Viernes, 15 de diciembre de 2017

“Hay que saber hablar con todo tipo de gente, pero sobre todo, saber escuchar”

“A mí me gusta García Márquez y me gusta este discurso de mi novela que se puede leer desde los 18 a los 80 años, con una voz muy fluida, oyendo a los personajes hablar”

Juan María de Comerón, autor del libro ‘El sentido de la vida’ / FOTOS: CARMEN BORREGO

Determinación, empuje… y una capacidad de convicción tan exquisita como tenaz. Nadie defiende su trabajo y su pasión con más seguridad. Porque este libro no es solo una historia de superación personal en la actual Salamanca universitaria, es un jirón de vida de su autor y toda una declaración de amor por la ciudad y por el latido de sus gentes. Sólida certeza, la Salamantica docet convertida en protagonista de la novela El sentido de la vida.

Ch. A.: Salamanca siempre ha sido una ciudad muy literaria y cinematográfica, pero quizás en la actualidad no lo sea tanto ¿Por qué la has considerado un personaje más de la historia?

Juan María de Comerón: Salamanca es protagonista de la historia, es un personaje más. Desde el primer momento hablo de ella, describo sus monumentos, sus calles, sus lugares más emblemáticos, hablo de su historia y de su importancia cultural. Respecto a que en la actualidad no lo sea tanto, creo que tienes razón, y la idea que he tenido desde el primer momento es difundir la imagen de Salamanca lo más lejos posible, para que vuelva a ser un atractivo literario y cinematográfico.

Ch. A.: ¿Cómo concibes la difusión de tu novela? Porque en la actualidad defender el proyecto es casi un trabajo más intenso que escribirlo.

J.M. de C.: Lo sé, sé que un cincuenta por ciento del trabajo es la promoción y la publicidad. Yo cuando escribí esta novela no tenía ni idea de cómo funcionaba el mercado editorial y he ido aprendiéndolo todo sobre la marcha. Por suerte soy el relaciones públicas de mi empresa y sé lo que es defender un proyecto. Y tengo muy claro el valor de lo digital, el de las redes sociales, porque sirven para difundir la novela. No me puedo quejar, hice la primera presentación en mi pueblo, el Lumbrales de Basilio Martín Patino y enseguida se vendieron todos los ejemplares que había en la librería.

Ch. A.: Hay que ser un gran comunicador para defender una idea.

J.M. de Comerón: Yo soy sociable por naturaleza, y eso me viene de mi padre, mi padre lo era. Hay que saber hablar con todo tipo de gente, pero sobre todo, saber escuchar.

Ch. A.: Por tu entorno familiar no necesitabas ganarte la vida, pero lo llevas haciendo desde muy joven, trabajando esa noche de Salamanca que, me vas a perdonar, creo que describes demasiado amablemente, aunque el recorrido sentimental que haces por los locales emblemáticos de la ciudad es muy atractiva para el que ha vivido Salamanca.

J.M. de Comerón: He trabajado desde muy joven la noche de Salamanca y sí, me gustó hacerlo aunque los dos últimos años me sobraron un poco. No sé si doy una imagen amable de la noche de Salamanca, yo empecé a trabajar en ella con dieciséis años y disfruté mucho de hacer nuevas amistades, de ganar dinero, hasta de ser el centro de atención de las chicas… trabajé mucho, me lo pasé muy bien y me gustó el mundo de la noche, aunque con treinta años ya no tienes la misma gana y debes cambiar tus objetivos. Yo, por ejemplo, monté una empresa y ahora somos cinco familias las que vivimos de ella.

Carmen Borrego: Es increíble lo claro que lo tienes todo desde el principio.

J.M. de Comerón: ¡Quizás es que soy demasiado positivo! Todos somos la educación que nos han dado y a mí me enseñaron a valorar todo lo bueno. Esa seguridad, Carmen, puede venir de haber empezado muy pronto a trabajar, desde los 13, los 14 años, formalmente a los 16. Puede que venga de haberme ido a vivir solo con 22 años a aprender a valorar mi tiempo y mi dinero. Yo estudiaba y trabajaba a la vez, y ahora que acabo de tener a mi hijo sigo viendo el camino muy claro. Yo todos los días disfruto de mi trabajo, de mi familia, de este libro. Reconozco que siempre he intentado buscarme la vida porque no quería que nadie me la resolviera. Soy una persona que creo que todo se puede conseguir y eso es lo que he intentado mostrar en este libro.

