Lunes, 16 de julio de 2018

¿Cultura cristiana? En recuerdo del profesor Fernando Sebastián Aguilar, cardenal de la Iglesia

 

 

 

 

 

     Mi maestro Fernando Sebastián, profesor mío que fue de Teología, y luego rector de mi Universidad, La Pontificia de Salamanca -aunque también he sido alumno de la USAL, en la que también he tenido maestros a los que estar agradecido, particularmente el ha poco fallecido Dr. Mariano Álvarez- publicó en la pag . 17 del último número de la Revista “Vida Nueva” un articulito titulado “¿Navidad sin Jesucristo?” en el que venía a quejarse de que alcaldes y alcaldesas de diversa adscripción ideológica quieren convertir la fiesta de la Navidad en una fiesta simplemente cultural, queriendo gozar de los frutos del cristianismo sin reconocer el origen cristiano de esta cultura.

     La mayor parte de nuestros mandatarios pretenden ser culturalmente correctos, aparentemente muy tolerantes, lo que equivale a decir que, en la sustancia, podrían ser culturalmente autoritarios. Claro que, si la mayor parte de nuestros conciudadanos, al alejarse de Jesucristo, se creen más modernos y más cultos, los jefes en realidad estarían con la mayoría, que es religiosamente indiferente, cuando no pos cristiana o anticristiana. Yo creo, sin embargo, que vivimos –y debemos vivir, como se ha demostrado recientemente en Cataluña- en una sociedad plural, donde ninguna minoría, por más mayoritaria que sea, debe imponer su concepción del mundo a los demás como si fuera la verdad única, perdiendo de ese modo su carácter democrático. Tengo para mí que la democracia le sienta especialmente bien al cristianismo.

     Como dice D. Fernando Sebastián, “la fe cristiana crea cultura, pero no se diluye en ella. La fe tiene su identidad propia, es la aceptación personal de Dios como Dios y de Jesucristo como Salvador de la humanidad. Esta fe es la esencia de la religión cristiana. Configura nuestra visión del mundo, por eso es la fuerza más potente en el proceso histórico de las creaciones culturales. Querer conservar los bienes de la cultura cristiana sin la fe en Dios es como querer comer higos después de haber cortado la higuera”. A lo que se ve, D. Fernando practica el mismo sentido común del que hacía gala en clase hace cincuenta años.

     Frutos históricos de la cultura cristiana hay muchos. Hablando del pasado citaré solo dos, porque “me tocan” de cerca, entre muchos: la creación de las Universidades –este año 2018 celebramos el octavo Centenario de la fundación de nuestra USAL- y la puesta en práctica de la Enseñanza Primaria para todos los niños, independientemente de su clase social, llevada a cabo en primer lugar por Calazanz en la Italia del siglo XVII.

     Ahora bien, lo que a mí me interesa es el futuro. Es decir: ¿está creando Cultura la fe cristiana de cara al futuro? O, precisando más la pregunta: ¿está el cristianismo colaborando con otras muchas instancias, en el seno de una sociedad plural, para crear cultura de cara al futuro? En principio, el futuro lo dirá, pues el futuro, por definición, nos es desconocido. Pero así como el agricultor tiene el deber de estar atento a los brotes para intentar adivinar la cosecha por venir, creo entrever algunas yemas prometedoras.

     En primer lugar, la fe cristiana está colaborando activamente en la conservación de la cultura heredada, cosa importante, pues, por más pretencioso que se sea, el futuro se asienta sobre el presente y el pasado. ¿Para superarlos?

     En segundo lugar, por apoyarme en alguien tan mediático como el Papa Francisco, tengo para mí que el cristianismo está en aquello de “sostenella y no enmendalla”, que algunos se están empeñando en enmendar la plana al pasado: todos somos ciudadanos de pleno derecho, también los disminuidos psíquicos, también los que, al decir del Papa Francisco, habitan en las periferias existenciales, arrumbados contra su voluntad en las cunetas de la civilización; también las personas mayores; también las personas sin hogar –hoy mismo he conocido a un ciudadano sin hogar que habla 7 idiomas y tiene 14 especialidades laborales certificadas por la autoridad competente-; también los no nacidos, si no se les interrumpe artificialmente la gestación, vaya, si no se les aborta, llegarán necesariamente a ser ciudadanos 18 años después de haber sido nacidos; también los 250 millones de migrantes y los 22,5 millones de refugiados; también los cientos de millones de la torturada África; también los indígenas de la Amazonía…Parece que el cristianismo, en diálogo ecuménico e interreligioso, está apostando por reconocer en la práctica social, económica, política, nacional e internacional, lo que es un dato de fe claro: que todos los seres humanos somos imagen de Dios. Claro que no sé si esto tendrá consecuencias culturales…o contraculturales.

     Un último dato de fe, con proyección cultural de futuro: el Cristo de la Humildad, de Fernando Mayoral, que se puede contemplar desde esta Navidad en la iglesia de San Martín, en Salamanca, es una clara muestra de la vocación de futuro que tienen los cristianos de la llamada Tierra Santa (u Oriente Medio, Oriente Próximo): seguir viviendo la fe en medio de mayorías aplastantes de otras religiones, sobre todo islámicas. A lo mejor podemos ayudarles algo a crear la cultura de la paz, siempre tan frágil, en aquellas tierras…