Domingo, 17 de diciembre de 2017

Larga Historia, para leer hoy, día 8

 

Es curioso, porque cualquiera diría que lo de la concepción inmaculada y sin pecado de María, nacida como todos del vientre de su madre, es un dogma impuesto autoritariamente por la Iglesia católica. Y nada más lejos, sorprende su larga, controvertida y hasta entretenida historia.

Hace ya largos años hice mi tesina en Lenguas Clásicas sobre un “alcalde” de Estrasburgo del s. XV, Sebastian Brant, humanista, jurista y escritor (el de La nave de los locos, de larga influencia después). Y mi trabajo consistió en analizar e interpretar los insultos, entonces en latín, claro, que con palabras nuevas él inventaba en sus bandos municipales, a veces con muy soeces connotaciones, contra los vecinos de la ciudad que se manifestaban “maculistas”, partidarios de que la Virgen María había nacido como todos los humanos, con el pecado desde el origen. Y era un laico, claro, metido en política y además muy culto y por añadidura con ínfulas de poeta, dominando sabiamente el hexámetro (entonces la lengua universal era lógicamente el latín).

Es una curiosa muestra de la enorme beligerancia que durante siglos hubo en toda Europa sobre este tema entre toda clase de gentes, unos partidarios de María nacida sin pecado, purísima e inmaculada, asesorados sobre todo por agustinos y franciscanos, y otros defendiendo lo contrario, siguiendo el pensamiento de dominicos y jesuitas, afirmando que María nació como todos, con todo ese misterioso mal que sin saber cómo todos llevamos dentro. Las discusiones, y a veces más que eso, dominaron todas las clases sociales desde clérigos a mendigos, desde nobles y reyes hasta monjes y obispos, pasando por papas y cancilleres, sin olvidar albañiles, artesanos, amas de casa, militares y toda clase de ciudadanos. Increíble, pero toda la historia de esos siglos –teatro, relatos, coplas, fiestas, libros…- están llenos de esta polémica. Como no podía faltar hasta los tercios españoles ganaron en Flandes más de una batalla por el descubrimiento de alguna imagen misteriosa de María Inmaculada. Etc, etc, etc…

Todo esto, más allá de anécdotas, muestra la general discusión que durante siglos se mantuvo en toda la geografía católica. Sin que hubiera decisión pontificia al respeto por mucho que se pidiera por unos y se rechazara por otros. Todo esto me parece un buen ejemplo para estos tiempos en que en casi todo “pontificamos” todos. Tiene su ironía o su gracia.

En Salamanca hay también un testimonio bien visible de esa contienda entre teológica y social, es la iglesia de La Purísima levantada por el Conde de Monterrey, virrey entonces de Nápoles y militante activo a favor de la Concepción Inmaculada y Purísima de la Virgen María. Por eso encarga a Ribera el cuadro que preside la Iglesia y, como reza la larga inscripción que en el presbiterio declara las intenciones y razones de la construcción, “esta iglesia se levanta para que todos en todo el mundo confiesen y proclamen a la Virgen María como Inmaculada, limpia de pecado original”. Hoy mismo puede ser un buen día para visitar esta obra de piedad y de arte.

Y hay más hechos en Salamanca relacionados con este dogma de la Inmaculada. Uno es un detalle que se discute pero que es probable: un “maculista” fanático rompió la cartela que rodeaba la imagen de la Virgen que está en el parteluz de la puerta occidental de la Catedral nueva porque contenía un texto alusivo a La Inmaculada. Aunque el mayor suceso en nuestra ciudad sobre esta cuestión tuvo lugar el 28 de octubre de 1618 en la iglesia de las Úrsulas. La cosa tiene su historia y la resumo.

La Universidad de Salamanca no acababa de acordar el voto a favor del dogma como pedía Felipe III en repetidas cartas apremiando a hacerlo a los maestros de teología, a los rectores de los cuatro colegios mayores y a todos los colegiales, pero el peso de los dominicos retrasaba el cumplimiento de la Orden real. Hasta que el rey amenazó con retirar la paga y las subvenciones reales y ante este apremio se firmó el documento, después de larga procesión que partió de San Francisco, pasó por la catedral y acabó en las Úrsulas. Porque el Juramento no se hizo en la Capilla de la Universidad, ante la firme negativa del Capellán, dominico, sino en las Úrsulas que al fin y al cabo tenía como titular a la Purísima Virgen María. La ironía viene porque la escena de las Úrsulas está recogida muy fielmente en el cuadro que desde entonces preside la Capilla universitaria. Allí aparece poniendo su firma el entonces maestreescuela de la Universidad Don Francisco Arias Maldonado.

Siglos más tarde, el 8 de diciembre de 1854, por fin se declaró como dogma católico la Inmaculada y Purísima concepción de la Virgen María, que nació según antigua tradición de Ana y Joaquín, en Jerusalén. Después de siglos de muy activa reflexión y de difícil y lento consenso la Iglesia definió la cuestión. ¡Como para no admirarlo y valorarlo!

De todas formas, sea como sea, lo más importante es que todos echemos de nuestra vida todo mal y todo lo que ofende a Dios y/o va contra el prójimo. Amén.