Domingo, 17 de diciembre de 2017

Asunto: Me preguntaba qué era para ti el correo electrónico.

Apreciado lector:

¿Qué tal el día de hoy? ¿Hace mucho frío? Por aquí, las temperaturas han comenzado a bajar. No se puede salir a la calle sin un buen abrigo. Las personas llevan gorros y bufandas. El ambiente general tiene su encanto. Las hojas del otoño ofrecen escenas de película.

   Si Ud. tiene ante sí mi (pongamos un suministro de imaginación) correo electrónico es porque está ante la pantalla de un ordenador o de cualquier dispositivo portátil. Resulta claro que así es, pero como bien puede Ud. intuir, lo menciono porque para el caso de este mensaje no resulta carente de sentido resaltarlo. Asimismo, si Ud. está a un recurso digital, casi sin margen de error se puede asegurar que tiene una cuenta activa en al menos una red social. Facebook, Twitter, Instagram, WeChat, etc. El ecosistema derivado de nuestras prácticas tecnológicas encuentra cimientos sólidos en tales plataformas de interacción humana. ¿Es cierto? ¿Tiene una cuenta en redes? Sí, WhatsApp también vale.

   Lector, amigo, me permito escribirte de tú y no de usted porque nos conocemos tiempo atrás y más o menos hemos tenido un trato frecuente, aunque se limite a los fines de semana. Cada sábado nos encontramos de manera puntual. Por eso hoy quisiera preguntarte qué es para ti un correo electrónico. ¿Algo demodé? ¿Un medio de comunicación que ya no se usa? ¿Un recurso por el que se comunican personas mayores que no saben usar Facebook, ni Twitter? ¿Tú escribes correos electrónicos? O lo que tiene más importancia en este caso, ¿tú respondes correos electrónicos? ¿Abres ese correo que tenías hace años? Probablemente, para gestionar asuntos profesionales lo mantienes activo, pero solo para eso. Y para ver, claro, esos mensajes de personas anticuadas.

   Los usos y costumbres varían con el tiempo y el espacio. La esfera analógica y digital donde nos movemos se adapta al capricho de la tecnología y al de las pocas personas que deciden cómo nos comunicaremos, qué nos diremos, para qué lo haremos, cuáles serán nuestros éxitos y fracasos en la sociedad, etc. El medio es el mensaje (Marshall McLuhan). Pero en un sentido inverso, el mensaje está condicionado por el medio. En menor o mayor medida, las redes sociales nos configuran y esa configuración se refleja en nuestra manera de comunicarnos. Tenemos rostros alegres. Siempre sonreímos. Nos mostramos ingeniosos con memes y miramos rápidamente a cuántas personas le han gustado, cuántos seguidores tenemos: nos encantan los números; las cifras y el pan alimentan nuestro espíritu.

   Pues bien, qué lugar dentro de ese campo tiene el correo electrónico. Ahí no cabe ni un alfiler más. Todo es redondo, cuadrado y perfecto. Comunicaciones breves, ligeras. Nada de mensajes como este que ha sobrepasado por 2193 los 280 caracteres permitidos en otra parte. Es más, nada de elaboraciones de cortesía como un Estimado lector, pues no nos encontramos ante un generoso espacio en blanco donde reflejaremos lo que queremos decir. El código del correo, cifrado aunque sea por un mínimo saludo que ponga de relieve la dignidad humana antes de soltar un rollo, está pasado de moda. Hoy no hace falta nada de eso. Es más, no hay tiempo para eso.

   En definitiva, ¿qué es un correo electrónico? ¿Tú respondes correos electrónicos? ¿Será la necesidad de una elaboración formal el impedimento para sentarse a redactar uno? ¿Acaso el obstáculo será que no sabemos escribir? Cuando vemos un mensaje más o menos bien redactado, o cuando vemos uno escrito perfectamente, ¿puede más con nosotros la comodidad de dejarlo a un lado que el sentido de corresponder a esa persona que se ha volcado en las palabras? Tú, apreciado lector, en virtud de nuestro trato cordial, seguramente sí me enviarás un correo de respuesta.

Que tengas un excelente día.

Juan Ángel

P. D. Adjunto una foto. No es nada especial, pero pensé que podía gustarte. Ayer caminé por ahí para volver a casa.

 

Suzhou, China,
2017.12.02

Juan Ángel Torres Rechy
torres_rechy@hotmail.com