Miércoles, 25 de abril de 2018

Reyes

Tú eres un rey, construye y reparte felicidad

Al hablar hoy de Reyes, no me refiero al tipo de gobierno, monárquico o republicano, que suele estar en liza en las preferencias de algunos políticos o de buen número de ciudadanos. No hablamos de los reyes que rigen algunos países, generalmente del ámbito occidental, pero también de algunas sociedades africanas (véase Marruecos) u otras asiáticas (ver el ejemplo de Tailandia o el gobierno del emperador del Japón).

Hoy toca hablar de la próxima fiesta de Reyes, que naturalmente recuerda y celebra el episodio de la llegada a Belén de los llamados Reyes Magos, aunque lo que parece más propio es que eran Magos y no reyes. Lo importante es tener en cuenta que se trata de hombres sabios (unos magos, dice el evangelio, pero no nos aclara si eran tres o más), que han adivinado por las estrellas o señales del cielo que ha nacido el rey de los judíos anunciado por los profetas.

Esto puso nervioso y en guardia al rey Herodes, porque temía que este muchacho recién nacido le disputara el reino. Y, al verse burlado por los magos, que marcharon por otro camino sin volver a indicar a Herodes dónde se encontraba el Niño, decidió dar muerte a todos los niños de la región de Belén menores de dos años, que era el tiempo que los magos habían marcado para el nacimiento del Rey de reyes. Y nos creó el episodio y la fiesta de los inocentes.

Pero hoy nos interesa poner de relieve que los ¿tres? Reyes magos ofrecieron al recién nacido tres tipos de regalos: oro, incienso y mirra. Quizá por eso se ha fijado el número de los reyes en tres.

La fiesta de Reyes o Epifanía es para los cristianos orientales su propia Navidad, y para nosotros es como una segunda fiesta de Navidad. La fiesta que nos recuerda que el Niño Dios se manifestó (eso significa Epifanía), además de a María, a José y a los pastores, a otras gentes que procedían de pueblos alejados del mundo judío que, por lo tanto, eran paganos, o infieles, como los consideraban los judíos. Es decir, el Niño Jesús es el Dios que se ha manifestado a todos, y no a unos pocos selectos o elegidos.

Popularmente, entre los cristianos de occidente, la fiesta de Reyes es la fiesta de los regalos. Es verdad que el papá Noel le va comiendo el terreno a los misteriosos Reyes. Y muchos aprovechan para recibir regalos de los Reyes y de papá Noel. ¡Qué lejos de aquellas ilusiones con que los cristianos de nuestra infancia esperábamos los pobres regalos, pero en todo caso excepcionales, juguetes o dulzuras que los pajes de los Reyes (nuestros padres) dejaban en nuestros pequeños zapatos.

Naturalmente que esto no tiene nada que ver con las artificiales cajas de regalos que en nuestras plazas o escaparates nos invitan a adelantarnos a los reyes y a gastar por adelantado nuestros moderados o escasos ahorros. Regalos que no se ofrecen ya sólo a los niños, sino a todos los miembros de la familia.

Los regalos, pues, nos los hacemos ya entre nosotros por el imperio de la tradición, pero no tienen nada que ver con aquellos obsequios que los magos ofrecieron en Belén al Niño nacido de la Virgen María. Que se merecía naturalmente todos los regalos, pero que Él mismo es, sobre todo, el gran regalo, el inmenso regalo que nos dio el Padre Dios, con el que nos ofrecía la plenitud de la salvación, es decir, la condición de ser hijos de Dios y, como tales, estar llamados a recibir la herencia de la felicidad, no sólo en el cielo, sino en nuestra condición de personas que viven en la dignidad de hijos de Dios y de hermanos y seguidores de Jesucristo, imitándolo en el cumplimiento y vivencia de las bienaventuranzas, es decir, en el acierto y la práctica de ser felices, bienaventurados.

Comentaban varios padres que los Reyes Magos habían leído todas las cartas recibidas. Y las habían contestado cumpliendo los deseos y peticiones.

“Nos ha emocionado, comentan Melchor, Gaspar y Baltasar, que todos, niños y mayores, están pidiendo lo mismo. Porque, con los regalos, todos pedís felicidad. Por eso, este año traemos y os regalamos la felicidad.

En cada regalo, en cada juguete, en cada sorpresa, en cada alegría, encontraréis algo de felicidad. La FELICIDAD, más que un juguete delicado, es una herramienta, un estado del espíritu, una forma de ser”.

Instrucciones para compartir felicidad:

·       Usad y compartid la felicidad con otros, familiares y amigos.

·       Regaladla a cuantos la buscan y necesitan, porque no son felices.

·       Conservadla sin romperla, compartidla sin temor a perderla.

·       Cultivad cuanto os ayuda a vivir felices y a regalar felicidad.

·       Jugad a ser felices con quienes quieran acompañaros.

·       Cuanta más felicidad regaléis, más felicidad crece en vosotros.

·       Cuidad todas las piezas para que la felicidad funcione.

·       Dad buen trato a la felicidad. Sed sembradores de felicidad.

·       Si sabéis jugar y gozar con la felicidad, como se debe, el año que viene os traeremos más.

Nosotros somos los reyes. Tú eres un rey, que construyes y repartes la felicidad.