Lunes, 22 de enero de 2018

ENCONTRÉ UNA PERLA EN EL DESIERTO.

 

Seguramente alguien pensará que es imposible, pero a nivel figurado yo he encontrado a Fátima Velázquez Rodríguez, una canaria de Tenerife, que actualmente vive en Duqm, una pequeña ciudad de Omán, con su marido José Luis quien aterrizó en estas tierras desérticas hace casi siete años. Ella  reside aquí desde hace  cuatro con  una vida tranquila, en ocasiones demasiado. 

Fátima es una mujer que brilla con luz propia, como las perlas, sin necesidad de accesorios, es natural, con un carácter abierto y una sonrisa amplia en su cara. Sus ojos vivos miran lo mejor que la vida le ofrece cada día, pero en la profundidad de su mirada se divisa una brizna de melancolía y añoranza por sus dos maravillosos hijos: Javier y Patricia, que residen y trabajan en su tierra canaria y a los que adora por encima de todo.

 

Esta mujer fuerte y luchadora  ha sufrido el mayor de los dolores para una madre; soportar el sufrimiento del daño que hicieron a su hija. Defiende a sus cachorros con garras y entereza y mejor mantenerse lejos de invadir su espacio familiar porque quien lo intente puede salir muy mal parado. Ha sabido transmitir a sus hijos, junto a José Luís, los valores necesarios para que a día de hoy sus hijos sean personas responsables y con criterio propio, Se siente orgullosa de ellos.

 

 Fátima  habla con pasión de los regalos que ha descubierto en esta vida sencilla y tranquila del desierto: ha aprendido a disfrutar de la soledad y a escuchar sus mensajes. Su vida en pareja se ha enriquecido día a día y ha recuperado la ilusión de una joven enamorada. Habla con pasión y admiración de su esposo y tiene muy claro que estar a su lado cada día y compartir los pocos momentos que la vida de expatriados deja, es un gran regalo. 

Hace pocas semanas que apareció en mi vida este ángel de luz, que seguramente será de los que acompañan a su querida Virgen de Candelaria y que volando se ha posado  a mi lado para ayudarme a vivir una experiencia nueva de vida. Juntas pasamos horas de charla bajo palmeras y con el mar por testigo,  sin duda se llevará nuestras confidencias y sus aguas ahogarán los momentos difíciles  de  experiencias pasadas para dejar paso al calor de una bonita amistad. 

 

Las perlas también existen en el desierto, se elaboran cuando se cruzan energías de un mismo nivel de conciencia. 

Desde estas líneas agradezco al universo, que Fátima se cruzara una tarde en mi camino y me haga pasar momentos de felicidad y espero que juntas formemos un hermoso collar de perlas del desierto.