Ch. A.: ¿Y lo has conseguido?

J.M. de Comerón: ¡Creo que algo sí! Lo primero que me dice la gente es que valora mucho más la vida después de leer esta novela. Intento mostrar a un personaje que está hundido psicológicamente y que puede salir, porque estoy convencido de que se puede salir de todo.  Y no solo mi protagonista está en crisis, otro de mis personajes vive en un trauma, entre la espada y la pared y lo hice para animar a la gente a atreverse a dar el paso y salir de ello.

Ch. A.: La novela tiene un espíritu muy adolescente, de novela de formación y quizás también una buena carga de “coaching emocional” ¿Estás de acuerdo?

J. M. de C.: Efectivamente, la novela tiene esos elementos, se trata de adolescentes que justo vienen aquí a comenzar ese periodo de cambio, de empezar a ser adultos de repente, asumiendo unas responsabilidades que antes no tenían. La mayoría de los estudiantes vienen de fuera, y se encuentran solos por primera vez, conviviendo con otras personas, teniendo que hacer las labores de la casa, y buscándose la vida para todo. Igualmente, hay mucho “coaching emocional”, representado sobre todo en Amaya, la protagonista.

Ch. A.: ¿Cómo te decidiste por un personaje femenino? ¿Crees que le aporta una mayor introspección a la historia? Y por cierto ¿Escribías diarios en la adolescencia?

J. M. de Comerón: Decidirme por un personaje femenino fue algo que tuve claro desde el primer momento en que empecé a pensar en esta historia. Como personas reales y como personajes, las mujeres sois mucho más interesantes que los hombres, dais mucho más de sí, tenéis mucho más que aportar. Creo que en general, sois más listas, más sensibles, más emocionales, con una mente mucho más compleja que a un escritor le permite estirar mucho más el personaje. Como regla general, repito, porque también hay muchos hombres con esas cualidades. Y con respecto a los diarios, yo cuando era pequeño los escribía, y además, todavía los conservo.

Ch. A.: ¡Yo no estoy de acuerdo con esa visión tuya de que las mujeres somos más listas, sensibles, complejas…! Y tú no deberías decir eso porque tu cuidado a la hora de hablar de la ropa de los personajes es muy especial, muy detallista ¡Cosa que también se atribuía a los hombres!

J.M. de Comerón: Fíjate que algunos lectores me han dicho que debía haberle dado más protagonismo a la ropa que se ponen los personajes. Las diferencias entre hombres y mujeres la verdad es que ahora son cada vez menores. Yo paso mucho tiempo con mujeres, mi madre, mis hermanas, mi novia, mi socia… y he sido siempre de muchas, muchas amigas. Quizás ahora lo que llamamos masculino y femenino esté más mezclado, pero sí puedo asegurar que siempre he entendido mucho a las mujeres. Y que son mujeres muchas de mis lectoras.

Ch. A.: Narras la historia de unos personajes que llegan a Salamanca para estudiar una carrera en septiembre y que acaban en junio muy cambiados. Lo haces con una enorme fluidez, un estilo realista que roza el costumbrismo. ¿Crees que los lectores buscan una prosa más accesible para engancharse a la novela? Porque ya sabemos que se lee poco y se escribe mucho…

J.M. de Comerón: Se publica mucho, es cierto, pero la gente lee aquello que desea leer, lo que necesita. Hay literatura de todo tipo y cada uno tiene una línea que seguir… a mí me gusta García Márquez y me gusta este discurso de mi novela que se puede leer desde los 18 a los 80 años, con una voz muy fluida, oyendo a los personajes hablar.

Ch. A.: Dialogas muy bien, no hay nada mejor que estar escuchando a la gente detrás de la barra de un bar ¿Cuál es tu personaje favorito?

J. M. de Comerón: Cierto, poner copas es toda una escuela de vida, y empezar a trabajar tan pronto, vivir en un piso de estudiantes, arreglártelas solo, también lo es. Mi personaje favorito es Amaya, estoy enamorado de esta mujer, tiene un poco de todo, ha sufrido y tiene una gran madurez. Luego está Carlota, la amiga que todos queremos tener.

