Viernes, 15 de diciembre de 2017

La Purísima. Genealogía de una Parroquia.

…«toda la parroquia tiene que ser una comunidad de acogida». … «tras esa acogida, hacer una clara propuesta de fe; a veces no una propuesta explícita, sino una propuesta hecha con la actitud, para que en ella se respire el aire de la fe». Exhortaba a que «la parroquia no sea una institución de coyuntura, sino una institución audaz que sepa explorar nuevas modalidades, para ser casa con las puertas siempre abiertas».

Francisco, Congreso Diocesano de Roma, 2014

Para los seres humanos, para las sociedades, para la cultura es muy importante haFotografía de Tomás Gil (Fe y arte)cer memoria. Hacer historia es hacer viva la memoria y darle un sentido desde nuestra realidad vivida. Hacer memoria es siempre un acto presente que manifiesta una existencia personal y comunitaria cuyas coordenadas se escapan al desarrollo lineal de la mera temporalidad. Recordar es una forma de estar, pero sobre todo es una forma de hacer, es intentar establecer una trama de sentido en el caudaloso torrente de recuerdos y de acontecimientos. Pensar la fe, pensar sobre toda una comunidad de fe que nos ha precedido, es un “hacer memoria”, desde nuestra realidad pero de modo necesario es un acto de esperanza, una previsión de futuro.

A finales del siglo XIX, la Diócesis se vio en la necesidad de hacer también cambios y transformaciones para adaptarse a la nueva realidad salmantina y a las nuevas necesidades de los fieles en una ciudad adormecida en su pasado y la grandeza de su universidad. Es una época en la que se vive una realidad eclesial de fuerte endurecimiento institucional, como refugio a la secularización de la política y la cultura reinante. Aunque el liberalismo español de Cádiz, tiene una fuerte impronta de una religiosidad reformista, la Iglesia está muy alejada del mismo, ya que significaba una fuerte ruptura con el “orden cristiano” tal como se había entendido desde la Edad Media. En esta reestructuración de la Diócesis de la mano de su obispo el Padre Cámara, desaparecieron muchas Parroquias y se crearán otras nuevas. La ciudad contará con ocho parroquias: La Catedral, Nuestra Señora del Carmen, La Purísima Concepción, San Juan de Sahagún, San Martín, San Pablo, Sancti-Spíritus y la Santísima Trinidad en el Arrabal del Puente. Quedando como parroquia de patronato San Juan de Barbalos, siendo toda ella un único Arziprestazgo.

En esta mayo de 1887, nacía la parroquia de la Purísima, con el consentimiento de las Agustinas Recoletas y la Santa Sede, fundiendo las parroquias de San Benito y San Blas, que quedan junto con Santa María de los Caballeros, como iglesias filiales. Son las necesidades pastorales del momento, buscando concentrar en la parroquia la vida religiosa de los creyentes, en una ciudad poco evolucionada sin signos de modernidad y con unas condiciones de precariedad e indigencia muy elevadas. Estamos en la época de la  Restauración, en una España profundamente confesional y fuertemente clericalizada, más en una ciudad sin industria donde el tiempo parecía haberse detenido, con el único sobresalto de las ferias taurinas o alguna disputa con los grupos más integristas celosos de la labor del obispo. A pesar de todo, la Iglesia salmantina desempeñará un papel hegemónico en la vida de la ciudad, manteniendo una fuerte ortodoxia teológica e intelectual frente al modernismo liberal. Fue sonada la polémica entre el Obispo de la ciudad, Padre Cámara, con el profesor de Derecho Penal, Dorado Montero.

En esos meses, de mayo a diciembre, se organiza toda la estructura parroquial, que no parte de la nada, sino con la existencia y funcionamiento de las antiguas parroquias. La nueva parroquia de la Purísima convocaba a sus fieles con las campanas del templo de Santa María de los Caballeros, esperando la colocación de las mismas, estableciendo la misa parroquial a las nueve de la mañana. Su primer Párroco será Don Gaspar Jiménez Repila (1887 – 1911), la nueva realidad parroquial, ya partía con experiencia ya que fue antiguo párroco de San Julián (El Fomento). Era natural de Vitigudino, siendo más tarde Abad de la Real Capilla de San Marcos, diputado del Hospital de la Santísima Trinidad, realizará una importante labor con las cofradías, siendo presidente de la Vera Cruz. Se le consideró un sacerdote ejemplar y de bondadoso carácter, no solo entre sus feligreses, entre todas las clases sociales salmantinas, fallecerá en el año 1923 siendo su funeral muy concurrido. Le sucederá como Párroco de la Purísima en su jubilación su sobrino, Don Miguel Sánchez Jiménez (1911 – 1923), considerado como un gran orador sagrado, será después párroco de San Martín.

