Sábado, 21 de julio de 2018

Salamanca y su alma mater

La noticia más importante de esta semana en Salamanca ha sido, sin duda alguna, la celebración, un año más, de la nochevieja universitaria. Una actividad en la que unos 20.000 jóvenes de todo el país e incluso de fuera de España, se han reunido en la plaza mayor salmantina y sus alrededores para celebrar simbólicamente el fin de año, en un momento que coincide con la proximidad de las vacaciones y fiestas de Navidad.

Es un aliciente más para una ciudad típicamente universitaria, que está diseñada para la Academia y ésta, para la ciudad. Y en este ambiente universitario, además del estudio, “quién quiera aprender que vaya a Salamanca” (dicho popular), los jóvenes disfrutan del jolgorio, la fiesta y la lujuria, “advierte, hija mía, que estás en Salamanca, que es llamada en todo el mundo madre de las ciencias, y que de ordinario cursan en ella y habitan diez o doce mil estudiantes, gente moza, antojadiza, arrojada, libre, aficionada, gastadora, discreta, diabólica y de buen humor (La tía fingida, Miguel de Cervantes).

En el estudio, Salamanca ha tenido el privilegio de contar entre sus personajes más célebres a los mejores científicos, literatos, juristas, filósofos, médicos, matemáticos y astrónomos que en el mundo han sido. Desde Nebrija, Francisco de Vitoria, Fray Luis de León, Salinas, Unamuno, Dorado Montero, Antón Oneca, Tierno Galván o Tomás y Valiente (por citar, quizá, algunos de los más conocidos). También brillaron algunos otros científicos que no pudieron ser profesores de la universidad, como Abraham Zacut, por ser judío. Este excepcional científico y astrónomo salmantino, con conocimientos de navegación (aunque esto último es cuestionado por algunos investigadores), llegó a ser nombrado historiador y astrónomo real por el rey Juan II de Portugal, después de su expulsión, como la del resto de los judíos, de Castilla y Aragón, en 1492. Para grandeza de Portugal, algunos historiadores dicen que influyo decisivamente en el diseño y ejecución de los viajes del luso Vasco de Gama.

Ahora que se acerca el octavo centenario de nuestra Universidad, la más antigua de España -“prior in tempore, potior in iure”-, y con un joven, preparado y emprendedor Rector, Ricardo Rivero -recientemente elegido-, debemos reivindicar que la calidad de la docencia, el nivel de investigación, las publicaciones, las infraestructuras y la ratio profesor/ alumnos, sean las adecuadas y lo que históricamente Salamanca siempre fue: la ciudad de la sabiduría, por excelencia. Además, las instituciones de gobierno, los centros de investigación y las empresas deben implicarse para que esos jóvenes formados en la Universidad puedan encontrar nichos de trabajo adecuados a su formación y evitar la emigración. Es una pena que dejemos ir a la mejor generación de jóvenes formados a otros países porque en España no tienen el futuro que les corresponde y al que tienen derecho por la formación adquirida. Los gobiernos locales, autonómicos y nacionales deben también esforzarse más e invertir más recursos para conseguir ese anhelado objetivo.

Es una pena que una universidad como la de Salamanca, con más de 30.000 universitarios matriculados, esté enclavada en una provincia que padece una sangría poblacional alarmante. En 2016, por ejemplo, ha habido el doble de fallecimientos que de nacimientos. El porcentaje de recién nacidos se ha reducido en un 4,6 %, mientras que los fallecimientos han crecido un 1,7 % y, en cambio, la población sigue emigrando hacia otros lugares más prósperos y con mayores y mejores ofertas laborales.

La ciudad y provincia de Salamanca no deben vivir sólo de las nocheviejas universitarias,  de los pisos de alquiler que ocupan los estudiantes y de los jóvenes de otras localidades y provincias que llenan bares de copas todos los fines de semana. Las empresas, apoyadas por la Universidad y las instituciones de gobierno territoriales, deben contratar a más titulados universitarios para que éstos sientan colmadas sus aspiraciones laborales y sus expectativas de vida.