Domingo, 21 de enero de 2018

Nuestra libertad...

La vida humana es compleja y difícil pero coherente, por la misma supervivencia de la especie, y por eso mismo es capaz de generar racionalidad en su propio funcionamiento, que no depende como la razón pura, de sí misma, sino de un equilibrio de relaciones entre el sujeto y su entorno o, dicho en términos orteguianos, entre yo y mi circunstancia.

La vida no es abstracta ni ideal, sino un acontecimiento donde el hombre está con las cosas teniendo que hacer algo en permanente interacción con ellas. Por otro lado la vida no se reduce al presente porque lo que va pasando queda incorporado a ella como pasado. De igual modo la vida es anticipación de sí misma y apunta a un proyecto de futuro cuya ejecución es propia del quehacer humano, de forma que la vida presente absorbe el futuro y se dilata hacia lo que todavía no es.

Recordando a Cervantes el hombre no es Quijote ni Sancho, sino una síntesis de ambos. Aunque Sancho es el reposo de Don Quijote, y no deja de emplear la palabra “hazaña”. La vida es progreso y en ese pensar en el progreso realizamos mil y un hazañas.

Pasa que algunas veces algunos personajes se salen del guión y quieren crearse una libertad inventada. Son mentiruscos con piedras que se mueven menos que los muñecos de futbolín, siempre palante o patras. Más por ello los gobernantes son los encargados de que no crezca más la bola o el bulo, y de hacer aterrizar a los que creen que pueden volar al margen de la ley y libertad dadas por todos, es decir de la soberanía nacional.

La libertad es un valor superior del ordenamiento jurídico español nacido de la Constitución de 1978. El valor de la libertad planea sobre todos los derechos reconocidos y regulados por las normas legales, y es necesario que sea respetado por todos, con la misma intensidad que los valores de igualdad, justicia y pluralismo político, ya que son la base para garantizar el respeto a la dignidad de la persona.

El hombre estima la libertad y, con su bandera, se han levantado ilusiones y se han hecho revoluciones. La sociedad también aprecia este valor superior de la libertad y, por este motivo, cuando la sociedad, organizada en una superestructura de poder que denominamos Estado, ha de tomar medidas ante la conducta de aquellos que no respetan las normas de convivencia, reacciona limitando o suprimiendo la libertad del infractor. Es lo que conocemos como "ius puniendi" o derecho a castigar del Estado, regulado por normas penales. Con el derecho penal, el Estado institucionaliza los mecanismos de control de la sociedad. Su aplicación es la reacción última o respuesta mayor en la escala represiva o sancionadora establecida, y el único mecanismo para preservar la libertad establecida por todos.