Domingo, 17 de diciembre de 2017

La fiel Infantería

Hablar sobre la Infantería en la época de Carlos I equivale a referirse a la Infantería de Marina de aquel tiempo. Tratándose de un extenso imperio extendido por casi todo el mundo, es lógico pensar en la creación de un ejército que garantizara la integridad de esos territorios. El único medio de transporte de tropas a territorios lejanos era a través del mar. Por tanto, lo que entonces se conocía como Infantería de Marina eran simplemente tropas que combatían en tierra y se desplazaban en barco. Esta fuerza armada fue creada por Carlos I para establecerse de forma casi permanente en el  Mediterráneo, aunque fue su, hijo Felipe II, el que la convirtió en una verdadera fuerza de desembarco. Así nacieron los famosos Tercios, que tan gloriosas páginas han escrito en la historia española. A medida que avanzó la técnica para dotar a los buques de armamentos más eficaces y mayores autonomías, el Ejército de Tierra y la Armada, aunque buscando el mismo fin, fueron desarrollando la acción desde teatros de operaciones distintos. Hoy no se concibe una guerra si no se lleva a cabo con unidades heterogéneas.

En el combate moderno, la victoria –y también la derrota- suele tener su origen en acciones precisas llevadas a cabo por un número reducido de combatientes dotados de medios técnicos muy sofisticados, capaces de asestar golpes certeros en centros neurálgicos del enemigo. La sorpresa sigue siendo un principio fundamental de la acción. Ya se acabaron las guerras de trincheras, frentes estabilizados, las cargas de Caballería o los largos avances a pie. Hoy, la imprescindible polivalencia de los intervinientes obliga a dotarlos de la adecuada especialización. De esta forma, existen pilotos de aeronaves o de embarcaciones en las fueras terrestres, lo mismo que las fuerzas navales cuentan con vehículos acorazados capaces de combatir en tierra.

Hoy hace exactamente 432 años de un hecho singular en la historia de la Infantería española. Con ocasión de la Guerra de los Ochenta Años, los famosos Tercios de Flandes, al mando del bravo Alejandro Farnesio, estaban empeñados en sofocar la revuelta de los Países Bajos. En un momento determinado, una unidad española empeñada en la ocupación de la pequeña isla de Bommel –situada entre los ríos Mosa y Waal—vio cómo el enemigo  rompía los diques y forzaba a los españoles a abandonar todos sus pertrechos para ocupar las zonas más altas. Rodeados por un enemigo dotado de barcos especiales para navegar por canales de escasa profundidad, en medio de una zona atravesada por varios canales, los españoles trataron en vano de abrir una vía de escape y, cuando todo presagiaba un fatal desenlace, la noche del 7 al 8 de diciembre de 1585, se produjo un hecho que modificó totalmente la situación. En las labores de fortificación necesarias para repeler el más que seguro ataque del enemigo, un soldado español descubrió entre el barro una tabla que, después de limpia, resultó contener pintada una imagen de la Inmaculada, de vivos y muy nítidos colores. Esta circunstancia fue considerada como un hecho sobrenatural y los soldados españoles pidieron a la Virgen amparo y ayuda para salvar sus vidas. No bien habían terminado su invocación, y antes de que aparecieran las primeras luces del día, un súbito cambio de las condiciones climatológicas –algo que nunca más ha sucedido en esa zona-- trajo a la isla un viento gélido suficiente para congelar fuertemente los canales y, de esta forma, facilitar la salida de los infantes españoles que, ante el asombro de los holandeses, consiguieron una rotunda victoria. Inmediatamente, tanto los tercios de Flandes como los de Italia,  adoptaron como Patrona a la Inmaculada.

Con posterioridad, en la Regencia de María Cristina de Habsburgo se instituyó a la Inmaculada Concepción como patrona del arma de Infantería, por R. O. de 12 de noviembre de 1892. Por la especial concepción de los Ejércitos, el Arma de Infantería fue siempre la más numerosa y son muchos los millones de españoles que han servido a España en sus filas. Por muy modernos y sofisticados que sean los medios actuales, siempre será necesario el infante para el momento final del combate. Sigue siendo válido lo que dictaminaba la Doctrina del combate: La Infantería conquista, ocupa y conserva

Para todos los que siguen ostentando en su uniforme el rombo de Infantería y para los que se sientan honrados de haberlo llevado: ¡¡¡ Feliz Patrona !!!