Sábado, 26 de mayo de 2018

¡Había una vez...!

El circo de dos pistas que han montado los independentistas catalanes, una en Bruselas y otra en Barcelona, ha pasado de tedioso a cargante. Algunos lo atribuyen al cansino refrito nacionalista, tan anacrónico en la Europa del siglo XXI, aunque la mayoría culpan al funambulista cagueta de la cuerda floja con su arnés, paracaídas y red, que desde que se ha hecho el amo de la arena las funciones son absurdas y disparatadas: los malabaristas se han vuelto trileros y andan día y noche con el sonsonete del ¿dónde está la bolita? ¿dónde está la bolita? tratando de esconder con los cubiletes su ineptitud; los acróbatas y saltimbanquis han pasado de las volteretas y saltos mortales a los saltos de mata; los ilusionistas, inspirándose en los Piccolis italianos y en el struwwelpeter alemán, sueñan con glorias imperiales; los contorsionistas se retuercen hasta descuajaringarse y no saber cuál es su mano derecha; los titiriteros inventan la Historia para manipular sin pudor tentetiesos, polichinelas, guiñoles y marionetas; los encargados de las fieras, que barruntan el paro por la ordenanza de la Generalitat que prohíbe espectáculos circenses con animales salvajes, han resuelto sacarlos a la calle para amortizar su manutención y justificar sus empleos; los payasos han tomado providencia y concluido que todos son listísimos, con lo que se han pintado una pseudo lágrima en sus caras maquilladas y, a falta de simples, han echado por la calle de en medio y decidido que será el público el que interprete los papeles de cándidos, aunque la concurrencia se resiste porque están hartos de hacer de necios y de levantar castillos en el aire. ¡Qué fatiga esto del limbo! –les han oído comentar. Y los tres tamborileros de la cobla (el resto ha desertado ante tanto despropósito), que siguen imperturbables erre que erre dándole a les rossingnols, a les caramelles, y a les sardanes, para que no decaiga la comedia heroica.