Domingo, 17 de diciembre de 2017

El Huebra en Yecla, con problemas

En el verano de 2016 se producñía una alta mortadad de peces por la escasez de oxigeno en el agua / CORRAL

Yecla de Yeltes, que es un pueblo salmantino con algunas características que lo hacen especial y distinto, se distingue también porque cuenta en su término municipal con dos ríos de cierta entidad fluvial, el Yeltes y el Huebra, aunque la Diputación resucitó hace unos años y sin saber por qué unas viejas diferencias sobre la adjudicación de estos dos nombres.

Por razones lógicas el pueblo estuvo más cerca del Huebra que del Yeltes, pues mientras que aquél atraviesa medio término municipal, éste, el Yeltes, rodea el término sirviendo de frontera a lo largo de bastantes kilómetros. Los dos ríos son, en el tramo que corresponde a Yecla, de muy difícil acceso por lo escarpado y rocoso de sus riberas y eso provoca el escaso aprovechamiento que pueden hacer del agua de los dos ríos ganaderos y agricultores.

Ésa es la causa de que cada río tenga en el término de Yecla muy pocos vados o accesos posibles, para personas y animales; el resto de las orillas son inaccesibles y es complicada la comunicación entre las zonas separadas por los dos ríos, de forma que hay que hacer rodeos de varios kilómetros para alcanzar la orilla y las tierras o fincas que están ahí, enfrente y a pocos metros. No es poca dificultad para un aprovechamiento fácil del terreno.

Por esa geografía el Huebra tiene en Yecla sólo dos vados, el “vao de arriba” y el “vao de abajo”, por los que pueden pasar, no sin cierta dificultad cuando había crecidas, personas y animales y con más dificultades los carros que sólo podían hacerlo por uno de ellos. Y hay un solo puente, el “puente un ojo”, airoso, estrecho y atrevido, por el que tienen que pasar coches y carros; hay otros dos puentes, el de “Juantán” y el de “Siete ojos” en el Yeltes pero sirviendo ya para pasar a los términos de Villavieja y Bogajo, no para comunicar tierras o zonas de Yecla.

Por esta dificultad para cruzar los ríos, especialmente el Huebra que divide en dos el término municipal, se hicieron pontoneras que permitían, no sin algún riesgo sobre todo si había crecidas, pasar a pie a la otra orilla. En el Huebra se conservan en regular estado dos que han servido hasta hace poco a los habitantes del pueblo y buena parte de los que ya somos mayores conservamos anécdotas de los “accidentes” sufridos al pasar a saltos sobre los pontones, que formaban una fila de muchos metros, pues la pontonera se hace donde las personas y animales pueden llegar hasta la orilla y eso sólo era posible donde el cauce se ensanchaba y permitía acercarse a la orilla sin peligro de despeñarse.

En estos lugares de cierto acceso se construían los molinos a los que así se podía llegar pero sólo cargando sobre animales el grano que se iba a moler, sin posibilidad de que se acercaran los carruajes. Para la función y funcionamiento de estos molinos se construyeron presas, “pesqueras”, para retener el agua y que así, al abrir las compuertas, su fuerza de corriente pudiera mover las ruedas del molino. En el Huebra hay tres pesqueras importantes que además de esa función mecánica para moler servían para formar remanso de corriente, “caozos”, donde el agua se concentraba y se conservaba, aunque el río dejase de correr en los meses de verano, de forma que mantenían la vida y los usos del río.

Pero la molturación se acabó haciendo en fábricas de energía eléctrica y los molinos dejaron de funcionar; al perder los molinos el uso normal, sus construcciones, a veces de gran belleza y originalidad, fueron abandonados; de hecho en Yecla son más de una docena entre los dos ríos y el Arroyo Grande. A la vez, lógicamente se descuidaron las presas que ya no se consolidaron ni se repararon cada verano y han acabado semidestruidas y casi desaparecidas, con situaciones ahora diferentes pero en estado de abandono y descuido. Y con ellas desaparecieron los “caozos” y todos los efectos beneficiosos que suponían para el río, para animales y personas. Y ahí está todo, abandonado, con lamentos de los vecinos, lástimas de los forasteros y la falta de compromiso de las autoridades correspondientes. El ayuntamiento aduce que no hay dinero para eso, la Diputación que el río es de la Confederación y la Confederación Huidrográfica del Duero ni hace ni deja hacer. Parece ese perro del hortelano que nunca falta.
 

Ahora desde hace unos pocos años ha surgido una situación casi estrambótica y que los habitantes de Yecla no acabamos de entender. Se trata de una presa, sencilla pero eficaz en un cauce tan cerrado como es el del Huebra, que se construyó para poder aprovechar el agua llevándola a pueblos vecinos. Pero después de unos años se trajo agua, mejor y más abundante, desde Almendra y la presa quedó sin utilidad para ese uso,  pero mantuvo su utilidad porque formaba un “caozo” grande y hermoso de cientos de metros sobre el que se hizo un mal puente bajo, pero suficiente para que durante años los ganaderos hayan podido coger agua para el ganado con sus tractores y remolques.

Pero la Confederación, por lo que sea y según sus intereses, decidió abandonar la presa y cerrarla; el ayuntamiento no ha sabido o no ha podido gestionar una solución y de hecho, después de no pocos alborotos, la presa ha sido inutilizada abriendo sus compuertas y soldándolas así para siempre. Se acabó el enorme remanso del agua, sólo queda el barro a la vista y por los siglos de los siglos. Que peces y nutrias, galápagos y ranas y vacas y personas se arreglen como puedan. Y que descansen en paz. Amén. Desapareciendo, claro. Creo recordar que Paco Cañamero lo calificaba de atentado ecológico. Sin duda.

Esto puede parecer una historia puramente “local”, pero desgraciadamente es una cadena de hechos que con perfiles ligeramente diferentes se dan en muchos espacios de nuestra provincia y de nuestra ciudad, en una mezcla de indiferencia ciudadana, ineficacia municipal y distante desinterés de las autoridades provinciales. Porque el pueblo debió levantarse a una misma voz contra todo esto, porque el ayuntamiento no afrontó la defensa de lo que estaba obligado a defender haciendo las gestiones e inversiones necesarias, porque la Diputación ni asesoró ni se personó y porque la Confederación hizo lo que le interesó, se puso de perfil y se fue. Ahí os queda eso. Y efectivamente ahí queda y queda de forma que da grima y debiera dar vergüenza a quien o a quienes corresponda.

Hay cosas y valores para los que mañana será tarde.