Viernes, 23 de febrero de 2018

‘Batuecas 1600’, las obras de la salmantina María Goméz en La Calcografía

Este viernes, a las 20.00 horas, se inaugurará esta muestra, que se podrá visitar hasta el 6 de marzo
Fragmento de una de las obras de María Gómez, incluida en esta muestra

Meditar, reflexionar, rezar, volar o habitar; en ‘Batuecas 1600’ la artista María Gómez nos invita a adentrarnos en su mundo, por primera vez en su ciudad natal.

La cita para descubrir esta exposición es este viernes 26 a las 20.00 horas en  La Calcografía (avenida Italia 21). Una exposición que se podrá visitar hasta el 6 de marzo, de lunes a viernes de 11.00 a 14.00 y de 17.00 a 20.00 horas.

María Gómez, artista salmantina

La Calcografía recibe, por primera vez en una exposición individual, a la que es quizás una de las artistas salmantinas más importantes del panorama tanto nacional como internacional.

Nacida en Salamanca, 1953, María Gómez asistió a clases en la Escuela de Artes y Oficios de Salamanca de pintura, dibujo y escultura.

Estudió en la Escuela de Bellas Artes de San Jorge de Barcelona y en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Un viaje a Nueva York en 1978 le descubre en el Moma a de Saul Steinberg.

Viajó con una beca de intercambio a París en 1980-81, donde estudia Grabado con el maestro suizo Bruno Müller. Una nueva beca (1983) le permite ampliar sus conocimientos, esta vez en la Scuola Internazionale di Grafica de Venecia.

En 1991 se traslada a Roma con una beca para la Academia de España. Numerosas exposiciones tanto nacionales como internacionales avalan su trayectoria.

Batuecas 1600

Esta exposición titulada “Batuecas 1600” (año en que se empezó a construir el monasterio de S. José), nos sumerge en un mundo donde los personajes que lo habitan hacen meditación, rezan, reflexionan o ... vuelan: El monasterio de Batuecas ha sido considerado por muchos como un paraíso terrenal, un jardín místico, un huerto cerrado (por la clausura impuesta en el desierto*), allí dónde se podía realizar una feliz edad de oro, viviendo como los primitivos cristianos: utopía soñada por muchas generaciones.

En la tradición eremítica de Oriente y Occidente, el hábitat natural, apartado de la civilización, formó parte de la vida de los ermitaños. Los primeros carmelitas del Desierto de San José lograron, sin pretenderlo, racionalizar el mito regresivo de Batuecas –un recóndito valle tenido por mágico y cargado de leyendas- en una historia de progreso: domesticaron la naturaleza agreste haciendo ver que ni en el valle ni en los montes que lo circundaban hubiese seres humanos extraños, que los montes estaban vacíos y que ellos, desde su proyecto espiritual, la fueron haciendo habitable.