Domingo, 17 de diciembre de 2017

Imagina un lugar

Imagina un lugar como este, pero distinto. Una aldea en la que viven cien personas. Cincuenta hombres, cincuenta mujeres (sí, cincuenta y cincuenta). En la aldea de cien habitantes hay siete ordenadores, de los cuales solo tres tienen acceso a internet, aunque para al menos catorce de los vecinos, no es un problema, ya que no saben leer ni escribir.

Solamente una persona de las cien tiene estudios universitarios. Una. Setenta y siete tienen la suerte de tener un techo sobre el que cobijarse. Las otras treinta y tres, viven a la intemperie, no conocen el miedo a perder su casa. Seis de los miembros de la aldea poseen el setenta por ciento del dinero, mientras que dieciocho tienen que sobrevivir con menos de un dólar al día.

Veintidós ciudadanos tienen sobrepeso, quince sufren desnutrición y uno se está muriendo de inanición en este momento sin que nadie lo impida. Ahora. Quince aldeanos están en la guerra o sufriendo sus consecuencias. Veinticinco personas tienen comida en su frigorífico. Setenta y cinco personas no tienen comida y/o no tienen frigorífico. Y tan sólo ocho, ¡ocho!, tienen dinero en su bolsillo o en una cuenta bancaria.[1]

¿Exagerado? ¿Inexacto? ¿Alarmista? Tal vez. Simplemente imagínalo.

Ampliemos el zoom. Aumentemos la escala. Más, mucho más zoom. Más. Muchísimo más. Ahora. Imagina una aldea dentro de esa aldea. Una aldea minúscula, un pequeño y afortunado oasis dentro del desierto. Un lugar privilegiado, donde la mayoría de la gente, aunque no en su totalidad, sí tiene comida en la nevera y un techo en el que cobijarse. Un lugar como este, pero distinto.

Un lugar donde hay libertad de expresión, pero donde muchos de los medios de comunicación están intervenidos por el gobierno y un rapero es condenado a tres años y medio de cárcel por una canción. Un lugar donde se celebra el fin de la crisis, pero el gasto público en Sanidad y Educación cae al mínimo histórico.

Un lugar donde los jóvenes tienen más oportunidades que nunca para formarse, pero tienen también más dificultades que nunca para conseguir un trabajo de acuerdo con su formación. Un lugar donde hay democracia, pero aún se elogian los símbolos dictatoriales. Un lugar donde hay justicia, pero roban dos veces el ordenador al fiscal Anticorrupción de Murcia, que curiosamente lleva los casos judiciales como el “caso Auditorio”, “Novo Carthago” o “Umbra”.

Un lugar donde hay igualdad, pero las víctimas mortales por violencia machista en los últimos treinta años son el triple que las víctimas mortales por el terrorismo de ETA en los más de cincuenta años de su historia (merece la pena volver a repetir el dato para no olvidar la realidad, para no olvidar, para no olvidar nunca).

Un lugar donde hay igualdad, pero tres mujeres son violadas cada día. Un lugar donde hay igualdad, pero no hay igualdad. Un pequeño y afortunado oasis en el desierto, pero…

Imagínalo. Y después olvídalo o pregúntate por qué, para quién, hasta cuándo.