayo, que está  en una esquina del gallinero, pensando que hará a lo largo del día.

 

— Hola, bella Irita. ¿Dónde vas con tanta prisita?

—Voy a la montaña, con mi malla verde y atrapar todos los rayos del sol y compartir algunos con mi amiga la ardilla Liya, para que encuentre su alimento; y con mi amigo el castaño Ñaño, para que siga creciendo y sus ramas sean el hogar a muchos pajaritos.

—Yo también te pido algunos rayos de sol, para que pueda saber a las mañanas la qué hora debo  cantar el Quiquiriquí  para que todo el pueblo despierte.

 

—Claro que sí, amigo Kayo, también a ti te daré algunos rayos de sol —contestó la fatigada gatita Iria que veía que con tanto encargo no iba llegar la primera—

Mientras camina apresurada, piensa lo importante que son los rayos del sol, para las ardillas, los pájaros, las plantas, los gallos y los seres humanos.

Entendió que si algo tan necesario, no es correcto que una persona lo quiera guardar para ella solita, o estaría siendo muy EGOISTA. Llega por fin a lo más alto de la montaña, deja su malla verde en el suelo, y se sienta a esperar el despertar del sol.

Apenas asoma el primer rayo, Iria le saluda muy feliz—Buenos días amigo Sol —

En su malla verde, carga¡ tantos rayos! que casi no puede con ellos, pero feliz corre repartiendo a todo el que se cruza en su vuelta a casa los recién nacidos rayitos, entonces ve asombrada algo que no tuvo en cuenta, ardillas, arboles, gallos y humanos,  toman renovada fuerza, dan gracias al Sol y  a Iria que supo generosamente regalar vida al mundo.

REFLEXIÓN

 

Los padres debemos enseñar a nuestros hijos a saber ser desprendidos de aquello que cueste, nunca de lo que sobre; por desgracia vivimos en un mundo en qué no se valora la generosidad, comencemos a reeducarnos/los.

El egoísmo y el egocentrismo

Tenemos la idea  de que las personas egoístas son narcisistas. Con la creencia de que solo se preocupan por sí mismas, se valoran y se aman por encima de todo. Sin embargo, la realidad es muy diferente, las personas egoístas no solo tienen dificultad para amar a los demás, sino a sí mismas también.

La persona egoísta es aquella que solo se interesa por sí misma. Carece de respeto y de interés por las necesidades de los otros, se relaciona con las personas principalmente por su utilidad, y por los beneficios que puede extraer de ellas. Estableciendo solo relaciones instrumentales cubrir sus necesidades e intereses es prioritario, sin tener en cuenta el componente emocional de los otros. La persona egoísta no obtiene satisfacción en dar, su preocupación se centra básicamente en lo que va a recibir a cambio

 

“No ve más que a sí misma; juzga a todos según su utilidad; es básicamente incapaz de amar. ¿No prueba eso que la preocupación por los demás y por uno mismo son alternativas inevitables? Sería así si el egoísmo y el auto amor fueran idénticos. Pero tal suposición es precisamente la falacia que ha llevado a tantas conclusiones erróneas con respecto a nuestros problemas.”

Erich Fromm