Viernes, 23 de febrero de 2018

La conquista del divorcio

“Aunque no existiera el divorcio, el matrimonio siempre acaba mal: uno de los cónyuges muere, incluso, más tarde, también muere el otro” (Jaume Perich)

A Julio Cesar se le atribuye la frase “la mujer del Cesar no solo debe ser decente, sino parecerlo”. Fue su justificación para divorciarse de su esposa Pompeya, porque, en una fiesta religiosa solo para mujeres organizada por esta en su casa, se coló un joven patricio que intento seducirla. No lo logró, pero,  ya lo dijo el mandatario: el honor, por encima de todo.

Nunca es fácil asumir el fracaso de un matrimonio, pero el divorcio parece la solución más civilizada, para reparar la vida de los cónyuges. Legalizarlo ha costado siglos de luchas políticas y sociales. En otros países de nuestro entorno, ya se había asumido este derecho, pero estaba claro que en nuestro país iba a ser una conquista, que costaría, largos años de lucha.

La cosa no iba a ser nada fácil, y no hay más que remontarse someramente a la historia para comprobarlo. La Cuarta de las Siete Partidas promulgadas por Alfonso X el Sabio entre 1252 y 1284, la referida a la familia, vetaba expresamente la separación conyugal. La España dominada por los árabes, disfruto de cierta permisividad sobre la disolución matrimonial, que se desvaneció cuando termino la Reconquista. Los Reyes Católicos impusieron una intransigencia que se exporto a las colonias, de forma que hoy Filipinas  es, además del Vaticano, el único país del mundo donde sigue prohibido divorciarse. Hubo – como digo- que esperar a la segunda república para que en España se legalizase por primera vez el divorcio, a partir de un artículo de  la Constitución de 1931. “El matrimonio podrá disolverse por mutuo disenso a petición de cualquiera de los conyugues”. Esto dio pie a la ley de divorcio de 1932, cuya aprobación no supuso un aumento del número de separaciones, en contra de las proclamas fatalistas de los partidos conservadores durante el debate en el parlamento. Lamentablemente, - como no podía ser de otra manera- el 5 de octubre de 1939, el BOE franquista hizo pública la derogación de esta ley y suprimió toda posibilidad de separación conyugal por muy desastrosa que fuera la convivencia, relegando de paso a la mujer a su atávico rol de esclava del hogar. Una situación anacrónica en la Europa del siglo XX que no se corrigió hasta que llegó la democracia tras la muerte de Franco.

En 1981, el Gobierno de UCD logró sacar adelante una nueva ley de divorcio promovida por Francisco Fernández Ordoñez, con oposición activa de la Iglesia, con manifestaciones por todo el país amparado por partidos que se decían demócratas- cristianos. Y eso que se trataba de una norma  bastante restrictiva, pues para poder recurrir a la disolución matrimonial los conyugues debían pasar previamente por un periodo sin convivencia en común refrendado por un acta de separación judicial. Además, solo se autorizaba por causas extremas como alcoholismo, abandono del hogar, o infidelidad. Una vez aprobada la ley, Fernández Ordoñez que  ese día cumplía 51 años, “declaró: “Me voy  a celebrarlo junto a mi mí mujer, con la que, por cierto, llevo casado desde hace mucho tiempo”. El procedimiento se agilizo durante el primer Gobierno socialista de Felipe González, pero el derecho al divorcio de pleno fue con la aprobación de la ley del 2005 con Zapatero en el poder, que aprobó una de las leyes del divorcio más avanzadas del mundo. Su principal novedad consistía y, establecía, que bastaba con el consentimiento de ambos cónyuges para divorciarse, sin ningún otro requisito salvo la exigencia de que hayan transcurridos tres meses desde el casamiento.

A partir de entonces no es necesario alegar motivos para deshacer el vínculo. La nueva norma regula la custodia compartida de los hijos. Es una enorme conquista, sobre todo para la mujer, que históricamente dependía del marido para disolver la unión. Sin embargo para llegar hasta aquí ha habido que recorrer un largo camino, y no solo en España. Claro que, romper algunos acuerdos, cuestan millonarias sumas de dinero, podríamos poner multitud de ejemplos, pero a buen seguro, que ya saben ustedes de quienes se trata… Verdad.

Fermín González, salamancartvaldia.es / blog taurinerías