Viernes, 15 de diciembre de 2017

Constitución, ayer y hoy

La fiesta que hoy celebramos no es una conmemoración más, un acto sin más trascendencia, sino un día de gran importancia para la nación española. Nuestra Constitución, aquella nacida en 1978 del consenso de todas las fuerzas políticas, y apoyada mayoritariamente por los españoles, cumple 39 años

 

 

 

No fue una tarea fácil pero los artífices de la Carta Magna, esa norma suprema de nuestro ordenamiento jurídico que aún hoy sigue vigente, pusieron todo su esfuerzo y su empeño en sacar adelante un texto que significó la culminación de la Transición y la implantación definitiva de la democracia en España.

Y es especialmente en un día como hoy cuando debemos elogiar el trabajo de los Padres de la Constitución Española. Primeramente, recordar con cariño y admiración a Adolfo Suárez, que consiguió aprobar la Ley para la Reforma Política, a partir de la cual se entiende el inicio de la redacción de la Constitución.

Los siete encargados de elaborar esta tarea fueron: Gabriel Cisneros, José Pedro Pérez-Llorca, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón (UCD), Miquel Roca (CDC), Manuel Fraga (AP), Gregorio Peces Barba (PSOE) y Jordi Solé Tura (PSUC).

¿No notáis algo especial en estos nombres? ¿Y en las siglas de los partidos a los que pertenecían? Efectivamente: hubo representación de la inmensa mayoría del arco parlamentario de aquel momento. El diálogo y el interés general de España predominaron por encima de todo, y fueron la base para conseguir sacar adelante el que, sin duda, ha sido el mayor logro político de nuestro país.

La Constitución permitió que España recuperase una paz social y una estabilidad política que llevaba tiempo buscando, y que tan necesaria era para la sociedad. En 1978 se puso fin a la falta de libertad y se cerraron muchas de las heridas que se habían abierto en conflictos anteriores. 1978 fue un punto y aparte en la historia de España.

Si miramos atrás nos daremos cuenta de la grandeza de los políticos que España tenía en aquella época. Nos daremos cuenta que se dedicaban a la política por vocación. Nos daremos cuenta que buscaban engrandecer su país y a sus ciudadanos.

Desde la aprobación de la Constitución Española nuestro país cambió radicalmente. España comenzó a ser un país integrado en Europa, reconocido internacionalmente pero, sobre todo, logró unir a todos sus ciudadanos bajo un emblema, una bandera, unos principios democráticos que tantos años llevaban esperando.

Hoy, sin embargo, vemos como no pocos dirigentes políticos parecen arrepentirse de haber aprobado esta Constitución, y otros tantos abogan por suprimirla y crear una nueva porque la presente no la han votado y no la pueden suscribir… que tontería.

¿Y cuál es la excusa que utilizan? Pues la habitual de la izquierda más rancia de este país y de los extremistas de ambos bandos: tachar la Constitución de franquista y represiva y asegurar que no representa a la sociedad española. Como si ellos representasen a la sociedad española.

Soy de esa generación de españoles que llaman Hijos de la democracia. He nacido cuando la Constitución llevaba ya un par de décadas aprobada y hoy, en 2017, me siento representado por sus principios, comparto los valores que defiende y creo, sinceramente, que es un modelo para muchos países de nuestro alrededor.

No podemos ser oportunistas, y mucho menos desleales con nuestro país, y aprovechar la actual coyuntura política que atraviesa para hacer de sus normas lo que nos viene en gana y echar por tierra años de trabajo y convivencia. No podemos quebrar un modelo que ha resultado ser más que válido por el hecho de no compartir sus convicciones. Quizás no tengáis razón, quizás la Constitución no sea ningún fracaso.

No puede darnos ninguna lección de democracia ni de legalidad alguien que se ha saltado sistemáticamente la ley. No puede servir de referente ético aquel que vulnera los principios constitucionales, llevando a España y a Cataluña a una situación límite, política y socialmente, porque quiere imponer unas pautas que no caben en ese marco constitucional.

Claro que la Constitución Española es susceptible de ser modificada. Claro que hay aspectos que habrá que revisar. Pero no podemos abrir el proceso sin dos cosas: un objetivo, fijando claramente lo que queremos mejorar; y consenso, al igual que lo hubo en 1978. Y por ahora no tenemos ninguna de las dos.

Nuestra Constitución ha sido capaz de superar y hacer frente a desafíos de gran envergadura, entre ellos un golpe de Estado en 1981. Y nuevamente, este año, ha conseguido hacer frente al desafío separatista de Cataluña, a través de su artículo 155. Esto significa que es garantía de libertad y que sirve para frenar los excesos políticos de aquellos que se creen por encima del Estado.

Que nadie se lleve a engaño. Sin esta Constitución y sin el generoso apoyo del Congreso al Estatuto de Cataluña hoy no se viviría en esta región con la autonomía, la libertad y las garantías de que se disponen y los actos cometidos por el Govern cesado no habrían podido ser ni tan siquiera una ensoñación.

Así que, desde la perspectiva de que nos dota el paso del tiempo, casi 40 años después de haber aprobado esta norma, sigo defendiendo y defenderé siempre, como muchos de vosotros, la indisoluble unidad de España y seré leal con quienes se dejaron la piel para conseguir libertad para los españoles.

Confío en que el futuro nos permitirá seguir celebrando esta fiesta muchos años más, pues la Nación española es consciente de su relevancia y la importancia de recordar de dónde venimos y cómo hemos llegado a ser lo que somos.

¡Viva España! ¡Viva la Constitución!