Jueves, 22 de febrero de 2018

Los Populismos y Europa

Al hablar del populismo desde el punto de vista político en realidad nos estamos refiriendo a cosas diferentes, por un lado, tenemos el populismo como acción política que se resume en una política demagógica ofreciendo a los ciudadanos todo lo que piden independientemente de si es posible llevarlo a cabo y por otro lado, hablamos de un modelo de movimiento socio-político que suele surgir con ocasión de una fractura social y una crisis económica aguda que pone en cuestión todo el sistema político existente y propugna su derogación en aras del Pueblo. 
Los movimientos populistas rechazan el concepto de Derecha e Izquierda, aunque exista un populismo de Derecha como el que representa el presidente Trump, la Liga Norte italiana o el Frente Nacional francés y un Populismo de Izquierda que apela directamente al Pueblo del que se presenta como único y genuino representante. Este movimiento sociopolítico se suele caracterizar como Antisistema, en contra de las élites, la casta o los de Arriba. Sus métodos de lucha utilizan tanto la calle y las redes sociales como las propias instituciones con el fin de descalificar tanto el sistema de partidos tradicional, como las propias leyes. 
Los movimientos populistas aparecen por diversas razones políticas, económicas y sociales desde la crisis del sistema político cuando los ciudadanos no se sienten representados por los partidos políticos tradicionales, los efectos de la crisis económica con la fractura social y el aumento de las desigualdades económicas o simplemente el descontento ciudadano por la corrupción y la colusión de intereses entre el mundo político y las élites económicas.
Para el sistema democrático y representativo los populismos son profundamente perturbadores porque rechazan el sistema de leyes establecido y las garantías jurídicas en aras de la ira ciudadana, la apelación al Pueblo y la utilización de las emociones sobre el comportamiento racional. 
Cuando una Comunidad se deja llevar por las emociones y exige medidas drásticas e inmediatas para resolver los problemas entramos en el terreno de la improvisación y la irracionalidad con consecuencias desastrosas para los ciudadanos. ¿Les recuerdo la cantidad de personas inocentes que murieron ahorcadas en Estados Unidos en el Oeste americano por petición de las masas?.
Hoy en día Europa se ve igualmente azotada por los movimientos populistas profundamente nacionalistas y antieuropeos como demuestran los partidos que gobiernan Polonia, Hungría o Chequia, los partidos que impulsaron el Brexit británico o los que pretenden convertir a la Unión Europea en un conglomerado ingobernable de 200 estados en aras de la defensa de una étnia o una lengua propia. 
Afortunadamente, con excepciones relevantes como el caso Belga con el nacionalismo Flamenco, el Danés o Austriaco, los partidos populistas no están consiguiendo demasiados éxitos en su lucha contra la Unión europea, ahí queda el fracaso del Frente Nacional francés, la caída en las encuestas del partido Podemos, el fracaso del partido griego Syriza o el previsible fracaso del Movimiento 5 Estrellas de Grillo en Italia en las inminentes elecciones italianas.
En un mundo internacionalizado el futuro pasa por Uniones de Estados fuertes tanto económica como políticamente, mientras que la disgregación solo favorece a los países más fuertes por eso debemos defender la Unión Europea. 
Una Unión Europea estable políticamente con un Parlamento democrático con poderes para elegir al Presidente de la Unión y con competencias de control sobre el Gobierno de la Unión. Necesitamos una Unión que combata los populismos de derechas y de izquierdas mediante la reforma democrática del sistema de Partidos y elecciones verdaderamente Europeas con candidatos de todos los países, como pretende el Parlamento europeo para 2019. La Unión no es solo económica para recibir fondos para agricultores, infraestructuras o apoyar las finanzas de los Estados que la componen es también una Unión Social y Cultural que nos compromete a todos en la reducción de las desigualdades sociales y nos une en torno a unos valores democráticos y éticos que deben presidir nuestra vida social y ciudadana.