Miércoles, 20 de junio de 2018

Sangre, sudor y paz....

Hoy se presenta en Salamanca una gran obra. Para que no perdamos la memoria de unos hechos que nos afectaron a todos, y a más de una generación. Todos somos deudores de unos hechos que han influido y siguen influyendo en nuestras vidas, y deudores de las personas que nos protegieron y velaron, y lo siguen haciendo como son los miembros de la Guardia Civil. Lorenzo Silva, Gonzalo Araluce y Manuel Sánchez Corbí han hecho un gran trabajo de un gran valor incalculable para mantener viva la memoria de tantos que vivieron esos años en silencio, y para rendirles la justicia de la historia.  

Apelar a ciertos miedos, hacerlos ondear al viento y poner a las gentes delante del espejo, en el que se refleja lo que verdaderamente les afecta, puede constituir una fórmula de control de la sociedad muy eficaz. El control social es la aspiración que todavía alimenta la trayectoria de algunos partidos políticos a los que no les queda otra. Se trata de conservar o aumentar su parcela de poder durante el mayor tiempo posible.

Hay temas prioritarios que pueden movilizarnos a todos, ponernos en marcha para hacer ondear una pancarta, para sentarnos delante de un ministerio, para pitar, para dibujar una pintada donde más se vea, y para decir lo que se piensa cuando las gentes tienen poca costumbre de hacerlo en una sociedad profundamente eufemística. Existen una serie de debates que mientras no son planteados no sacan a la sociedad de su adormecimiento del día a día. En España, la sociedad suele andar escasa de remordimientos, de memoria. La omisión, la negativa a actuar, a ayudar, a entender, a colaborar, a escuchar, a disculparnos, a comprender y a ayudar, es el delito más extendido de la España de la infinita “transición” hacia no se sabe dónde, de la eterna huida hacia adelante.

Los teléfonos de quién se halla en declive cada día suenan menos. La ausencia de éxito sitúa a cada cual en su sitio. El carácter efímero de la fama nos sitúa a todos cerca de la realidad evitando que nos elevemos demasiado por encima de los demás. A quién parece despuntar los teléfonos le agobian. El teléfono es indicador de éxito o de derrota en todos los aspectos de la vida de las gentes. Es imprescindible para sobrevivir. Todos llaman a la vez o dejan de hacerlo también a la vez. La sociedad le otorga a cada uno un determinado grado de éxito social. La sociedad hace difícil la vida a la sociedad. En este país donde la memoria colectiva y personal siempre flaquea, parece que quien pretende perdurar en el recuerdo debe salir a genialidad diaria. Las estrellas fugaces siempre se apagan, otras se extinguen ellas mismas, por eso las gentes acaban dirigiendo la vista hacia las que permanecen brillantes.

Los españoles castigamos muy poco. En España hay una deriva de pasividad brutal. Se piensa o reflexiona poco por no decir nada. Es un problema de la sociedad civil. Ejemplos los tenemos desgraciadamente todos los días en todos los sectores, como la política en algunos quieren ahora ser investidos por videoconferencia estando huidos de la justicia, a otros se les toleran mil y una tropelías mientras descansan en Marbella, otros a la espera de sentencia siguen viviendo a costa del dinero de los parados, terroristas confesos se pasean al amparo de algunos partidos políticos, se defienden ideas anticonstitucionales con total impunidad, etc..., se toleran tantas barbaridades que ya nadie se mueve ni para defender lo cercano, lo palpable, los suyo porque por pequeño o próximo a nadie le va a importar. Hoy en día hay que sumar además que vivimos en un mundo inculto y complejo, lleno de ruido y con muy poco criterio, en el que los valores desaparecen ayudados por unas redes sociales que crean mucha confusión, porque no siempre el receptor filtra adecuadamente.

La prensa rigurosa está siendo sofocada y suplantada por un montón de aficionados, manipuladores y espontáneos, que forman un grupo heterogéneo en el que prima la ausencia de rigor. Ese rigor que se le exigía al periodista de carrera, y que él se exigía a sí mismo. Se está perdiendo la batalla frente al populismo, a la demagogia barata, a la noticia sin confirmar y al sensacionalismo fácil de las redes sociales. El lector o receptor se está comportando y pensando según lo que le ofrece la red social populista, desordenada e irresponsable, que al final también hay que decirlo es gratis y a gusto del consumidor. Las redes sociales están matando al periodismo y la opinión rigurosa. Ello hace que vivamos una época muy peligrosa, muy cambiante, en la que únicamente la cultura, el coraje, la dignidad y el valor de cada uno nos puede ayudar a soportarla.

Pero para todo hay excepciones y, aunque cada vez menos, la presentación de obras, que nos hacen reflexionar desde el rigor y la memoria, como “Sangre, sudor y paz...”, la Guardia Civil contra ETA, es la historia de cinco decadas de lucha contra la tristemente famosa banda armada. Este no es un libro neutral y tampoco lo es el relato que contiene. Está escrito desde el lado de quienes la combatieron desde el lado de la ley, y que acabaron demostrando un compromiso con la sociedad que defendían y defienden jamás igualado. Una historia, además, de éxito, el de un Estado, sus ciudadanos, sus leyes y sus instituciones frente a un reto endiablado y por momentos tan angustioso como desesperante. La historia, en fin, de un logro policial sin parangón en nuestro entorno, conseguido a partir del sudor y la sangre que en las coyunturas adversas forman parte del precio de la paz.