Domingo, 17 de diciembre de 2017

Sumando voluntades Día internacional de los Derechos Humanos

 Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Así reza el primer artículo de la Declaración Universal de Derechos Humanos proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 10 de diciembre de 1.948.

¿Cree usted que si el texto de este artículo se leyera al comienzo de cualquier acto público o privado, de cualquier celebración civil o religiosa. Si su lectura abriera cada día todos los informativos de radio o televisión, si apareciera en primera plana de toda la prensa escrita día tras día, si la pudiéramos leer en las vallas publicitarias de las ciudades y las carreteras, el mundo cambiaría?

Yo, sinceramente, creo que sí. Porque si usted es un ser humanos, se habla de usted, si usted desea ser libre e igual en dignidad y derechos a todos sus semejantes, el texto se refiere a usted, si es una persona dotada de razón y conciencia, también habla de usted. No importa su raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política. No importa su origen nacional o social, su posición económica, su nacimiento o cualquier otra condición, los artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos, habla de usted porque hablan de todos, por eso nos incumbe a todos y nos obliga a todos. 

Pero los derechos siempre han ido de la mano de los deberes, son la cara y la cruz de la misma moneda, ya que hacer posible que otros disfruten sus derechos, supone aceptar que son nuestros deberes. Ya he comentado esto en otras colaboraciones, pero no me importa repetirlo porque entiendo que se trata de una cuestión básica. Que una persona pueda ejercer su derecho a vivir implica que todos debemos respetar su vida, que una persona pueda ejercer su derecho a tener un trabajo digno, supone que todos debemos contribuir para que así sea.

¿Quieren otra prueba? Son palabras de J.J. Rousseau en su obra El Contrato Social, una de las obras de influencia decisiva en nuestro actual orden social: “El pacto social establece entre los ciudadanos tal igualdad que todos ellos se comprometen bajo las mismas condiciones, y todos ellos deben gozar de los mismos derechos”. De nuevo derechos, compromisos y deberes en una misma frase. Y es que ningún derecho es posible sin que algún deber le acompañe. El ex secretario general de Naciones Unidas Kofi Annan, decía: “Los derechos humanos son sus derechos. Tómenlos. Defiéndanlos. Promuévanlos. Entiéndanlos e insistan en ellos. Nútranlos y enriquézcanlos. Son lo mejor de nosotros”.

Si ustedes se toman la molestia de buscar en Google, encontraran un gran número de entradas a la búsqueda “derechos y deberes de los ciudadanos” pero si se detienen un momento y consultan algunas, verán que casi exclusivamente se habla de derechos ¿Y los deberes? Pues eso, se quedan en la parte trasera de la moneda en la que no nos gusta ver y así nos va. En realidad se trata de algo sencillo, pero que nos empeñamos en complicar. Los derechos de otros nos deben interpelar, deben cuestionar nuestra responsabilidad compartida.

El próximo año 2018 se cumplirán 70 años de la solemne declaración que recordamos el domingo día 10. Una declaración trascrita a más de 500 idiomas, uno de los documentos más traducidos del mundo y también más incumplido. Una declaración que es considerada generalmente el fundamento de normas internacionales sobre derechos humano, que ha inspirado un valioso conjunto de tratados sobre derechos legalmente vinculantes y la promoción de los mismos en todo el mundo a lo largo de las últimas décadas. Un declaración que más que la defender, debe servir para instaurar la equidad, la justicia y la dignidad humana, ya que lamentablemente aún no es una realidad en muchos lugares.

Más de 815 millones de seres humanos en el mundo pasan hambre, 1 de cada 3 no puede acceder a los medicamentos que necesitan, 400 millones no disponen de ningún tipo de atención sanitaria y son casi 15 millones las personas refugiadas en el mundo ¿imagina que te toca a usted?

Como sociedad aún nos queda mucho por cambiar y largo trecho para tomar conciencia de la importancia de las palabras que figuran en los artículos de la Declaración. Debemos reconocer los avances logrados, pero también que como Humanidad nos queda aún un duro trabajo por hacer para lograr que los derechos que enumera el solemne texto sean realidad para todos. En palabras de Nelson Mandela: “Sabemos qué hay que hacer, lo que falta es voluntad de hacerlo”. ¡Vamos, sumemos voluntades, es nuestro deber y nuestro derecho!