Domingo, 17 de diciembre de 2017

"Los ojos del tigre” (Homenaje a J.A. Pérez Millán)

Sus ojos –de tigre– siempre estuvieron avispados y avezados para analizar atinadamente fotogramas, secuencias fílmicas, spots televisivos, discursos narrativos o anarrativos cinematográficos... 

  Juan Antonio Pérez Millán, el Tigre –este era el alias que de pequeño le asignó su madre y cariñosamente le llamábamos sus familiares y amigos– falleció el pasado 25 mayo. Y hace una semana se le ha realizado un homenaje póstumo, organizado por el Ayuntamiento y Diputación salmantinas, Universidad, Filmoteca de C y L,  Junta de C y L, familiares, amigos y cinéfilos. 
Dijo de sí mismo: “Tengo una parte tigre, roja a la antigua usanza, agnóstica por convicción y disconforme con la realidad que vivimos, que ruge a veces de impotencia”.
Sus ojos –de tigre– siempre estuvieron avispados y avezados para analizar atinadamente fotogramas, secuencias fílmicas, spots televisivos, discursos narrativos o anarrativos cinematográficos... Para muchos aficionados y expertos en cine,  fue un gran analista –unos dirían que demasiado freudiano y no tanto lacaniano o semiótico postmoderno. Pero su magisterio en lo audiovisual ha sido indiscutible y profesionalmente valioso en publicaciones de categoría. 
“Los ojos del tigre” es un proyecto de Escuela de Cine de Salamanca. La gran referencia de esta idea está en la puesta en marcha de una escuela  municipal de cine, infantil y juvenil, que él creó, a la vez que dirigía la Casa Municipal de Cultura (1980).
 Para Jesús Málaga, exalcalde de Salamanca y amigo, muy amigo de Juan Antonio, “El Tigre era un hombre creativo, inteligente y fiel. Se dedicaba en cuerpo y alma a las cosas en las que creía y daba todo lo que tenía/sabía, que era mucho, por hacer realidad la utopía en la que creía”.  Pero su gran faceta no era tanto la gestión pública (Filmoteca  Nacional y Regional de C y L, y otros cargos políticos y administrativos de alto nivel). Su gran ilusión y hobby era la docencia con jóvenes, chicos y mayores sobre temas audiovisuales.
Fue un sencillo profesor asociado de Audiovisuales en la USAL durante más de 20 años -nunca quiso más laureles académicos. Tan humilde como aquel profesor adjunto del film “Solo ante el streaking” (1975), con Alfredo Landa de actor, que expresaba “qué os voy a decir yo que solo soy un simple penene, que ni cátedra tengo”. Pero el Tigre sí que era un excelente catedrático de la Imagen, un minucioso crítico y escritor cinematográfico, que desarrollaba un trabajo riguroso y constante sobre la materia audiovisual.
Lo conocí por los años 70, siempre unido al cine, al Cine Forum Fecum. Su imagen delante de la pantalla gigante de los “Kostkas” de la calle Serranos, analizando contenidos de escenas, movimientos y angulaciones de cámara, no se me olvidará nunca. Algunas películas con las que disfruté también oyendo sus comentarios: “El cuchillo en el agua” (Polansky), “La soledad del corredor de fondo” (Tony Richardson), “Blow-Up” (Deseo de una mañana de verano, de Antonioni), y no nos olvidamos del film checo “Trenes rigurosamente vigilados”, de Jiří Menzel.
Pocos años después, nuestra relación fue más profesional, siempre en torno a lo audiovisual, tanto por mi trabajo en Medios Audiovisuales  de la Diputación como él en la escuela municipal de cine infantil y juvenil. También colaboramos en su época de Director en la Filmoteca Nacional. Y al fin, como compañeros en la facultad de Bellas Artes, y la Filmoteca Regional de C y L. Teníamos alumnos comunes y estaban encandilados con él. Y profesores, y gente no universitaria que pedían asistir a sus clases . 

 Juan Antonio me repetía bastantes veces en la facultad de Bellas Artes, en los descansos entre clase y clase, “Cualquier film de entonces –cinefórum Fecum– era analizado hasta la saciedad. No es cuestión de condenar al Cine de antes frente al Audiovisual de ahora, y tampoco al revés. Hay que tener una actitud crítica con los mensajes recibidos a través de las diversas pantallas. Da lo mismo ver películas en las salas de cine, en los pubs, en casa con el “Home Cinema y el sistema Surround, que en otro medios tecnológicos, iPAD o plataformas televisivas. El caso es que los espectadores vean cine y publicidad (también es negocio además de cultura), y luego puedan crear mecanismos para que ser autónomos pensadores”.
Pérez Millán en su gestión de la Casa Lis promovió en Salamanca el “cine al aire libre, tráete la silla” por los barrios de la ciudad. Yo le hablé de que esto tenía una tradición y arraigo importante en la ciudad y en la provincia. Y le transmití que ese proyecto constituía un aliciente de cultura popular, cercano al ciudadano. 
Le recordé que allá por los años cincuenta y tantos mi padre, el señor Lozano, un hombretón alto de gran parecido a Tyrone Power, proyectaba películas en las fiestas y ferias por los barrios, en las escuelas y en muchos municipios de la provincia. Recuerdo, en aquellos años, a todos los vecinos llevando sus sillas y asistiendo mágicamente a ese sueño proyectado sobre las sábanas blancas de los muros del convento de las monjas Esclavas en la Vera Cruz. Después, volvía a casa a medianoche ya, semidormido, a hombros de algún familiar, y veía las sombras de los vecinos que me rodeaban y me miraban como en el “Ojo de Cristal”. 
  Aún era la época cuando recorrían los municipios de la provincia, mi padre Angel, con Mansilla, Fuentes, Joaquín e Isidro, llevando con el proyector portátil la alegría a la gente. Pero por imperativo de la censura de entonces tenían que cortar las escenas de besos, los pesados paseos románticos o ponían la mano delante del celuloide, lo que provocaba la protesta colectiva. 
Y más tarde, nosotros desde los Consejos de Cultura de la Diputación de Salamanca, entre 1985 y 1994, con la Navineta y los circuitos culturales llevamos el cine a los pueblos proyectado en las soledades nocturnas de las paredes de los pueblos… como  en “El espíritu de la Colmena” de Víctor Erice.
 El alcalde de Salamanca, Fernández Mañueco, ha prometido una beca –que llevara su nombre– para investigación audiovisual (foto/cine).
Me uno, también, al deseo de exdirector de la SEMINCI de Valladolid, Fernando Lara, y de otros tantos, a que el salón de actos de la Filmoteca Regional de C y L, o el mismo centro, lleve su nombre “El Tigre, Juan Antonio Pérez Millán”.
Y que el proyecto de la Escuela de Cine en Salamanca “Los ojos del tigre”, prospere y se convierta en realidad en breve tiempo.