Viernes, 23 de febrero de 2018

La extendida confusión sobre qué es una novela histórica

Resulta curioso que cuanto más crece la moda de la “novela histórica”, la mayoría de lectores tienen menos claro qué es una novela histórica.

Hay dos factores, a mi entender, que explican esta confusión colectiva: uno de ellos, el hecho de que, más y más, las editoriales sacan al mercado tantas novelas “históricas” como fórmulas narrativas son utilizadas por los escritores, conformando un batiburrillo entre lo “histórico” y lo ficticio tan indisoluble, que es muy difícil (o imposible para el lector sin formación en Historia) distinguir entre lo inventado por el novelista y lo aportado por los datos de los historiadores.

El segundo factor provocador de la confusión es la ola de “posverdad” que nos invade ( ese eufemismo tan hipócrita para poner una máscara a LAS MENTIRAS): en la era de la “posverdad” se trata de que la mayoría de la población- también la mayoría de lectores o televidentes- no tenga muchas ganas de estar discerniendo qué es mentira o hecho no comprobado y qué es verdad en lo que lee o escucha; el pasivo consumidor se satisface con quedarse con el mensaje más general que repite el canal televisivo o esa novela histórica tan “fácil de leer” y tan “entretenida”.

En este clima, todo está preparado para meter, tanto en relatos supuestamente históricos como en noticias manipuladas, tantas mentiras como desee el creador de la noticia o novela.

También es curioso que yo escriba este artículo sobre la confusión existente en el concepto de novela histórica, pues yo no escribo novelas históricas, sino biografías noveladas. Pero en una biografía hay más claridad y facilidad para diferenciar los datos biográficos de la ficción de las escenas, de los diálogos inventados o de la descripción de lugares lejanos en el tiempo.

Y quizás, por mi trabajo, me resulta fácil afirmar que en la novela histórica deberían operar las mismas reglas: no debería estar permitido, por ética, y por respeto a los historiadores, cambiar al antojo del escritor los hechos comprobados documentalmente por los historiadores. Debería ser suficiente cambio el que se produce utilizando las herramientas propias de un novelista: lo imaginario sobre situaciones, personajes secundarios, paisajes, o sentimientos producidos por los acontecimientos novelados.

Pero, para ir poniendo un mínimo de orden en el concepto de “novela histórica” al menos respetemos esta propuesta: excluir de este concepto aquellas novelas que solo tienen de histórico el marco ambiental donde se desarrolla el relato y cuya trama esencial es inventada o no tiene ninguna relación con los acontecimientos que marcan la Historia. No admitamos “posverdades” al menos en el tiempo pasado que nos concierne: se empieza por “pequeñas posverdades” y se termina por admitir que el Holocausto judío ( que rememoramos estos días), no existió.