Lunes, 19 de febrero de 2018

Atemorizados y rodeados de suciedad, así viven los propietarios de la urbanización La Reguera

La pesadilla comenzó hace dos años cuando el dueño de 25 viviendas las alquiló a inquilinos que han convertido las zonas comunes en un basurero
Entrada a la urbanización La Reguera de Nuevo Naharros. Fotos: A. Martín

Con mucho miedo y al límite de sus fuerzas y de su paciencia. Así se encuentran los propietarios del edificio Picasso, en la urbanización La Reguera, de Nuevo Naharros, dependiente del Ayuntamiento de Pelabravo. Viven rodeados de basura y destrozos sin poder evitarlo, y sin que nadie lo impida. La suciedad y los desperfectos de las zonas comunes, sumado a enganches ilegales a las redes de luz y gas, forman parte del día a día de unos pocos propietarios -alrededor de 20- que tienen que soportar el incivismo de los inquilinos -la mayoría gitanos- que habitan otros pisos alquilados. “Ellos solo tienen derechos, todos, y ninguna obligación. Si exigimos, nos tachan de racistas”, declara una vecina.

El comienzo de la pesadilla que viven los propietarios en este bloque de 45 viviendas se remonta a hace varios años. Muchos de ellos, parejas jóvenes, comenzaron a vivir allí hace más de ocho. Se vendieron unos 20 pisos y, el resto -25 que seguían vacíos- su propietario, el inversor Manuel Moro, decidió alquilarlos a finales de 2015. Ahí empezó el calvario para los que habían comprado, tanto que algunos ya se han marchado y otros lo quieren hacer, a pesar de estar pagando hipoteca. Residir allí se ha convertido en una auténtica pesadilla. “Estamos desesperados, no podemos vivir así”.

El panorama que ofrece el edificio no puede ser más desolador. Suciedad, escombros, chatarra, comida y juguetes desperdigados por las zonas comunes, una piscina comunitaria utilizada como basurero que tuvo que precintar la comunidad, robos, puertas y cristales de acceso a los portales rotos, escaleras y paredes con destrozos, restos de comida por los rincones, orines, un garaje comunitario convertido en taller y… hasta un poni en el jardín.

“Llevamos tres empresas de limpieza, nadie quiere venir porque no los dejaban entrar en los portales y la zona de la piscina está perdida desde hace dos años”. Los afectados aseguran que han intentado buscar soluciones, “incluso llamar a Sanidad para  denunciar la insalubridad que hay en el bloque, y la única respuesta es que si se denuncia el caso por esta vía, se denunciará a todos los vecinos”.

Así se manifiesta una de las vecinas que considera “un mal menor” que la comunidad de propietarios tenga que asumir los gastos comunes a los que no hacen frente los inquilinos de las viviendas alquiladas. “Ellos consumen agua, utilizan el ascensor, luz…pero no pagan nada”.

Parece una pesadilla, pero es una realidad a la que se enfrentan diariamente los propietarios que están al día de los pagos de la comunidad, de los gastos de sus domicilios y de la hipoteca. Algunos se han marchado ya, a pesar de seguir pagando hipoteca; otros buscan vivienda en alquiler para dejar la casa que un día compraron con mucho esfuerzo e ilusión. Y los que han dejado su vivienda hartos de la situación “la han vaciado completamente para que no se la desvalijen”.

 

Miedo e impotencia. Tanto que la situación a la que se enfrentan cada día ya está pasando factura a la salud, con problemas de ansiedad y depresión. Porque al incivismo que demuestran a diario, se suman amenazas telefónicas, intimidaciones o rotura de limpiaparabrisas en los coches de algunos propietarios.  Atemorizados, no se atreven a dar la cara por temor a las represalias de unos inquilinos que llegaron en alquiler a finales de 2015 y han convertido la zona en un auténtico basurero.

De poco han servido hasta ahora las denuncias presentadas en la Guardia Civil o ante las compañías de luz –en una de las visitas de los técnicos contabilizaron 22 contadores ilegales- y de gas. Y tienen miedo de que la situación –con el puenteo de contadores del gas- acabe en tragedia.

“Nos queda denunciar y aguantar”. Los propietarios insisten en que no se trata de quejarse de los inquilinos por el hecho de ser gitanos, “es por el estado insalubre en el que tienen las zonas comunes”.  Explican que una de las vecinas que vive en alquiler “es de raza negra, se convive perfectamente y se hace cargo de sus gastos. Ella misma tiene que soportar todos los días palabras y acciones despectivas hacia su persona de esos inquilinos, ¿quiénes son realmente los racistas y maleducados?”

¿Cuál puede ser la solución? “Que esos pisos alquilados se los quede el banco o que los inquilinos paguen, se comporten, sepan convivir, respeten la propiedad”.  Con la situación en manos del abogado, una de las vecinas explica que desde el Ayuntamiento están intentando conseguir, a través de la mancomunidad, instalar contadores individuales de agua para que no sea la comunidad la que cargue con todos los consumos. Es uno de los pasos ante la desesperación en la que se encuentran los vecinos. Una pesadilla que supera los dos años y a la que los propietarios no le ven el final.

Fotos: A. Martín