Miércoles, 25 de abril de 2018

Otro año nuevo.

Los mejores deseos para todos, conocidos  y desconocidos, mirando a mi alrededor y escuchando y viendo las noticias no parece que los humanos mejoremos mucho, pienso que nos repetimos sin cesar. Repetimos errores y seguimos sin valorar nuestras fortunas, escuchando quejarse a algunos parece que están en Ruanda o Siria.
Es increíble la injusticia social que sigue creciendo y las desigualdades.
Mi decisión es pequeña, busco lo mejor para cada momento y para los que me rodean y están en mi área de influencia. Quiero rehuir de las grandilocuencias y de los iluminados salvadores de mundo. Tengo claro que uno de los mayores pecados capitales es la soberbia y que admiro más y más a los humildes.
Qué cansado de charlatanes y de mis propios argumentos.
Que suerte encontrar en el camino personas sensibles y que aburrido encontrar prepotentes defensores de sí mismos.
Ni mucho menos estoy rendido y no tiraré la toalla, sigo luchando por encontrar la ganzúa de la educación, aquella que abra todas las cerraduras. Sigo radicalmente enraizado en los “ últimos”, en los despreciados por un sistema político corrompido.
Me hace feliz mezclarme sesgadamente, aprovecharme de la diversidad para aprender y sorprenderme.
Tengo cincuenta años y estoy abierto a todo, orgulloso de mis hijas espero transmitirles esperanza y un espíritu de superación irreductible, ni con las mayores adversidades. Tienen de mí ejemplos buenos y malos espero que se queden con los buenos.
Leer lo que nos rodea orienta la vida, los verdaderos sentimientos es lo que cuenta. Siempre he sido positivo y lo sigo siendo, pero cada vez es más difícil encontrar sinergias.
No pienso hacer propósitos de año nuevo, no quiero plantearme el vivir como un cúmulo de obligaciones egoístas de salir a correr, hacer dieta, estudiar idiomas, etc. Todo orientado en pensar los cánones que cada uno tiene impuestos.
El intento nuevo es no intentar nada, seguir hasta el absurdo, o hasta alguna victoria. Parece que hasta que nuestro destino nos sea revelado cada uno hace lo que puede.
También en occidente vivimos en una montaña Rusa que no controlamos, pero ni comparación con lo que viven las familias del mundo mayor. Incluso los que tenemos una clara segunda oportunidad hemos vivido una desmesurada vida llena, yo no tengo derecho a ninguna queja a pesar del sufrimiento, todo lo que queda en mí es agradecimiento y una clarividencia un tanto desencantada de cómo vivimos y a qué dedicamos nuestros mayores esfuerzos.
No me siento dueño de mi destino y mucho menos  del de los demás. Por eso ante acontecimientos tan irrelevantes como los de Cataluña me decepciona tanto todo un pueblo, incoherente e irresponsable con los más necesitados, fanáticos de una irreal democracia y seguidores de falsos líderes sin carisma ni conciencia social. Eso ni es revolución, ni es república. El valor está en los problemas ajenos que eres capaz de resolver, no en los que eres capaz a de crear entorno a conceptos absurdos como las fronteras.