Ch. A.: Quizás para mí muestras la historia de tus personajes de una forma excesivamente optimista, idealizando la vida universitaria…

J.M. de Comerón: Es que los años de estudiante son así, los mejores de la vida. Yo los viví así, el piso que describo era el mío, las fiestas, las salidas nocturnas, los agobios en los exámenes, las amistades, los romances. Narro un curso académico tal y como lo viví. Yo creo que ya hay bastante drama en la vida y quiero que la gente disfrute leyendo este relato de la vida universitaria tan increíble que tenemos en Salamanca.

Ch. A.: Por desgracia esta Universidad nuestra de tanto prestigio tiene muchas carencias actualmente…

J.A. de Comerón: Por eso insisto en describir esa vida universitaria tan especial. Me enfada mucho que esta institución no tenga el peso que merece, que no se celebre el VIII Centenario por todo lo alto. La Universidad debe reivindicar la importancia capital que tiene desde su fundación.

Ch. A.: ¿Crees que la vida de la ciudad está un poco de espaldas a Universidad?

J. M. de Comerón: Creo que en Salamanca se respira Universidad en cualquier esquina. La mayoría de los salmantinos vivimos directa o indirectamente de los estudiantes. Son 40.000 cada año, alquilando pisos, comprando en supermercados, saliendo de fiesta y siendo parte fundamental de alegría en cada calle. Salamanca es Universidad, y sin ella no sería lo mismo.

Ch. A.: ¿Y crees que los estudiantes viven la ciudad, viven la cultura de la ciudad?

J. M. de Comerón: Creo que sí, los estudiantes saben valorar el museo que es Salamanca, y viven la cultura de la ciudad. Salamanca es una ciudad con una oferta cultural muy buena, siempre hay actuaciones, conciertos, exposiciones y eventos de todo tipo, y yo siempre veo en todo, estudiantes.

Ch. A.: Has escrito la novela de los estudiantes, de la vida estudiantil aquella de Quod natura non dat, Salamantica non praestat. ¿Crees que debes seguir escribiendo sobre este ambiente universitario, salmantino, describiendo el paisaje de la ciudad, sus calles, sus curiosidades…?

J.M. de Comerón: Hay gente que quiere que escriba la segunda parte, quiere saber qué pasa con los personajes. Yo llevo muchos años con esta historia en mi interior, esperando el momento para contarla con tiempo, con cuidado, para que la gente disfrute leyéndola. Podría escribir mucho más sobre esos años porque lo recuerdo todo de mi etapa universitaria y lo tengo registrado en diarios… pero ahora mi energía está en la difusión de esta novela, en defender mi visión de Salamanca.

Ch. A.: Una visión enamorada de sus calles, su historia, su gente… su Universidad.

J.M. de Comerón: Cierto, estoy enamorado de esta ciudad en la que he vivido, estudiado, en la que vivo y quiero vivir. Mostrarla, disfrutarla, descubrírsela al lector es otro objetivo de la historia universitaria de Amaya.

Ch. A. Has salido con esta novela por la puerta grande presentándola en uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad… El Casino de Salamanca.

J. M. de Comerón: Sí, y le estoy muy agradecido a quienes lo han hecho posible. Desde su fundación en 1858 ha sido un Club Social y Cultural por donde han pasado los nombres más importantes de Salamanca. No hay mejor lugar para presentar un libro que el Palacio de Figueroa, es como la Salamanca que me enamora, un lugar hermoso, lleno de historia, lleno de cultura.

Sonríe, sonríe siempre Juanma de Comerón. Vuelan sus manos enfatizando las palabras. En esta tarde de viernes, apresurada y lluviosa, uno puede adivinar en este hombre guapo al muchacho que, en las clases del Instituto, escribía esta historia, la historia que anidó en sus años de universidad y que dejó reposar mientras los vivía intensamente. Una historia de amor, amistad y superación. Es posible que tenga ya la madurez con la que enfrentar el sentido de la vida y hacerlo con esa seguridad que fascina al lector y al interlocutor. Vuelan sus manos, vuelan las páginas. Y afuera, la Salamanca que tantos estudiantes ha visto pasar y a la que tanto han descrito, se deja querer bajo una lluvia mansa. Hojas de otoño, de apuntes y de novela.