Domingo, 17 de diciembre de 2017

Nadie puede desaparecer. Día Internacional de la lucha contra el sida

NADIE es una campaña que une a organizaciones de la sociedad civil y expertos de América Latina, el Caribe y del resto del mundo para detener el abandono que las poblaciones más vulnerables al VIH sufren por parte de sus gobiernos y de los donantes internacionales[i]. Así reza el primer párrafo de la campaña NADIE, que tiene como objetivo informar a la opinión pública y situar en el debate político una cuestión tan importante para millones de personas que ven violado su derecho a la salud.

Los seres humanos hemos tenido que enfrentar a lo lago de la Historia numerosas epidemias: lepra, cólera, viruela, sarampión, gripe, tuberculosis, etc. y, tal vez, hasta hace algunas décadas, la peste - “la peste negra” - haya sido la más grave, tanto por su extensión geográfica, como su gigantesco impacto social.

Todas las epidemias hasta que su origen, modo de transmisión y tratamiento fueron conocidos, se vincularon con lo sobrenatural, lo mágico, la fatalidad, el destino, la venganza o el castigo divino; e inicialmente, por tanto, los procedimientos de curación se basaron en sortilegios, brujerías, exorcismos, adivinación, pociones, purgas, sangrías, ritos de limpieza espiritual, etc. Porque la idea dominante era que la enfermedad física estaba íntimamente relacionada, cuando no causada, por un mal del espíritu. Hoy continúan vigentes ciertas creencias, que podríamos creer ya superadas, pero la ignorancia o la falta de rigor informativo tienden a activan uno de los sentimientos más poderosos en los seres humanos: el miedo

El VIH/Sida ha pasado de ser un “nuevo descubrimiento médico” de principios de los años 80 a constituir una crisis humanitaria mundial, lamentablemente muy olvidada. Desde que se identificaron los primeros casos de infección por VIH más de 78 millones de personas han contraído el virus y 35 millones han muerto por enfermedades relacionadas con él. Hoy casi 37 millones viven con la enfermedad y de todos ellos sólo algo más de la mitad tiene acceso a los medicamentos necesarios. El pasado año, 1 millón de personas falleció por sida y el virus sigue expandiéndose a razón de cerca de 5.000 nuevos casos cada día[ii] ¡208 casos a la hora!

Desde sus orígenes, el VIH ha estado rodeado de un oscuro y sórdido velo, siendo objeto de manipulaciones interesadas y de temerosos silencios que favorecieron - continúan haciéndolo - la existencia de mitos y falsas creencias muy peligrosas porque estimulan y alimentan el rechazo y la estigmatización de los afectados. Inmersos en el siglo XXI, debemos reconocer que todavía no es lo mismo aceptar públicamente tener un cáncer o ser diabético que reconocer que eres portador de VIH o padecer SIDA ¿por qué?

Muchos son los rostros del VIH/Sida y la muerte no es el más siniestro. La impotencia; la indiferencia; la marginación; la exclusión; la quiebra de la unidad familiar y comunitaria; la frustración y el resentimiento social, gérmenes de toda violencia, son algunos de los rasgos que endurecen las facciones de la enfermedad, sobre todo en situaciones pobreza.

No disponemos aún de una vacuna, pero sabemos que la prevención y el tratamiento funcionan y tenemos los medios para proporcionarlos. Los dirigentes de los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado todos ellos están afectados, y debemos movilizarnos todos para salvar vidas” Afirmaba ya en noviembre de 2004 – ¡hace 13 años! – el Dr. LEE Jong-Wook, Director General de la OMS.

Estamos frente a una pandemia, frente a un problema global. Estamos ante un virus que habita un mundo globalizado y por tanto, luchar contra él exige estrategias y soluciones globales. ¿Hemos avanzado? Rotundamente sí, pero que mucho por hacer.

En una sociedad como la nuestra, los movimientos de población son cada día más frecuentes. Algunos afirman que el siglo XXI será es siglo de las grandes migraciones, yo creo que en todos los siglos se han dado y de hecho estoy convencido de que nuestras sociedades son fruto de ello. Pero debe haber algo de cierto en todo esto porque se percibe en el ambiente una gran inquietud oficial y social por proteger las fronteras. Claro que ya sabemos que el VIH no entiende de estas cuestiones, como tampoco entiende de clases sociales, niveles culturales o preferencias sexuales, además sabemos que no puede combatirse con bombardeos selectivos, ni resulta útil desplegar fuerzas internacionales de ocupación, disculpen, quiero decir de pacificación. No sirven para frenarle los escudos antimisiles ni las extraordinarias medidas de seguridad en edificios públicos o aeropuertos, tampoco es efectivo el endurecimiento de leyes, en la mayoría de los casos de escasa eficacia, que suelen terminan por recortar derechos civiles de algún colectivo. Todo ello nos confirma que las cuestiones relacionadas con el riesgo de la salud debemos acometerlas globalmente.

Kofi Annan, exsecretario general de las Naciones Unidas, precisaba con relación a la globalización que: “Para que la globalización sea positiva, ha de serlo para pobres y ricos por igual. Tiene que aportar el mismo grado de derechos que de riquezas. Tiene que suministrar el mismo grado de justicia y equidad social que de prosperidad económica y de buenas comunicaciones.” Y eso significa que nadie puede quedar atrás, nadie puede desaparecer.