Viernes, 20 de abril de 2018

Frentismo, separatismo y M. Rajoy

Profesor de Derecho Penal de la Usal

Durante la campaña de las elecciones catalanas, el PP elevó su tono frentista, convencido de que era la mejor manera de convencer a los electores indecisos para acabar con los partidos políticos separatistas. La espiral diabólica dialéctica la inició la vicepresidenta del gobierno (que en sus intervenciones y mítines siempre muestra una cara de pocos amigos), diciendo que el PP ha sido el único que ha “conseguido” que el separatismo no tenga líderes porque están “descabezados”. Además, se permitió el lujo de insinuar que gracias al PP estos “líderes descabezados” estaban encarcelados o huidos de la justicia y refugiados en otros países. Es decir, que mientras que en otras ocasiones enarbolan la “independencia” de la justicia, en esta ocasión les ha interesado transmitir al electorado (en mensaje directo, que es el que cala) que si no hubiera sido el PP ni se hubiera aplicado el artículo 155 de la CE ni hubieran decretado prisión preventiva a esos líderes que están en prisión. Está bien que la señora Santamaría se haya quitado la careta, pero entonces, ¿en qué lugar dejan a la independencia judicial?

A esta intervención le siguió la de M. Rajoy, quién, con su soberbia habitual, invitó a los electores a dar el último “arreón” para conseguir aunar una representación política frentista mayor y vencer al bloque independentista. La expresión utilizada no es precisamente la más elegante para animar a los ciudadanos a votar, sino una expresión más apropiada para definir la lucha de los humanos en el manejo de rebaños de animales.

Pero el desaguisado no terminó ahí, sino que el mismo M. Rajoy, aprovechando la cena de navidad con miembros del PP madrileño en Las Rozas, alardeaba de la utilización del 155 identificándolo como “la purga Benito”, medicina que termina con todos los males, en este caso con el independentismo y se permitió dar lecciones de ética y moralidad diciendo que “todos los gobernantes ya saben lo que pasa cuando hacen aquello que no se puede hacer”. Lo más curioso es que esas lecciones de ética las dio ante el PP de Madrid, en las Rozas, pueblo que tiene un alcalde (también presente en el evento) investigado por la presunta comisión de delitos relacionados con la corrupción política. M. Rajoy se permitió el lujo de afirmar que “estamos (gobierno y PP) del lado bueno de la historia”, dejando claro que los demás, que no comulgan con la visión política que ellos tienen, están en el lado malo, en la ciudad del mal. Curiosamente, todas estas expresiones las realizó M. Rajoy en la jornada de reflexión de las elecciones autonómicas catalanas y, por tanto, hizo campaña ilegalmente, no respetó la ley (electoral) que él tanto exige que cumplan los demás.

Pues bien, el resultado electoral en Cataluña ha constituido un revés de dimensiones incalculables para M. Rajoy, su gobierno y su partido porque, por un lado, la suma de escaños de partidos independentistas sigue dándoles a éstos la mayoría absoluta en el Parlament; por otro, porque nunca antes en nuestra reciente democracia, uno de los partidos que obtiene más escaños (JUNSxCAT) tiene a su líder prófugo de la justicia española residiendo en otro país y otro  (ERC) tiene a uno de sus líderes más conocidos en prisión preventiva. Por su parte, el PP de M. Rajoy con Albiol de líder en Cataluña, ha conseguido los peores resultados de la historia (3 escaños), perdiendo el 73 % de representación en el Parlament. Se ha convertido en una formación política residual, superada por todos los demás partidos, incluso por los anticapitalistas de la CUP.

M. Rajoy ha fracasado estrepitosamente; con él han proliferado los independentistas como nunca antes y no ha sabido resolver políticamente el conflicto (acudiendo exclusivamente al respeto de la ley, sin ofrecer otras alternativas de reformas consensuadas). En consecuencia, M. Rajoy debería dimitir cuanto antes. Los ciudadanos no tenemos el deber de soportar una situación política y social de esta envergadura que, si nadie lo remedia, rasgará los jirones de la convivencia y tendrán que pasar muchos años para superar el conflicto y restañar las heridas.