Domingo, 15 de julio de 2018

De divorcios y portazos

Toda esta gente, ahora y aquí, pedimos políticos a la altura de las circunstancias que negocien nuestro futuro con sentido común y profesionalidad. Andreu Buenafuente

Parece que corren tiempos de divorcios, separaciones, incluso, de portazos. El Reino Unido pacta su divorcio con la Unión Europea (UE) aunque algunos dicen que trata más de un cese temporal de la convivencia, expresión menos áspera con la que la Casa Real Española anunció el 13 de noviembre de 2007 el caso de separación de Don Jaime de Marichalar y la infanta Elena.

Sea como fuere, la salida de los ingleses de la UE traerá mucha cola, de hecho ya la hay, porque son unas cuantas las capitales europeas que ofrecen sus territorios para que se instalen allí las instituciones y empresas que quieran abandonar los dominios de la reina Isabel II, una soberana que en su largo, larguísimo, reinado ya habrá visto de todo por lo que esta nueva situación no creo que le suponga una gran preocupación. Y yo me pregunto ¿cuándo el Brexit sea una realidad el Sr. Puigdemont seguirá en Bruselas? ¿Gobernará su Ínsula Barataria desde el exilio?

Siento la ironía de las preguntas, es broma no lo siento. Pero es que la situación del proceso independentista, siendo una cuestión muy seria, está tornándose cómica. Resulta curioso que en las democracias se esté incrementado el poder de decisión en temas muy importantes de mayorías que resultan poco representativas sobre el conjunto de ciudadanos. En el caso del Brexit, con una participación del 72% y más de 33 millones y medio de voto emitidos, apenas 800.000 sirvieron para legitimar la salida del Reino Unido de la UE. En Cataluña, con una participación del 74,95%, fueron suficientes 7 escaños, de los 135 que conforman el Parlamento catalán, para que el presidente Puigdemont proclamara de forma unilateral la república, dando el pistoletazo de salida a la serie de acontecimientos en los que estamos inmersos.  

Es de dominio público que los divorcios salen caros, muy caros cuando los cónyuges no se llevan bien, pero no aprendemos en cabeza ajena. El expresidente de Cataluña no cesa en su afán de protagonizar la actualidad, sobre todo ahora que estamos en campaña para las próximas elecciones del día 21, eso sí sin rectificar ni un ápice su discurso. Es más, a medida que sus posibilidades parecen incrementarse sus intervenciones se hace más extravagantes, agresivas y ofensivas. Tal vez no lleguen hasta Bruselas las duras situaciones que están viviendo muchos ciudadanos en Cataluña, pero el expresidente continúa viviendo en los límites de la realidad y lo pagará, por desgracia no lo hará solo, todos pagaremos con él.

El victimismo del que hace gala Puigdemont por momentos más estrafalarios. Sabe que el tiempo no corre a su favor porque los ciudadanos, también los catalanes, tenemos memoria a plazo corto.Tendrá que hacer campaña desde Bruselas y lo hará con un nuevo partido creado para la ocasión (Junts per Catalunya) porque su antiguo socio, Oriol Junqueras, le ha dado portazo desde la cárcel. Esta va a ser, seguro, una campaña atípica, curiosa y poco clara.

Atípica, porque nunca se han celebrado unas elecciones autonómica impuestas desde el Gobierno de la Nación. Curiosa porque varios de sus candidatos están en prisión y otros en el extranjero, y por último, muy poco clara si nos atenemos a los que dicen las encuestas, un empate técnico entre Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y Ciutadans, seguidos a cierta distancia por Junts per Catalunya y el Partido Socialista. Pero las espadas están en alto y todo por decidir.

Si a Joaquín Sabina el portazo de su ex le sonó como un signo de interrogación[i], en los casos del Brexit y de Cataluña el signo de interrogación que dejarían los respectivos portazos, caso de producirse, serían muy muy grande y muy muy triste.

En esta lucha por el poder político en Cataluña, tanto de un lado como de otro se han perdio las formas y estas, sobre todo en democracia, son básicas. En esta campaña presiento que se hablara más de independencia, soberanía, constitucionalismo, políticos presos, poder opresor, decisiones judiciales, exilios, etc.; que de propuestas y programas. Yo confieso que no tengo demasiado interés por seguirlas de cerca, me aburre la repetición de discursos y frases hechas, sobre todo si tengo que leer subtítulos, porque, lo lamento, yo no hablo catalán ni en mis círculos íntimos y ya lo siento.

Además, estoy casi seguro de que los principales actores y actrices, se envolverán en sus respectivas banderas – unionistas o separatistas – para lanzar sus dardos dialecticos, cuando todos ellos y todas ellas, deberían tener muy presente que envolverse en banderas es siempre peligroso ya que no dejan pasar ni el aire, ni la luz ni el sol, elementos necesarios para limpiar el ambiente.    

Por eso hoy terminaré sumándome a la solicitud que realizó en cierta ocasión Andreu Buenafuente: Toda esta gente, ahora y aquí, pedimos políticos a la altura de las circunstancias que negocien nuestro futuro con sentido común y profesionalidad. ¡Sentido común, por favor, sentido común y profesionalidad!

 

[i] Dijo hola y adiós. Y el portazo sonó como un signo de interrogación. 19 días y 500 noches