Viernes, 23 de febrero de 2018

Premios Solidaridad Cruz Roja Salamanca 2017

    Debo y quiero agradecer a mis mayores que me enseñaran a hacer una lectura creyente de la realidad. Es importante ser inteligente y estar bien formado para entender lo mejor posible el mundo que nos rodea, además de estar despierto. Pero la inteligencia, la formación y la listeza, por si solas, no garantizan poder “leer” lo real en todos sus matices. Y así, una lectura profunda de la realidad nos puede hacer ver que lo que mueve el mundo es el dinero, que la gente es muy individualista o que los jóvenes están viviendo en una burbuja virtual fabricada por otros, los controladores de tendencias, a su gusto y beneficio. En la misma línea, es legítimo pensar que este mundo no tiene, en general, remedio y que vamos camino del desastre.

     Una lectura creyente de ese mismo mundo no es buenista, no piensa que “to el mundo es bueno” y percibe muy claramente el mal, no en abstracto, sino encarnado concretamente en torno nuestro. Pero no se queda en el lamento, sino que se pone a trabajar para cambiarlo. Una lectura creyente permite descubrir las semillas del Espíritu de Dios en los sitios más inesperados, inesperados quizá porque aunque seamos creyentes, no terminamos de ver del todo la realidad con los ojos con los que Dios la ve. Cierto es que, por ejemplo, un ateo puede decir que hace el bien solo porque su conciencia se lo pide, sin ninguna motivación religiosa, pero eso no es contradictorio con lo anterior, pues los mismos creyentes, cuando hacemos el bien, tampoco descubrimos a la primera la presencia de Dios y podemos responder, como el alumno del Colegio Concertado de Pizarrales premiado, junto a sus compañeros , por ayudar a otros niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA), que no entendían del todo la razón de haber sido premiados, pues ellos ayudaban porque era lo normal y así lo hacían todos los días.

     Viene esto a cuento de que el viernes pasado tuve la fortuna de asistir a la XXII Gala de entrega de los Premios Solidaridad de Cruz Roja de Salamanca. Iba yo con la esperanza de que Francisco Javier Hernández obtuviera algún premio por su implicación en el Proyecto “Luz para Benín”, que está construyendo una Escuela de Formación Profesional se Electricistas en Banikoara, la región más pobre de uno de los países más pobres –Benín- del continente más pobre –África-, pero me encontré con que los premiados fueron los alumnos del Colegio Concertado “Pizarrales”, a los que intento ayudar en lo que puedo y, sobre todo, no estorbarles.

     El Espíritu puede habitar en la cabeza de Celia, que ahora luce mucho más que antes, después de haber donado su magnífica melena rubia para confeccionar pelucas para enfermos de cáncer. Por cierto, que a mí no me podría haber servido, pues hubiera sido una pena tener que teñirla y tengo que conformarme con “tener las ideas mucho más claras” que hace unos años. Gracias, Celia, por tu generosa espontaneidad y simpatía.

     Mucha vida espiritual debe haber en Magdalena Hernández Mediero para fundar, hace ya treinta años, y mantenerse en la brecha desde entonces, la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer. Ella fue la estrella de la gala. Merecidamente.

     Las veintiuna personas o grupos nominados para los Premios habían hecho méritos más que suficientes. Estoy feliz porque hay mucha más gente buena de lo que pudiera parecer. No se trata solo de buenos sentimientos, que también, se trata de hechos solidarios llevados a cabo por varones y mujeres, niños, jóvenes, adultos y ancianos, estudiantes y profesionales, empresarios o trabajadores, personas todas de bien. Entre ellas, la misma Elena Salamanca, la periodista de Antena 3 que condujo con maestría y profesionalidad joven la gala.