Su primer bautizo en la Purísima se celebrará en la Iglesia de San Benito, el 3 julio de 1887, Don Gaspar bautizará a  un niño que vivía en la Cuesta del Carmen y le pondrán por nombre Zoilo Félix Domingo. Los primeros feligreses que se casaron, también en San Benito, fueron Juan Rincón García y Rosa Prieto, un 23 de junio. Desde entonces, durante ciento treinta años, cientos de creyentes han celebrado su fe entre los muros parroquiales, así como los momentos más significativos de su vida, bautizos, comuniones, confirmaciones, bodas, funerales, bajo la preciosa cúpula de la Iglesia en la que están representadas las cuatro virtudes cardinales y símbolo de la bóveda divina.

 Libro de A. F. Calvert, León, Burgos and Salamanca, 1908, p. 575, posiblemente antes de la restauraciónEn San Benito y en San Blas, como iglesias matrices de la parroquia de la Purísima, se celebraban las bodas y funerales, pero también los bautismos. Según decreto del obispo, publicado en el Boletín Eclesiástico, debían de acudir los que vivían a la derecha de la Purísima a San Benito y los de la izquierda acudían a San Blas.  No debió ser fácil la transición, pasar de una serie de parroquias con cientos de años de historia o ser una matriz de nuevo centro parroquial que nacía, a pesar de su esplendorosa presencia artística. Sorprende que los feligreses se tuvieran que diversificar en una ciudad de poco más de 20.000 habitantes. Una ciudad abarcable, con sus calles laberínticas y medievales, dependiente de una agricultura subdesarrollada, con una industria casi inexistente, numerosos comercios en el centro urbano y la reciente llegada del ferrocarril en 1877, única ventana a la modernidad. Era una ciudad en la más plena significación decimonónica, pueblerina, diminuta y breve, con numerosas calles en el abandono y ensimismada en su mundo detenido. Junto a las campanas de Santa María de los Caballeros, se despertaba la feligresía de la nueva parroquia, con las sirenas de las modestas instalaciones de la fábrica de Moneo, instalada junto al campo de San Francisco desde 1884.

La primera cantamisa que se celebró en la nueva Parroquia fue el 29 de septiembre de 1887, las nueve de la mañana el joven presbítero Don Nicanor Sánchez García, celebrará su primera misa, predicando a los nuevos fieles en la hermosa Iglesia de las Agustinas, apadrinando el solemne acto, Don Policarpo Salvador (El Fomento/ Semana Católica). Desde el Concordato de 1851, el seminario de Salamanca se elevó a la categoría de universidad, desde la llegada de la Restauración se reorganizaron los seminarios, mejorando mucho la formación del clero y por tanto, también su tono espiritual.

La demarcación de la nueva parroquia comprendía la línea divisoria del Oeste, con la calle de la Paz, Daóiz, Rabanal, toda la de Cañizal y de la Compañía hasta la entrada de la calle Meléndez, Juan del Rey, Prado, Prior, Espoz y Mina, acera del Oeste de la plazuela de la Libertad, y por medio de la Cuesta del Carmen y de la Fuente en línea indefinida hacia el Nordeste. Siendo posiblemente la parroquia con mayor demarcación de toda la ciudad, desde el río Tormes hasta lo que después será la Avenida de Villamayor y desde Espoz y Mina, hasta un punto indefinido en lo que a mitad del siglo XX serán las viviendas protegidas de San Bernardo y Salas Pombo. Hoy día llega hasta la calle Volta y desde el río Tormes hasta la Avenida de Villamayor.

