Miércoles, 18 de julio de 2018

Mis Deseos para 2018 como ciudadano de España y Europa.

Todos los años, instituciones políticas y simples ciudadanos al repensar en el año transcurrido proclaman solemnemente una serie de deseos para el nuevo año. Desde los Gobiernos se suele hacer hincapié en la mejora de la situación económica para todos los ciudadanos y en toda una batería de proyectos de reforma, muchos de los cuales apenas se van a iniciar o sencillamente desaparecen en algún cajón ministerial. 
Los ciudadanos hacen promesas mucho más prosaicas, algunas tienen que ver con la salud, hacer deporte cada día, comidas más sanas, otras tienen que ver con el ritmo acelerado de vida, reducir el estrés, dedicar más tiempo a la familia y a los amigos. En cualquier caso, cada año instituciones y ciudadanos solemos repetir un rito que en un parte de los casos no se cumple.
Por mi parte, voy a expresar los deseos para el nuevo año no tanto desde el ámbito personal, aquél que hace referencia a la vida personal y familiar, sino en el ámbito que como ciudadano de España  y europeo convencido me afecta igual que al resto de los mortales que vivimos en este país.
Parece evidente que en España y Europa tenemos dos graves problemas que afectan al conjunto de la ciudadanía, la crisis política que golpea a España y al conjunto de Europa y el fin de las políticas económicas de austeridad que han generado un aumento de las desigualdades sociales en la vieja Europa.
En el caso español, la crisis política se manifiesta en un Gobierno débil, acosado por la corrupción, en una profunda desconfianza de los ciudadanos en sus instituciones políticas y sociales, partidos y sindicatos, y en una crisis de confianza sobre el régimen democrático y el rumbo de la Unión Europea. Si a eso añadimos la fractura social catalana, una sociedad dividida entre los que desean la independencia de Cataluña a toda costa, sin pensar en las consecuencias de todo tipo para la propia Cataluña y para el conjunto de España, y los ciudadanos catalanes que prefieren seguir formando parte de España, podemos comprender los enormes problemas que nos aquejan y que nos afectan como pueblo y como ciudadanos.
En el caso europeo, la parálisis en el proceso de democratización de la Unión Europea, el desequilibrio de poder en favor de Alemania con sus particulares intereses en el Este de Europa y los nuevos nacionalismos de extrema derecha que gobiernan en Polonia, Hungria y otros países plantean igualmente un año muy complicado que puede reducir los efectos de la mejora económica y por consiguiente impedir que los ciudadanos normales salgan de una crisis que ya lleva 10 años sobre nuestras espaldas.
A las alturas de 2018, el gran objetivo de la Unión Europea debería ser acabar con las políticas de austeridad gubernamental mediante la subida progresiva de los salarios, con un esfuerzo especial en el salario mínimo y por supuesto terminar con la congelación de las pensiones que están grabando la vida de las familias en España y Europa. Sin olvidar, la reforma democrática de las instituciones europeas para dar más transparencia a las decisiones políticas y reforzar el parlamento europeo frente a los burócratas de Bruselas.
En el caso español, es urgente junto con el fin de las políticas de austeridad y la subida de salarios y pensiones la reforma del sistema de contratación laboral para dar más estabilidad en el empleo al trabajador y reducir los empleos temporales y precarios. A nivel político, sería necesario una reforma legal del sistema de partidos políticos y de su financiación para reducir los casos de corrupción política, sin olvidar una mayor transparencia en las decisiones del Gobierno central, de las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos.
Respecto al asunto catalán, solo cabe una reforma constitucional que ofrezca un mejor acomodo a las diferentes regiones españolas, incluyendo a Cataluña, junto con una profunda reforma del sistema de financiación autonómico que conlleve una mayor responsabilidad y lealtad fiscal de los gobiernos autonómicos. 
Los expertos constitucionalistas, los ciudadanos españoles y muchos políticos también esperamos que este año 2018 sea el año de la reforma constitucional que acerque el sistema democrático a los ciudadanos y resuelva en un sentido federal los problemas que ha demostrado nuestra Constitución a lo largo de estos 40 años de historia. Deseo como ciudadano español y europeo que se pongan en marcha las reformas políticas y sociales frente al inmovilismo que solo conduce a la decadencia y al desastre para España y para Europa.