Viernes, 25 de mayo de 2018

El Lazarillo de un poeta

A Carlos Blanco se le ve venir. Eso ya es una ventaja. De entre el mundanal boato y prosopopeya de vates salmantinos que en el universo actual son, Carlos es el biólogo y naturalista que mejor dibuja en verso el costumbrismo en su más machadiana sencillez. Además un asunto que no admite cuestión: un tío que hace hablar a un cocodrilo, que hace que los niños le adoren y le tomen por Messi y que consiente a una bruja piruja asumir bondades infantiles….a ese fulano hay que ponerle atención, sí o sí.

 He representado en lectura dramatizada por las escuelas más de una docena de veces su Lazarillo poético para esos pequeños genios y diablos de metro de estatura, unos por otros. Y para la adustez barbada también. Que hay mucho jamelgo que no ha leído aún las aventuras y desventuras del Lazarilllo salmantino con hambre de Tejares.

 Y ahora va la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y retoma esta poética historia de la narrativa universal en castellano. Con buen criterio y mejores Veredas. Porque  este D. Julio, a la sazón ilustrador insigne, también hay echarle de comer aparte.

 Es este el Lazarillo de un poeta con un don especial para distinguir un “avión” de una golondrina y con una capacidad insultante y demoledora, ya digo, para que una historia tan dramática, inhóspita y tremenda como la que nos cuenta las aventuras del Lazarillo de Tormes, luzca tierna, divertida y menos desabrida.

 La poesía es lo que tiene, da para todo. Incluso para vestir decentemente la miseria.