Viernes, 25 de mayo de 2018

Acoso o seducción: ¿americanas o francesas?; ¿con quién te quedas?

El silencio sobre el acoso sexual se había roto hace bastantes años en Estados Unidos, especialmente en la universidad, pero no en determinados ambientes como el de las actrices. Seguramente por muchos motivos que puede intentar descubrir el lector o lectora. Por tanto, es de agradecer que ellas hayan roto el silencio.

Francia es un país más liberal y tal vez por un liberalismo mal entendido, han guardado y siguen guardando más silencio sobre los delitos sexuales, o los critican con más mesura y en voz más baja.

Pero hay algo más, en Estados  Unidos hay más hipocresía, y más puritanismo y sexofobia. Basta leer las narraciones de las víctimas insistiendo en frases como “me sentí sucia” y otras expresiones similares. Nos ocurre aquí también incluso con profesionales que ayudan a las víctimas, insistiendo en efectos como asco, suciedad, etc., anclados en una visión  de la sexualidad muy fomentada por el judeocristianismo y formulando una profecía negativa sobre los efectos de por vida y aconsejando terapia para todas las víctimas. De hecho hacen muy poca educación sexual positiva y sí mucha prevención de riesgos. La sexualidad es entendida como una dimensión peligrosa, ubicada en las partes bajas o sucias.

Frente a esta óptica me parece que hay otra que, sin quitar gravedad de la conducta del agresor,  la etiqueta como delito contra la libertad y discrimina entre víctimas que necesitan terapia (con síntomas clínicos) y víctimas que no la necesitan. La mayor parte de las personas que han sufrido abuso o acoso, no se merecen tampoco una profecía negativa de por vida.

En Francia son más permisivos en el campo sexual, incluso con los presidentes de gobierno, y menos alarmistas con este tipo de delitos. También los investigan y persiguen con menor eficacia. Es una sociedad más sexofílica, pero tienen claras deficiencias en la lucha contra con los abusos sexuales y el acoso.

Así se entiende que las actrices y otras mujeres francesas hayan respondido a las americanas, reconociendo la gravedad de la violación y el acoso, pero queriendo dejar claro que hay que distinguir entre seducción y acoso y violación. Parecen matices, pero lo cierto que hay diferencias profundas en la propia concepción de la sexualidad. Y desacuerdos sobre lo que es la seducción y sus fronteras con el acoso.

Del documento de las francesa, seguramente es especialmente criticable, el supuesto derecho de los hombres a “molester” a las mujeres. Si bien y esto es importante, esta palabra puede traducirse por molestar, pero también por “incomodar” que puede estar cerca de “llamar la atención” con el fin de manifestar en interés por una mujer. En todo caso, me parece desafortunada o inadecuada.

Ya pensará usted con qué documento se queda.

Por mi parte, creo que el límite de la seducción está, además de en las formas (a) mal educadas y soeces, en otros   dos aspectos importantes: (b) siempre que una mujer manifieste, de alguna forma, que  no quiere que le insistan o molesten y  (c) siempre que se limite la libertad de la mujer

Por eso el “acoso” laboral, docente o de cualquier otro tipo semejante, implica que el acosador usa su poder para obtener favores sexuales, poniendo en riesgo su libertad para decir sí o no al amenazar o estar implicados riesgos como perder el trabajo, no ser contratada, ser suspendida, etc. Es un delito muy grave porque atenta contra la libertad y la dignidad de la mujer (o del hombre si él fuera la víctima), contra la propiedad de su cuerpo, su intimidad sexual y amorosa. No es una actividad sucia, asquerosa, baja, impura…. El problema radical no es la actividad sexual en sí misma, sino el uso del poder, la pérdida de la libertad y la negación de la propiedad de su sexualidad.