Viernes, 15 de diciembre de 2017

“Todos los políticos y partidos han trabajado a favor del autonomismo, pero muy pocos en pro de la unidad”

“Es una deriva tan grave hacia lo autonómico, hacia el nacionalismo y al final hacia la independencia, que esto no cabe dentro de un Estado de derecho”
El experto en Derecho Constitucional, Agustín Sánchez de Vega. Foto: Alberto Martín

Hace 39 años, los españoles ratificaron en referéndum la Constitución, aprobada días antes -el 31 de octubre de 1978- por el Congreso y el Senado. Casi 40 años después, se plantea su posible reforma pero, hasta el momento, sólo se han modificado dos artículos. En el año 1992, el artículo 13.2, consistió en añadir la expresión “y pasivo” referida al ejercicio del derecho de sufragio de los extranjeros en elecciones municipales y en el año 2011, la segunda reforma de la Carta Magna, y última, en el artículo 135, para garantizar la estabilidad presupuestaria. 

Este 6 de diciembre, en el aniversario de la Carta Magna, Agustín Sánchez de Vega, profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Salamanca, afirma tajante que, además de un marco, la Constitución “es un límite”, asegurando que es “fundamental” reconstruir los elementos de unidad.

La Constitución española está de aniversario. ¿Cómo está con 39 años?

Tiene muy buena salud. Es una Constitución plenamente homologable al resto de constituciones occidentales, a las de los países que nos rodean. Otra cosa es que, vista la experiencia acumulada de estos 39 años haya que retocar ciertas partes que quizá no han funcionado del todo bien.

“El problema de Cataluña no es de hace ocho años, es de hace más de 30, con cada vez más cesiones de competencias hasta que han dicho, nos vamos”

Ahora, desde algunos sectores se plantea una reforma. Hay quien puede pensar que se modificará para calmar a determinados partidos y comunidades que reclaman más competencias.

Eso no está todavía encima de la mesa. Evidentemente, desde el punto de vista de los profesionales del Derecho Constitucional, pensamos que hay aspectos, sobre todo de la estructura autonómica del Estado que hay que recomponer. Hay cuestiones que reconstruir en torno a la unidad, muchas, y aclarar, sobre todo, competencias que son exclusivas del Estado. Y otras que pueden ser objeto de competencias autonómicas. Esto lo ha intentado hacer el Tribunal Constitucional a golpe de sentencia y quizá es el momento, conocida esa jurisprudencia, de aclarar en la Constitución cuáles son las competencias exclusivas del Estado y, por lo tanto, intocables para las comunidades autónomas y otras que pueden transferirse. Es el momento, independientemente de que unos partidos digan una cosa y otros otra, porque a partir de ahí entra la política.  En estados federales como Estados Unidos o Alemania hay elementos de unión que son intocables y eso es lo que ha faltado en España a lo largo de 39 años. Todos los políticos y todos los partidos han trabajado en pro del autonomismo, pero muy pocos han trabajado en pro de la unidad. El problema de Cataluña no es de hace ocho años, es de hace más de 30, con cada vez más cesiones de competencias hasta que han dicho, nos vamos. Y no. Hay puntos clave que son infranqueables. Por eso la Constitución además de un marco, es un límite. Eso lo tienen muy asumido los estados federales y España no. Es un problema serio, porque es lo que hay que reconstruir, los elementos de unidad. Es fundamental reconstruirlos.

  “En estados federales hay elementos de unión intocables y eso es lo que ha faltado en España”

¿Hacia dónde va la reforma?

Ese es el problema. Cuando se dice hay que reformar, ¿hacia dónde vamos? Antes de iniciar un proceso de reforma de la Constitución tiene que estar prácticamente acordado el texto nuevo. Ahí es donde está el debate político porque para la reforma se necesitan mayorías amplias y después el referéndum de los ciudadanos. 

¿Ve factible una reforma a medio plazo?

La fase inicial es la de hablar de la reforma, los dos grandes partidos -PP y PSOE-, Ciudadanos y Podemos. Habrá puntos en los que haya un acuerdo, como puede ser el Senado, que previsto como estaba en la Constitución de 1978 no ha dado mucho de sí, por ejemplo. Los profesionales del Derecho Constitucional desde el primer día de vigencia de la Constitución prácticamente todos dijimos que la Cámara Alta no iba a responder a las expectativas previstas para un Estado autonómico, que funciona como federal. Porque, en realidad, España funciona como un Estado federal y, en algunos aspectos, mucho más que un Estado federal. Si se tienen en cuentan las competencias y, por tanto la libertad autonómica y el poder político de las comunidades, estamos muy por delante en algunos aspectos que cualquier Estado federal. Es indiscutible. ¿Queremos reforma? Vamos a dialogar, porque es la única manera de alcanzar puntos de encuentro.

  “¿Queremos reforma? Vamos a dialogar, es la única manera de alcanzar puntos de encuentro”

¿Ese diálogo entre los partidos desembocará en un acuerdo de reforma?

Desde el punto de vista estrictamente político, hay líneas bastante separadas entre unos y otros, con el bloque de centro-derecha con un planteamiento bastante diferente al del PSOE. Ahí hay que lograr puntos de acuerdo. Desde el punto de vista de los profesionales del Derecho Constitucional, podemos hablar de una serie de disfunciones técnicas que se han producido a lo largo de estos 39 años.  Desde el plano técnico, hay mecanismos de funcionamiento de un Estado descentralizado, autonómico, federal, que son imprescindibles para que siga habiendo elementos de unidad; eso se ha perdido en el modo de operar de los partidos políticos, por eso ha habido que aplicar el artículo 155. Es una deriva tan grave hacia lo autonómico, hacia el nacionalismo y al final hacia la independencia que esto no cabe dentro de un Estado de derecho.

¿Tendremos los españoles otros 39 años de tranquilidad?

Ojalá. Pero va a ser complicado.