Lunes, 21 de mayo de 2018

Mediocridad

“No existe nada que odien más los mediocres que la superioridad de talento: ésta es, en nuestros días, la verdadera fuente del odio” (Stendhal)

Aquí, en este mismo periódico  lo hemos venido pidiendo; pero claro cae en el saco roto, de las personas que no les interesa, cerrar el fondo del saco,  pero de nuevo, volvemos a decir y, a pedir la reforma electoral – que se exige - Listas Abiertas-, dónde permitan que la Soberanía Nacional, pueda equivocarse, pero lo hará y lo sabrá entender y nunca más las votará, en el caso de que se haya confundido, pero al menos lo habrá hecho con libertad y capacidad de decidir y no habrá estado sometida a la indefensión y a la impotencia,  en la que lleva sumida cuarenta años obligada por estas personas electas, que quieren convencernos a toda costa, de que esto que vivimos y sufrimos es una democracia.

Toda una pléyade de personajes electos –de aquella manera- y donde cabe el señalarlos de  desagradecidas, ambiciosas, egoístas, insolidarias, donde no pocos han pasado, y otros pasaran de la mediocridad a la irrelevancia.  

No sé si alguien en este país se ha preguntado el porqué del cada vez más reducido peso de nuestra presencia en organismos internacionales, en particular en sus órganos directivos, caso que no sucede con nuestros vecinos italianos, portugueses o franceses  que copan la EU, ONU, ECB  y los principales organismos mundiales, además de los europeos.

Alguien tendría que buscar las causas, y no simplemente ignorarlo o patalear,  buscando la paridad. La realidad es que nuestras elites administrativas, intelectuales y económicas tienen cada vez peor calidad, su proceso de formación y sobre todo selección está más deteriorado, basado, no en la meritocracia, y la buena formación sino en lazos familiares, enchufes y redes de favores, que no ayudan a seleccionar a los mejores sino a los más adictos y fieles. 

En España el sistema les funciona pues son las cabezas de ratón, y nadie les puede cuestionar so pena de sufrir represalias, pero fuera de nuestras fronteras, nadie quiere a un/una incompetente en un cargo de relevancia en cuanto lo ve funcionar, como hemos visto en casos sonados, que no hace falta nombrar.

Únase a este problema, algo tan ibérico como la envidia, el cainismo, el rencor ante el que triunfa en su profesión o empresa, y veremos como los  españoles brillantes, que los hay, optan por lanzarse a la vida pública,  prefieren emigrar o mantener un perfil bajo, al margen de los focos, y circunscribiéndose a sus actividades y negocios, y aun así tienen que sufrir los embates de los resentidos de siempre.

Como cambiar esta situación es algo complicado, pues el “sistema” se ha preocupado de seleccionar este tipo de personajes, que no buscan precisamente gente capaz a su alrededor que les pueda hacer sombra. Tampoco veo entre nuestros políticos actuales y las nuevas formaciones un cambio claro de perfil. Únase a esto que nuestro tejido empresarial, los famosos del Ibex, son un grupo de empresas poco representativas del amplio tejido de pymes y autónomos de nuestro país, más preocupados de mantener sus prebendas, mercados cautivos, precios regulados al margen del consumidor,  y  en suma relaciones “especiales” con el poder. Por mucho que se rechacen mutuamente en privado se necesitan. 

La solución es no violar  en los artículos 14, 23,2, 103.1, 139 y concordantes la Constitución Española y dejar que la competencia sea pública y que ganen las personas más aptas. Si a ello le añadimos las -Listas Abiertas- en las elecciones. Seguro que el progreso social, económico, de libertad, de paz,..., vendrá cómo el agua de los ríos, por muchas dificultades que se le pongan, después de haber sido útiles en su recorrido, van al mar. 

Quizá sea esta una de las razones del rencor de la juventud, y de ciertas regiones españolas que ven de lejos este circo, que nada les atrae y del que quieren salir, sin saber que no es tan fácil, pues allí también existe.

Requeriría décadas y cambio cultural copernicano, empezando por la educación desde la más tierna edad sin adoctrinamiento de los taifas de la democracia y la TV que se encargan de mantener este adocenamiento, y  si es que algún día nos decidimos a hacerlo. ¡Que esa es otra. Tú!...

Fermín González salamancartvaldia.es      blog taurinerias