Miércoles, 25 de abril de 2018

Corre, Diana, corre

En medio de este estrépito de fin de año, uvas, cohetes, luces, alegrías, resúmenes y propósitos, se nos ha colado una ondina que flota sobre el pozo de los días y las noches de las pesadillas de todas las mujeres. Lleva el pelo largo, apenas tiene dieciocho años y es delgada como un junco roto. Ha esperado pacientemente en su tumba de agua, al abrigo de todas las miradas y de todas las esperanzas, incluso las más cercanas a que estuviéramos todos quietos haciendo un alto en nuestras vidas, rememorando y buscando nuevos alicientes. El deseo de flotar la ha elevado sobre nosotros, mariposa acuática, libélula rota… y ahí la tenemos, bella y desmadejada, acusando con un dedo y protegiendo con otro a otra muchacha que tuvo mejor suerte.

Diana Quer es el rostro de todas las mujeres, el de la belleza, el del miedo a volver sola a casa pendiente de un ruido, del chirrido de unas ruedas que se paran a tu lado mientras crees que puedes correr lo suficiente. La falta suele tener este desenlace, el de un hombre que comete una aberración, el de una mujer que calla lo que sabe, el de los meses consumiéndose mientras esperas que sea una fuga, madre que sabe, madre que intuye, madre que nunca dejará de creer que volverás, tus alas chamuscadas, tu chulería de chica guapa.

Pero no vuelves. Las películas acaban bien, la vida no. La vida te pone en el camino de un sádico, de un hijo de puta que bien haría colgándose de una viga. Lo siento, yo tampoco soy persona ante todo esto. Soy mujer, de esas que volvían a casa asustadas, pero convencidas de que nadie debía acompañarnos. Sola y valiente, tonta y confiada. Y ahí íbamos, cómo irá mi hija, como queremos ir todas, solas y libres de volver cuándo y cómo queramos. Sin embargo, qué duro que no podamos. Que no puedan, que no podrán.

Dicen que el 2018 tendrá nombre de mujer. Ya lo tiene. Diana, la cazadora cazada, la paciente habitante de su pozo de sombras, de su oscura tumba de agua. Hermosa y sabia, hundida en la tierra, esperando, confiando, siempre presente, como todas las que no están, como todos los que esperamos. Corre, Diana, la valentía tiene que ser nuestra divisa, esa que no es mostrarse desnuda al mundo, sino regresar cuando quieras a tu casa, ser consciente de tu valía, de tu belleza y de tu insoportable valentía. Corre, corre… nadie te alcanzará ahora. Es tiempo de desear que descanses, en paz, en la paz de esa venganza que todos queremos ¿Por qué negarlo? Corre, corre, corre, corre…

Texto: Charo Alonso.

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.