Domingo, 17 de diciembre de 2017

Pan y carbón

Cuesta abajo todos los santos ayudan, dice el refrán popular, que debe datar de cuando había santos, que ahora también los hay, pero no constan. Sea como fuere, la cuesta abajo de la Vaguada me permite abandonar con poca pena la piedra bella de ver y dura de pisar, camino de la orilla del río a la búsqueda de pisar tierra, esa a la que aspiramos nos sea leve, y respirar de cerca algo de humedad, este año tan esquiva.

De la tierra procede el pan y de la piedra el carbón de ídem. Y de los impuestos que los salmantinos del siglo XIV debían pagar por ambos se financiaba el primer Colegio Universitario de España, el Colegio Menor Viejo de Oviedo, cuya entrada estaba y está en la calle Pan y Carbón, que no es un nombre apropiado para una calle a menos que responda a razones históricas como efectivamente responde.

De la fundación de este primer colegio universitario de Salamanca -y de España- en 1386, aunque venía ideándose desde 1381, no diré nada porque doctores tiene la santa historia que nos sabrán responder y no soy historiador. La “culpa” de que me haya enterado de la existencia de este primer Colegio universitario salmantino –valga la repetición que para eso la he puesto y me parece pertinente, como más adelante se verá- la tienen un artista callejero, para mí anónimo, y un amigo nada anónimo, Fran Jaspe, que me han obligado a ver más allá de las apariencias. El primero, decorando con dignidad la indigna puerta que oculta a los ojos curiosos del paseante las ruinas del Colegio, centrando su atención y poniendo en marcha su deseo de saber qué hay tras el adorno. El segundo, gallego sabio donde los haya, informándole de lo esencial de esa ruina.

Pensar es relacionar y me ha dado por relacionar la ruina del Colegio Menor Viejo de Oviedo con el año 2018, VIII Centenario de la Fundación de la Universidad de Salamanca. Me llama la atención que el primer colegio universitario de Salamanca y España esté en la ruina que está -única y mínimamente dignificada por obra del pintor de la puerta- y que ni sus actuales dueños privados, ni la Universidad, ni institución alguna vayan a hacer nada práctico para preservar esta memoria, aparte de las denuncias que años pasados hizo la Asociación de Amigos del Patrimonio.

Sigo relacionando: en 1218 nuestra Universidad nació. Nació donde nació y no en otra parte. Nació en el Claustro de la Catedral Vieja y en sus edificios anejos, en el seno de una institución, el Cabildo de la Catedral de la diócesis de Salamanca, institución que vive todavía, bien que con mejorable salud…No parece buen presagio de salud para nuestra Universidad el hecho –dos hechos por falta de uno- de olvidar su origen. O el hecho de que el origen que originó la Universidad, o sea, el Cabildo y la diócesis, tampoco se esfuerce mucho por mantener vivos esos ochocientos años de memoria.

Pero, bueno, mientras la torre de la catedral no se caiga y haya artistas que pinten puertas, el origen de la Universidad será el que es y siempre habrá alguien que pueda recordarlo. ¿Seguirán existiendo la torre de la catedral y la puerta pintada del Colegio Menor Viejo de Oviedo cuando nuestros tataratataranietos celebren los mil años de nuestra Universidad? ¿Y la Universidad? ¿Permanecerá viva?