La joya artística que preside la Iglesia será el cuadro de la Inmaculada de Ribera, cumbre de la pintura barroca con su gran colorido y luminosidad, será un testigo privilegiado y querido de la vida de fe en la parroquia. Un año antes, la Comisión de Monumentos, bajo la presidencia del Gobernador Civil, se aprueba un presupuesto para la restauración de la Inmaculada de Ribera del convento de las Agustinas (El Progreso). La restauración del cuadro correrá a cargo del pintor – restaurador más afamado del siglo XIX, Don Francisco García Ibáñez, amigo personal del obispo de la ciudad, el padre Cámara. Formado en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, será restaurador del Museo del Prado y del Monasterio del Escorial, restaurará también dos cuadros del nacimiento del Mesías y de San Genaro. En octubre de 1887, vuelve de nuevo a Salamanca para realizar una fotografía del cuadro restaurado, cuya copia colocará en un tríptico de plata en filigrana, realizado por el prestigioso orfebre local orfebre local Ramón Santos Morán, que la diócesis regalará al Papa León XIII en sus Bodas de Oro. Casi cien años después, en 1991, “La Inmaculada de Ribera” saldrá de la Iglesia de las Agustinas, junto con otras obras, para ser restaurada de en el Museo del Prado, siendo uno de los cuadros más significados en la exposición para celebrar el cuarto centenario del “Españoleto”.

Ese año de su nacimiento como parroquia se prepararon los cultos a la Inmaculada con gran solemnidad, también en la catedral como en la Catedral, como en otras parroquias como era tradicional. No debemos olvidar que la declaración en 1854 del dogma del misterio de Inmaculada concepción, hizo vibrar al pueblo español, aunque la devoción mariana más extendida fue el rezo del Rosario. El Obispo de Salamanca, impartirá por primera desde la catedral la Bendición Papal. En la Purísima se celebrará un octavario, con misa todas las mañanas a las 10 h., que se repetirá por la tarde, con homilía y reserva de Jesús Sacramentado. Culminando las celebraciones el 15 de diciembre con una misa en la que predicó Don Primitivo Vicente, Párroco del Carmen.

Después de 130 años de historia, la Parroquia de la Purísima sigue teniendo vida cristiana cercana y acompañando a las personas en su fe, en la alegría y en el sufrimiento, anunciando la fe en Jesús. Todavía resuenan en los más mayores, la labor de Don Miguel Pereña, Don Eduardo Pérez, dando fe del esfuerzo realizado en el acompañamiento a sus fieles y en la atención a los más necesitados.

En el posconcilio y la llegada de la democracia, llevarán la parroquia Don José Manuel Hernández y Don Fructuoso Mangas, con un trabajo pastoral inmenso durante más de cuarenta años, llegando a tener el mayor número de fieles en las catequesis y las celebraciones. Durante su labor pastoral, muchos nos hemos sentido una auténtica familia de fe más allá de las celebraciones sacramentales. La realidad parroquial, ha ido recogiendo la fe de todos los creyentes que la han conformado y precedido, formando comunidad que ha vivido, anunciado y compartido una misma fe en la medida de las posibilidades de cada uno. En esa realidad han tenido un protagonismo numerosos creyentes que han contribuido a formar los ladrillos vivos de la realidad parroquial, unos muy conocidos en la vida cultural de la ciudad, otros casi anónimos pero muy presentes en la vida de comunidad. Destacar el trabajo pastoral y de atención a los más necesitados, que los hubo en la parroquia y no solo en el barrio de la Palma y San Vicente, con una amplia comunidad gitana.

Ahora, la parroquia presenta un nuevo formato pastoral, atendiendo a las nuevas necesidades diocesanas, formando una Unidad Pastoral con San Martín y San Julián. Sus nuevos Párrocos, Antonio Matilla y Policarpo Díaz, intentan hacer realidad en la misma, la esencia de una Iglesia en salida, misionera, cercana a todos y un lugar de comunión y participación, siguiendo los subrayados de Francisco y la Asamblea Diocesana. En esta nueva realidad los laicos deben cobran un nuevo protagonismo, que deberá ser activo, todos son llamados y todos son responsables, ya que su vocación no está separada de la misión. Desde esta memoria agradecida, miramos esperanzados hacia el futuro, la vida de fe continúa y, ante las nuevas fiestas parroquiales, estamos toda la ciudad invitados a celebrar el día de la Inmaculada Concepción y participar de las diferentes actividades programadas.

Fotografía de la Inmaculada: Tomás Gil (fe y arte)

Fotografía en Blanco y negro: Libro de A. F. Calvert, León, Burgos and Salamanca, 1908, p. 575, posiblemente antes de la restauración del cuadro