Martes, 23 de enero de 2018

Belle de jour

De la torpe ignorancia que confunde
lo mezquino y lo inmenso;
de la dura injusticia del más alto,
de la saña mortal de los pequeños,
¡no es posible que huyáis!”

ROSALÍA DE CASTRO

 

Parece haberles faltado tiempo a las integrantes de ese grupo femenino autocalificado de “intelectuales y artistas”, después del contundente y brillantísimo alegato feminista de Oprah Winfrey en la reciente entrega de los Globos de Oro en Los Ángeles, para firmar y publicar en Francia un manifiesto denunciando, con un bochornoso “no es para tanto”, el que ellas llaman “clima de puritanismo” instalado en la sociedad a raíz de las denuncias por acoso a algunos famosos. Parece haber faltado tiempo a este grupo de damas de una alta alcurnia cada vez más incomprensible (desde luego no mental y mucho menos moral), cuando la ilusionante efervescencia que la reivindicación feminista por la igualdad y la dignidad va empapando un mundo hasta la náusea machista, para arremeter contra los todavía tímidos avances de las mujeres en pro de su dignidad y contra el abuso, el atropello y la ofensa a que millones de mujeres se ven sometidas cada día en cualquier latitud, profesión, ámbito o actividad.

Con el nombre de la actriz francesa Catherine Deneuve (Ay...Belle de jour... ) encabezando ese vergonzoso y vergonzante manifiesto de desprecio a las mujeres que sufren o han sufrido la violencia del acoso sexual y la coacción, ese centenar de “artistas” (?) e “intelectuales” (??) francesas, afirman apoyar, por ejemplo, a los ‘seductores de mujeres insistentes o torpes’, o el derecho masculino a “importunar” a las mujeres como parte de su ritual de conquista, absolviéndolos como por decreto de sus excesos grandes o pequeños, y mezclando deliberadamente un acto de seducción basado en el respeto y el placer con el acto violento del acoso, la indignidad del hostigamiento sexual y el intolerable chantaje del machismo explícito o implícito a que se ven sometidas mujeres de toda condición en sus relaciones laborales, matrimoniales, de pareja, afectivas y hasta familiares, que no merecen que ningún “artista” ni “intelectual” de cualquier ancho de vía, venga a dictarles los límites de su transigencia ni la medida de su dignidad.

Los avances que la sociedad a duras penas consigue contra la violencia de todo tipo hacia las mujeres, que han tenido clamorosa (e ilusionante) expresión y extensión casi internacional con las denuncias hollywoodenses hacia acosadores sexuales y hostigadores famosos, pueden verse seriamente comprometidos con estos manifiestos que, aunque pura necedad, so capa de defender una cierta forma de “galantería” masculina y “relaciones humanas”, no hacen sino abofetear a quienes se esfuerzan diariamente por conquistar el respeto, la dignidad y la igualdad de las mujeres, e insulta gravemente con la confusión de términos y la barahúnda de matices a quienes mantienen una de las más dignas batallas sociales contra la equivocada concepción de la sexualidad y las relaciones entre sexos, ésa que otorga al hombre el papel de “conquistador” y a la mujer el rol de “sumisa”, y en la que parecen nadar plácidas estas “artistas” e “intelectuales”  encabezadas por Mme. Deneuve (triste Tristana...).

Probablemente ese  retrógrado manifiesto francés (no nos engañemos, podría tener cualquier otra nacionalidad, pues ha sido inmediatamente apoyado por reaccionarios y derechistas de toda latitud), que confunde interesadamente la naturaleza del acoso con las supuestas venialidades de la seducción –que tampoco convencen-, no consiga arrumbar la ya imparable dinámica de apertura de ventanas al aire de la igualdad y a la limpieza de la verdad y el respeto que significan los movimientos “metoo” y otros de denuncia y justa intransigencia hacia el acoso a las mujeres. Posiblemente sea ya irreversible el cambio iniciado en las concepciones “tradicionales” de las relaciones humanas, especialmente en lo que respecta al trato hacia las mujeres, a raíz de las denuncias, manifestaciones, reacciones y movimientos de apoyo a la igualdad y contra el acoso y la depredación sexual que se suceden, felizmente, en todo el mundo. Pero el poso de desolación y tristeza que, en mitad de la lucha y quedando tanto por ganar, transmiten y pregonan manifiestos como este de mujeres “artistas” e “intelectuales”, que quitan importancia a lo innoble del machismo, alaban ciertas formas de dominación masculina y niegan la sevicia de cualquier tipo de acoso sexual, siembra en el terreno de la imitación y el seguidismo -pueril pero abonado por las mercaderías- de gran parte de la adolescencia y la juventud, un germen de justificación de la infamia, un ánimo de repetición de la violencia y un poso de indiferencia hacia los culpables, que podría convertir en tarea de Sísifo la lucha por la igualdad.