Viernes, 20 de julio de 2018

Los alojamientos rurales de la provincia salmantina generan casi 600 puestos de trabajo

Salamanca dispone de 482 establecimientos -23 menos que hace un año- y casi 4.000 plazas
El Parque Natural Arribes, uno de los principales destinos de turismo rural

Los alojamientos rurales de la provincia cierran un año 2017 más que satisfactorio para el turismo rural. Este sector actualmente dispone de 482 establecimientos en Salamanca -23 menos que hace un año- dando trabajo a 595 personas, cifra que supera de largo las 600 en los meses de verano.

Sierra de Francia, Arribes, Sierra de Béjar, comarcas de Ledesma y Ciudad Rodrigo acaparan buena parte de estos establecimientos que recibieron hasta noviembre casi 68.000 viajeros, de los que 9.311 llegaron en abril, coincidiendo con Semana Santa y 9.509 en agosto. En cuanto a pernoctaciones, con 148.095 entre enero y noviembre, también fueron los meses de agosto, con 29.299 y abril, con 20.257, los que recibieron el mayor número.  Desde la Asociación Arribes Salmantinos de Turismo Rural, Asastur, -con 17 casas, alojamientos y centros de turismo rural- destacan que 2017 ha sido “mejor que el año anterior”, con un nivel de ocupación que en las fiestas navideñas ha superado el 80%.

Especialización para un turista cada vez más exigente

Lograr el máximo aprovechamiento de los recursos turísticos que ofrece cada zona –cultura, naturaleza o gastronomía- es el objetivo de un sector importante para la economía de numerosas zonas rurales de la provincia. Sector que ha evolucionado en los últimos años con fusiones y alianzas, tendiendo hacia la especialización de la oferta con productos específicos. Así se recoge en el Plan Estratégico de Turismo de la Junta que, con carácter cuatrienal, finaliza este 2018. El plan indica que, además de seguir avanzando en  la competitividad -con innovación y calidad- y la rentabilidad del sector turístico, uno de los grandes retos del sector del turismo rural es reducir su dependencia de la estacionalidad.

“Hay que ser más competitivos, a través de la especialización, porque el turista que llega a un alojamiento rural busca vivir experiencias en destino, ha aumentado su nivel de exigencia. Se trata de explotar el potencial del turismo rural para crear productos turísticos difícilmente imitables y sustituibles, pues se basan en la identidad de nuestro espacio turístico: productos de turismo familiar, de naturaleza, gastronómico, religioso o de salud”.