Lunes, 23 de abril de 2018
Las Arribes al día

La Bufa de San Antón ahuyenta al ‘maligno’ del corazón de La Ribera

ALDEADÁVILA DE LA RIBERA | Los muchachos, ataviados con sacos de arpillera y capirotes, ahuyentaron con cencerros y sus voces los males para los animales y cosechas

Los más pequeños, por conocer lo que han escuchado, y los mayores por acompañar a los primeros o recordar lo que un día les contaron, en Aldeadávila de la Ribera se reunían este sábado previo a la celebración de San Antón para revivir La Bufa, primera mascarada de invierno que tenía lugar en la provincia charra en la víspera del Patrón de los animales, un rito ancestral de influjo pagano que sobrevivió a la cristianización por medio de su trasformación.

Y como en los últimos seis años ya desde su recuperación, en la Bufa ejercía de mayordoma la concejala de Festejos del Ayuntamiento de Aldeadávila, Virginia García, que tras la dramatización de esta ancestral fiesta, en nombre del Consistorio ofrecía a todos los participantes un convite.

Pero antes, los bufadores se concentraban en el Centro Cultural para asistir a una breve explicación de los orígenes de La Bufa, eso sí, versión dramatizada por segundo año consecutivo por el grupo de teatro Lombó y cuyos componentes darían vida después a la Urga y al Judas, personajes malignos en esta versión actual de La Bufa y a la que le proporcionan un nivel de dramatización del que carecía en el pasado.

Así, niños, madres y padres salían en ‘estampida’ por las calles de Aldeadávila camino a la Plaza, un pasacalles no exento de emoción para los más pequeños y de los sonidos de los tradicionales cencerros para ahuyentar el mal, además de un carro provisto de paja con la que castigar a quienes se le atribuye la enfermedad de los animales y las malas cosechas.

Por su puesto que La Bufa ya no es lo que fue, pero precisamente por eso es más necesario que nunca su difusión y su conservación, pues forma parte de ese patrimonio inmaterial que moldea la cultura de los pueblos, en este caso del corazón de La Ribera.

Los orígenes de La Bufa

Muy pocos hoy recuerdan las correrías de los niños por las calles en penumbra de Aldeadávila haciendo sonar sus cencerros atados a la cintura con una rosquilla entre sus manos, seguramente procedente de la bandeja puesta en convite por el mayordomo de San Antón, encargado de presidir cada acto en la víspera y el día del Santo. Ángel Arroyo fue el último mayordomo de La Bufa de San Antón, hace 43 años, pues corrían días de 1975.

Desde entonces la fiesta de La Bufa había dejado paso al vacío de un tiempo muerto, un intervalo hasta que hace ocho años esta celebración, de orígenes prerromanos, resurgió de sus cenizas gracias a la labor documental llevada a cabo por el etnógrafo Daniel Cruz Sagredo.

La Bufa es la única mascarada de invierno que se celebra actualmente en la provincia de Salamanca, y comparte orígenes con otras que se celebran en provincias como Zamora o regiones como la extremeña, en todas ellas con el denominador común del intento por ahuyentar al ‘maligno’ o a los malos espíritus que deambulaban entre sus animales y tierras con la llegada de las noches de solsticio. Más adelante estas costumbres paganas fueron acogidas por la Iglesia ante la imposibilidad de su erradicación, pues de las gentes emanaba con fuerza las creencias de sus ancestros.

En palabras del etnógrafo e historiador Bernardo Calvo Brioso, y que hace seis años recogía LAS ARRIBES AL DÍA tras su paso por esta localidad como pregonero de esta mascarada, La Bufa es “el tesoro más antiguo de Aldeadávila, seña de identidad y estandarte más representativo, una revista a la forma de vida de los antepasados, un patrimonio cultural inmaterial que hay que conservar”.

Tras el convite en el bajo del Centro Cultural, para mañana domingo está prevista a las 13.15 horas la misa en honor a San Antón y la tradiiconal bendición de animales.

Extraordinaria simbología

En el caso de La Bufa de Aldedávila, la indumentaria de sus protagonistas revela la mofa que en este día, previo a San Antón, los vecinos hacían del obispo de Salamanca y de los franciscanos de Santa Marina. Se consideró tal afrenta el pasacalles ruidoso y burlesco que el obispo de Salamanca, Diego de Deza, en el sínodo de 1497, prohibió su celebración bajo amenaza de excomunión a quien osase perpetrar tal ofensa para la Iglesia. Afortunadamente para la cultura, el empeño de los aldeavilucos fue más allá, y la Bufa perduró a pesar de los inquisidores, que veían en las mascaradas un subterfugio para el demonio.

Señales de esta burla se delata en sus capirotes en forma de mitra y sus atuendos de arpillera, a semejanza de las vestimentas eremitas de los monjes confinados en el convento de La Verde, todo ello aderezado de cencerros a la cintura, vejigas hinchadas, cintas de colores y cualquier instrumento con el que hacer ruido para alejar al Judas y la Urga y evitar la esterilidad de sus campos y animales, papeles que representan a los malos espíritus y que cobran forma en un ser abominable, con aspecto de animal, y una bruja de poderes malignos, personajes emparentados con los de otras mascaradas de provincias limítrofes a la salmantina.

Junto a esta indumentaria que muestran los bufoneros o bufantes, no falta la influencia portuguesa, en este caso representada en las máscaras y pintado de las caras para hacerlos irreconocibles ante el mal, primero, y ante el poder eclesiástico, más tarde, además de la figura de los mayordomos, ‘pedigüeños’ por naturaleza que recorrían las puertas en busca de recompensa a su postulado. Como en las provincias de Orense, Zamora y Tras os Montes en Portugal, La Bufa de Aldeadávila, como La Loa en La Alberca, es exponente de un patrimonio cultural de gran importancia antropológica.

  • Los niños disfrutaron con las carreras tras la Urga y el Judas / MARIBEL SÁNCHEZ
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